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La Convention vote la mort du Roi Louis XVI (le 17 janvier 1793)

16 enero, 2018
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Compte tenu des absents, la majorité absolue est de 361 sur 721 voix. Le scrutin est relativement serré : le président Vergniaud déclare que la Convention vote pour les fers par 2 voix sur 721, pour le bannissement suivi de détention par 319 voix, pour la mort de Louis XVI par 366 voix, pour la mort avec réserve de commutation et de délais de fixation par 1 voix, pour la mort avec demande de discussion sur l’époque de l’exécution par 23 voix, pour la mort avec expulsion de tous les Bourbons par 8 voix, pour la mort avec sursis jusqu’à la paix par 2 voix. Son cousin Louis Philippe d’Orléans, dit Philippe Égalité, vote aussi la mort.

“Uniquement occupé de mon devoir (…) je vote la mort”.

Il le paiera de sa vie en étant guillotiné la même année.

Robespierre et Saint-Just réclamaient une exécution immédiate, sans procès préalable. L’Assemblée accepte, pour donner un semblant de justice à ce crime, que l’accusé soit assisté de trois avocats: Malesherbes qui favorisa la diffusion de l’Encyclopédie, alors qu’il était responsable des services de la censure, Tronchet dont les cendres seront transférées au Panthéon de Paris le 17 mars 1806, et de Sèze, appartenant à la loge les Neuf-Sœurs, celle de Voltaire.

Le vote se fait nominalement et à haute voix à la tribune, sous la menace de la foule bruyante et menaçante, placée dans les galeries pour intimider les faibles. Le Roi est informé de la sentence seulement le 20 janvier. Le lendemain, il monte à l’échafaud.

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Es publicada en Madrid la primera edición del “primero y no superado modelo de la novela realista moderna” por el “más sano y equilibrado de los ingenios del Renacimiento” (16 de enero de 1605)

15 enero, 2018

“…Tienen razón los que afirman que no hay sentido oculto en el Quijote, que todo es diáfano en el pensamiento y en el estilo de la sabrosa fábula, tejida por la mano de las Gracias, y cuyo peculiar encanto nadie ha definido mejor que su autor mismo:

Yo he dado en Don Quijote pasatiempo
Al pecho melancólico y mohino,
En cualquiera sazón, en boda tiempo.

“Pero, ¿por ventura, con reconocer y afirmar la belleza formal e intrínseca del Quijote y el inefable y sano deleite que su lectura produce en todos los paladares no estragados, se pretende rebajarle a la categoría de las obras frívolas y de mero pasatiempo? Muy al contrario, señores. La belleza es propiedad trascendental, que por su propia virtud y eficacia, y no por ningún género de especulación ajena o sobrepuesta a ella, irradia en todo el cuerpo de la obra y le baña en celestiales resplandores. Su luz disipa las tinieblas de la mente, no por ningún procedimiento discursivo, sino por un acto de intuición soberana, por el acto mismo de la evocación de la forma, que lleva en sus entrañas todo un mundo ideal. Cuando el genio llega a tal cumbre, adivina, columbra y trasciende lo que metódicamente no sabe ni podría demostrar, y parece maestro de todas las ciencias, sin haber cursado ninguna. Y es que el poeta cuenta entonces con la anónima colaboración de un demonio socrático o platónico, cuyo poder es misterioso y tremendo.

“Quiero decir (dejando aparte mitos y expresiones figuradas) que no implica contradicción que siendo el Quijote obra de arte puro, y precisamente por serlo en grado supremo, contenga, no veladas, ni en cifra, ni puestas allí a modo de acertijo, sino espontáneamente nacidas por el proceso orgánico de la fábula, e inseparables de ella en la mente de quien la concibió, altísimas enseñanzas y moralidades, las cuales traspasan con mucho el ámbito de la crítica literaria que Cervantes, con la candidez propia del genio, mostraba tener por principal blanco de sus intentos.

“Muchas veces se ha dicho, y nunca es superfluo repetirlo, que si el Quijote no hubiera servido más que para «deshacer la autoridad y cabida que en el mundo tienen los libros de caballerías, hubiera padecido la suerte común de todas las sátiras y parodias literarias, aunque sean Boileau, Isla o Moratín quienes las escriban. Continuaría siendo estimada por los doctos, pero no formaría parte del patrimonio intelectual del género humano, en todo país, en todo tiempo. La mayor parte de los que se solazan con las apacibles páginas del Quijote no han visto un libro de caballerías en su vida, y sólo por el Quijote saben que los hubo. La crítica de una forma literaria no tiene interés más que para los literatos de oficio. El triunfo mismo de Cervantes, enterrando un género casi muerto, puesto que a principios del siglo XVII los libros de caballerías andaban muy de capa caída y apenas se componía ninguno nuevo, hubiera debido ser funesto para su obra, privándola de intención y sentido. Y, sin embargo, aconteció todo lo contrario. El Quijote empezó a entenderse cuando de los libros caballerescos no quedaba rastro. La misma facilidad con que desapareció tan enorme balumba de fábulas, el profundo olvido que cayó sobre ellas, indican que no eran verdaderamente populares, que no habían penetrado en la conciencia de nuestro vulgo, aunque por algún tiempo hubiesen deslumbrado su imaginación con brillantes fantasmagorías.

“Pero en el fondo de esos libros quedaba una esencia poética indestructible, que impregnó el delicado espíritu de Miguel de Cervantes, como perfuma el sándalo al hacha misma que le hiere. La obra de Cervantes no fué de antítesis, ni de seca y prosaica negación, sino de purificación y complemento. No vino a matar un ideal, sino a transfigurarle y enaltecerle. Cuanto había de poético, noble y humano en la caballería se incorporó en la obra nueva con mas alto sentido. Lo que había de quimérico, inmoral y falso, no precisamente en el ideal caballeresco, sino en las degeneraciones de él, se disipó como por encanto ante la clásica serenidad y la benévola ironía del más sano y equilibrado de los ingenios del Renacimiento. Fué, de este modo, el Quijote el último de los libros de caballerías, el definitivo y perfecto, el que concentró en un foco luminoso la materia poética difusa, a la vez que elevando los casos de la vida familiar a la dignidad de la epopeya, dió el primero y no superado modelo de la novela realista moderna.”

Don Marcelino Menéndez y Pelayo “Interpretaciones del Quijote”

“…la lengua fue compañera del imperio; y de tal manera lo siguió, que junta mente començaron, crecieron y florecieron, y después junta fue la caida de entrambos”. Hace 526 años nació el castellano (16 de enero de 1492)

15 enero, 2018

La Grammatica Antonii Nebrissensis, gramática del español escrita por Antonio de Nebrija y publicada en 1492, constituyó la primera obra que se dedicaba al estudio de la lengua castellana y sus reglas. La Grammatica es, además, el primer libro impreso que se centra en el estudio de las reglas de una lengua romance. La hazaña de Antonio de Nebrija, a la que debe una posición de primer orden en la historia, es haber compuesto la primera Gramática castellana, primera también entre las gramáticas románicas, a las que servirá de modelo.

Cuando fue presentado a la reina Isabel en Salamanca en el año de su publicación, la reina cuestionó el mérito de semejante obra; Fray Hernando de Talavera, monje de la Orden de San Jerónimo, prior del Monasterio de Nuestra Señora del Prado en Valladolid, obispo de Ávila y luego arzobispo de Granada, confesor y consejero de Isabel la Católica, contestó por el autor con palabras proféticas, como recuerda el propio Nebrija en una carta dirigida a la monarca:

Después de que Su Alteza haya sometido a bárbaros pueblos y naciones de diversas lenguas, con la conquista vendrá la necesidad de aceptr las leyes que el conquistador impone a los conquistados, y entre ellos nuestro idioma; con esta obra mía, serán capaces de aprenderlo

Estatua de ELIO ANTONIO DE NEBRIJA (c.1441-1522) en la entrada de la Biblioteca Nacional de España, en Madrid.

Su Cesárea Majestad Carlos I de España, en sus habitaciones privadas y sin ninguna ceremonia, cedió a su hijo Felipe la Corona de los Reinos Hispánicos, Sicilia y las Indias (16 de enero de 1556)

15 enero, 2018

Felipe ya desempeñaba funciones de gobierno desde 1544, después de que Carlos I escribiera en 1543, a su regreso a España, las Instrucciones de Palamós, que preparaban a Felipe para la regencia de los reinos peninsulares hasta 1550 cuando éste aún tenía dieciséis años.​ Aunque durante su juventud vivió doce años fuera de España en Suiza, Inglaterra, Flandes, Portugal, etc., una vez convertido en Rey de España fijó su residencia en Madrid y potenció el papel de esta ciudad como capital de todos sus reinos.

Felipe II de España, el Prudente, fue así rey de España desde el 15 de enero de 1556 hasta su muerte, de Nápoles y Sicilia desde 1554 y de Portugal y los Algarves —como Felipe I— desde 1580, realizando la tan ansiada unión dinástica que duró sesenta años. Fue asimismo rey de Inglaterra e Irlanda iure uxoris, por su matrimonio con María I, entre 1554 y 1558.

Hijo y heredero de Su Cesárea Majestad Carlos I de España e Isabel de Portugal, hermano de María de Austria y Juana de Austria, nieto por vía paterna de Juana I de Castilla y Felipe I de Castilla y de Manuel I de Portugal y María de Aragón por vía materna; murió el 13 de septiembre de 1598 a los 71 años de edad, en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial, para lo cual fue llevado desde Madrid en una silla-tumbona fabricada para tal fin.

Como monarca fue arquetipo de virtudes y su reinado se caracterizó por la exploración global y la expansión territorial a través de los océanos Atlántico y Pacífico, llevando a la Monarquía Hispánica a ser la primera potencia de Europa y alcanzando el Imperio español su apogeo, convirtiéndolo en el primer imperio mundial ya que, por primera vez en la historia, un imperio integraba territorios de todos los continentes habitados del planeta Tierra.

He aquí sus títulos:

Rey de Castilla y de León, de Aragón, de Portugal, de las dos Sicilias, de Navarra, de Jerusalén, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Granada, de Valencia, de Toledo, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las islas Canarias, de las Indias orientales y occidentales, de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante y Lotaringia, Limburgo, Luxemburgo, Güeldres, Milán, Atenas y Neopatria, Conde de Habsburgo, de Flandes, de Artois, Palatino de Borgoña, de Tirol, de Henao, de Holanda, de Zelanda, de Namur, de Zutphen, de Barcelona, de Rosellón y de Cerdaña, Príncipe de Suabia, Margrave del Sacro Imperio Romano, Marqués de Oristán y Conde de Gociano, Señor de Vizcaya y de Molina, de Frisia, Salins, Malinas, y de las ciudades, pueblos y tierras de Utrech, Overijssel y Groninga. Dominador en Asia y África,

El Senado Romano otorga a Cayo Julio César Octaviano los recién creados títulos de «Augusto» y «Princeps». Comienza así el Imperio Romano. (16 de enero del 27 Antes de Jesucristo)

15 enero, 2018

En enero de 27 a. C., el Senado otorgó a Octaviano, de manera inédita, los recién creados títulos de Augusto y Princeps.​ Augusto, del latín augere (refiriéndose a un incremento), que pudiera ser traducido como «el ilustre»,​ era un título religioso más que político.​ De acuerdo a las creencias religiosas en la Antigua Roma, el título simbolizaba un sello de autoridad sobre la humanidad —y sobre la naturaleza— que iba más allá de cualquier definición constitucional para el estatus de Octaviano. Tras los duros métodos que empleó para consolidar su dominio, el cambio en el nombre, sugerido por Lucio Munacio Planco,​ serviría además para desmarcar su reinado benigno como Augusto, de su reinado de terror como Octaviano. De igual forma, su nuevo título le favorecía más que el de «Romulus», que previamente él había concebido en referencia a la historia de los fundadores de Roma, algo que hubiera simbolizado una segunda fundación de Roma.​

No obstante, el título de Romulus estaba asociado fuertemente con nociones de monarquía y realeza, una imagen que Octaviano intentaba evitar a toda costa.​ Por otra parte, Princeps, proveniente de la frase en latín primum caput («el primero»), originalmente estaba vinculado al senador más viejo o notable y cuyo nombre aparecía en primer lugar en la lista senatorial principal; en el caso de Augusto, se convertiría casi en un título real adoptado por un líder que poseía el dominio completo.​ Princeps también se usó como un título republicano concedido a todos aquellos que habían servido bien al estado; por ejemplo, Cneo Pompeyo había ostentado el título.

Además, Augusto se proclamó asimismo como Imperator Caesar divi filius, «Comandante César, hijo del deificado».​ Con este título no solamente se jactaba de su parentesco con el divino Julio César, sino que el uso de Imperator establecía un vínculo permanente a la tradición romana de la victoria.​ El término Caesar solo era un cognomen para una rama de la familia julia, aunque ciertamente Augusto trasladó su significado a una nueva línea familiar que habría de comenzar con él.​

A Augusto se le otorgó también el derecho de colgar la corona cívica de roble encima de su puerta y de colocar laureles a manera de cubiertas para sus jambas.​ Esta corona usualmente se usaba sobre la cabeza de un general romano durante un triunfo, mientras que el individuo que mantenía la corona encima de la cabeza del general repetía continuamente la frase memento mori, o, «Recuerda que eres mortal», al general victorioso. Adicionalmente, las hojas de laurel tenían una especial importancia en varias ceremonias del estado, y las coronas de laurel eran concedidas a los campeones de atletismo, carreras y pruebas dramáticas. Así, tanto el laurel como el roble eran símbolos provenientes en su totalidad de la religión y la política romana; situarlos en las jambas de Augusto equivaldría a declarar su casa como la capital de Roma.

Sin embargo, Augusto rehusó símbolos de poder tales como el uso de un cetro, una diadema, e inclusive la corona dorada y la toga púrpura usadas por su predecesor Julio César.​ Si bien rechazaba simbolizar su poder mediante el uso de dichos objetos en su persona, el Senado le otorgó en cualquier caso el reconocimiento de un escudo dorado expuesto en la sala de reuniones de la Curia, con la leyenda virtus, pietas, clementia, iustitia —«valor, piedad, clemencia y justicia»—

Busto de Augusto portando la corona cívica. Gliptoteca de Múnich.

Otón se convierte en el segundo en ascender al trono durante el año de los cuatro emperadores. Tres meses después, se suicida (15 de enero del año 69 después de Jesucristo)

14 enero, 2018

Conocido en Roma por sus excesos, Otón aparece por primera vez en los escritos de los historiadores clásicos cuando entró a formar parte del círculo del emperador Nerón.

Enemistado con Nerón y enviado a las provincias (Lusitania), tras diez años de administración moderada, insólita en esa época, el destino le ofreció una oportunidad de vengarse de Nerón.

Galba, gobernador de Hispania Tarraconense, se levantó contra el emperador Nerón (68) y encontró en la persona de Otón a uno de sus más fieles adeptos. El resentimiento por el trato recibido, así como la ambición personal, decidieron al gobernador de Lusitania a unirse a su vecino; además Galba no tenía descendencia y estaba en una edad muy avanzada, por lo que Otón aspiraba a ser nombrado su sucesor.

Aunque su lealtad parecía inquebrantable, Otón comenzó a negociar con la Guardia Pretoriana tras el nombramiento de Lucio Calpurnio Pisón Frugi Liciano como sucesor de su aliado; pese a que el estado de sus finanzas era desesperado, encontró el dinero suficiente para comprar los servicios de todos los miembros del cuerpo. La mañana del 15 de enero, sólo cinco días después de la adopción de Pisón, acudió, como de costumbre, a presentar sus respetos al emperador; tras ello fue escoltado al campamento de los pretorianos, donde, al cabo de unos breves instantes de indecisión, fue aclamado Imperator.

Después volvió al Foro con una importante fuerza y allí encontró a Galba, quien, alarmado por los rumores de lo ocurrido que habían comenzado a circular por la capital, se dirigía a través de una confundida muchedumbre hacia los cuarteles de los pretorianos. La cohorte de turno que rondaba por el Palatino y que acompañaba al emperador, desertó. Indefensos, Galba, Pisón y otros hombres fueron brutalmente asesinados por la Guardia. Plutarco pone en boca de Galba estas palabras en los instantes previos a su asesinato:

Matadme, si de ello depende el bien de Roma..​

(Más de cien personas decían haber asesinado a Galba y con sus nombres se hizo una lista. Después, Vitelio, sucesor de Otón, mandó ejecutarlos a todos).

Al terminar el breve combate los senadores le invistieron con el título de Augusto, con la tribunicia potestas y con otros honores exclusivos del emperador. Otón debía su éxito al odio que suscitaba la figura de Galba entre los soldados a consecuencia de su famoso rechazo al derroche monetario. Los habitantes, también descontentos con la gestión de este emperador, le concedieron su apoyo.

Tres meses después se suicidaría para evitar más derramamiento de sangre luego de pronunciar –según Dión Casio en su Historia de Roma– estas palabras:

Es mucho más justo morir uno por todos que todos por uno.

Se clavó una daga en el corazón. A su muerte se colocaron sus cenizas en un sencillo mausoleo. Otón había regido el Imperio durante sólo tres meses. No obstante, había demostrado mucha más sabiduría durante el desempeño de este cargo de la que nadie habría cabido esperar. Muchos de sus soldados siguieron su ejemplo suicidándose en una hoguera.

 

Création de l’université de Paris (le 15 janvier 1200)

14 enero, 2018

L’universitas magistrorum et scholarium Parisiensis (l’ensemble des maîtres et des élèves de Paris) est d’abord une corporation de maîtres et d’élèves qui apparaît à Paris vers 1150, en complément de l’école de théologie de Notre-Dame.

L’Université de Paris était l’une des premières universités d’Europe, avec Bologne, Oxford, Cambridge, Salamanque, Montpellier et Toulouse.

La première université de France est fondée officiellement le 15 janvier 1200 sur ordre royal du roi Philippe Auguste qui accorde à la « communauté » (c’est l’invention du mot « Université » qui n’a alors qu’un sens strictement juridique) de ses membres le for ecclésiastique, c’est-à-dire le privilège d’être jugé par un tribunal ecclésiastique et non civil.

L’université est reconnue par le pape Innocent III — qui y avait étudié —, par une bulle de 1215, bulle confirmée par une autre de Grégoire IX de 1231. Ce dernier texte met un terme la grande grève entamée en 1229. L’organisation de l’enseignement en quatre facultés — décret (droit non ecclésiastique, le droit canonique n’ayant été autorisé qu’en 1679), médecine (médecine, chirurgie, apothiquerie), théologie et « arts libéraux » (grammaire, rhétorique, dialectique, arithmétique, géométrie, musique, astronomie) — remonte à un arbitrage pontifical de 1213. Le logement des étudiants (les « écoliers ») et l’organisation des corps se fait au sein de fondations pieuses appelées « collèges ». L’université de Paris est un studium generale c’est-à-dire un centre d’enseignement de toutes les disciplines.

Église Saint-Julien-le-Pauvre, premier siège des assemblées de l’université de Paris.