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Luego de un intrépido acto de audacia y dos años de sitio, los cruzados reconquistan San Juan de Acre, en la primera operación para recuperar el reino de Jerusalén, lo que permitirá a este último permanecer otro siglo más (12 de julio de 1191)

11 julio, 2018

Al llegar los reyes de Francia e Inglaterra, con sus ejércitos de la Tercera Cruzada, delante de las murallas de la ciudad de San Juan de Acre, logran la capitulación de esta ciudad costera a orillas del Mar Mediterráneo cercana a la bahía de Haifa. Tras esta conquista, el rey inglés Ricardo Corazón de León decidirá marchar contra la ciudad de Jaffa, como paso previo al asalto de Jerusalén.

Contenidos

  1. Antecedentes
  2. El comienzo del asedio
  3. La llegada de la tercera cruzada
  4. La rendición de la ciudad

Antecedentes

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El 4 de julio de 1187, Saladino aplastó al ejército franco dirigido por Guy de Lusignan, rey de Jerusalén en la batalla de Hattin. El rey y la mayoría de la nobleza que sobrevivieron a la batalla son tomados prisioneros. Al día siguiente Saladino toma el castillo de Tiberíades y, a continuación, en lugar de atacar inmediatamente a Jerusalén, Saladino prefiere tomar los distintos puertos del Reino de Jerusalén para cortar los posibles refuerzos cruzados.

El 8 de julio, llegó ante los muros de San Juan de Acre, defendida por Joscelino III de Courtenay, conde titular de Edesa. Este noble, ciertamente sin grandes recursos militares, y sin mucho valor tampoco, no trató de resistir y negoció desde el primer día la rendición de la ciudad con Saladino. A pesar de la hostilidad de la burguesía y la gente común de la ciudad, que casi degeneró en una revuelta, se entrega a Saladino el 10 de julio.

Los términos de la rendición aseguran la vida de los habitantes cristianos de la ciudad y la conservación de sus posesiones. Saladino quería mantener intacto este puesto comercial que podía atraer riquezas a sus dominios, pero la mayoría de los habitantes cristianos se negaron a permanecer allí y emigró sin ser molestada. Saladino sale en seguida a conquistar otras ciudades costeras, y la ciudad de Jerusalén que es tomada el 2 de octubre de 1187.

El 13 de julio, un barco en el que iba el cruzado Conrado de Montferrat, se presentó ante San Juan de Acre. Sorprendido de ver la ciudad en manos de los musulmanes, se las arregla para escapar de las galeras egipcias hasta que llega a Tiro, ciudad que encuentra a punto de rendirse ante Saladino. La llegada de Conrado da valor a los cristianos de Tiro. Conrado organizó la resistencia y Saladino, derrotado, resuelve levantar el cerco (2 de enero, 1188).

Saladino comprende rápidamente el peligro que Conrado representa para sus planes de conquistar el reino. También libera en julio de 1188 al rey de Jerusalén prisionero, Guy de Lusignan, después de hacerle jurar solemnemente no tomar las armas contra los musulmanes, con la esperanza de que la mediocridad de Guy neutralizaría la inteligencia y la valentía de Conrado. En dos ocasiones, en 1188 y abril de 1189, Guy intenta tomar el mando de las fuerzas de los cruzados, pero Conrado de Montferrat se negó a abrirle las puertas de Tiro.

El comienzo del asedio

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Guy de Lusignan, convertido en rey sin reino (solamente Tiro y Beaufort están en manos de los cruzados, y Conrado de Montferrat, como hemos visto, le negó la entrada a Tiro), desacreditado ante los barones de Tierra Santa, reniega del juramento que dio a Saladino bajo coacción y, el 20 de agosto de 1189, con un puñado de caballeros fieles, en un acto de audacia sin igual e impropio de su trayectoria, se dirige al puerto de San Juan de Acre para asediarlo.

Saladino no habría tenido dificultades para aplastar a la pequeña banda armada, pero estaba sitiando el castillo de Beaufort, fieramente defendido por Reginaldo de Sidón y cree que el grupúsculo de Guy de Lusignan es una táctica de distracción diseñada para hacer que levante el sitio. Cambió de opinión el 26 de agosto, pero cuando llegó a Acre el 29 de agosto, los cruzados estaban ya firmemente atrincherados en un campamento a menos de un kilómetro de la ciudad.

A partir del 1º de septiembre varias flotas de cruzados llegan alrededor de Acre, reforzando al pequeño ejército de Guy de Lusignan y asegurando el control cruzado de los mares. Así, impiden que los musulmanes avituallen a la ciudad por el mar. Sin el suficiente personal, sin embargo, los cruzados no pueden impedir que un ejército comandado por Taqi al-Din, sobrino de Saladino, entre en la ciudad el 15 de septiembre de 1189. El 18 Saladino intentó un ataque contra los francos, pero éstos firmemente atrincherados en su campamento repelieron a los atacantes y no se dejaron atraer a campo abierto. El 4 de octubre, los francos atacaron el campamento de Saladino, pero ninguno de los bandos logró un éxito decisivo. Durante este ataque, el gran maestro de la Orden del Temple Gerardo Ridefort (el de las bodas de Botron) fue capturado y ejecutado frente a San Juan de Acre. Fue reemplazado en su cargo dos años más tarde por Roberto de Sablé, un gran amigo del rey Ricardo que había pasado diecinueve años en su corte.

Los cadáveres se acumulaban entre los dos campos generando epidemias y Saladino, alcanzado por la disentería, alejó su campamento para protegerse contra estos enemigos invisibles. Los cruzados, ahora en número suficiente, aprovecharon la oportunidad para rodear completamente la ciudad, prohibiendo su avituallamiento por tierra. Una guerra de trincheras comenzó entre los dos ejércitos. Saladino decide llamar a todo el mundo árabe a la Yihad, para terminar con el sitio de una vez por todas. Incluso se envía una embajada al sultán almohade de Marruecos y España. El invierno 1189-1190 muestra particularmente difícil para los sitiadores, con la hambruna rampante y Conrado de Montferrat se compromete a garantizar convoyes de suministro para los cruzados, a pesar de su rivalidad con Guy de Lusignan.

En la primavera, los cruzados emprendieron la construcción de torres de asedio que se lanzan al ataque de la ciudad el 27 de mayo de 1190. Los defensores de la ciudad, que no pueden impedir su avance, envían un mensajero, nadador intrépido que cruza las líneas cristianas y da el aviso a Saladino, quien logra destruir las torres.

La llegada de la tercera cruzada

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El anuncio de la llegada del ejército de Federico Barbarroja, Sacro Emperador Romano Germánico, con más de doscientos mil hombres, obligaron a Saladino a enviar una parte de su ejército para contrarrestarlo, y los cruzados aprovecharon para atacar el campamento y derrotar a las tropas, pero se demoraron para saquear el campamento y no pudieron resistir el regreso de Saladino, quien reuniendo a sus tropas, asesinó a la mitad de los atacantes cristianos (25 de julio de 1190).

Sin embargo, Federico Barbaroja, que había vencido a los turcos en Iconium en mayo de 1190, se ahogó en Cilicia cruzando el Selef (10 de junio). Preocupado por las dificultades del camino, luego por una epidemia que se declara en Antioquía, su ejército se dispersa. Sólo unos pocos cientos de caballeros alemanes participan con Federico de Suabia en el sitio de Acre.

El 27 de julio, el conde Enrique II de Champagne llega con un primer destacamento de cruzados y anuncia la futura llegada de los reyes Felipe Augusto y Ricardo Corazón de León y el Gran Maestre de los Templarios, Roberto de Sablé. Federico de Suabia y Enrique de Champagne construyeron una torre de asedio e intentaron un nuevo asalto en septiembre y octubre, pero la torre fue destruida alrededor del 15 de octubre.

Un intento de atacar el campamento de Saladino terminó en fracaso en noviembre, y una galera egipcia en febrero de 1191 logró forzar el bloqueo marítimo, entrar en el puerto de Acre y renovar la guarnición.

El 20 de abril de 1191, el rey de Francia Felipe Augusto desembarcó cerca de Acre con sus tropas. El Rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León y el Gran Maestre Templario Roberto de Sablé se unieron a él el 8 de junio, con 25 galeras, después de apoderarse de Chipre.

La rendición de la ciudad

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A pesar de la rivalidad entre el rey francés y el inglés, amplificada por la disputa entre Guy de Lusignan y Conrado de Montferrat, varios asaltos son intentados, en junio y principios de julio. La flota de Ricardo Corazón de León hundió el último barco egipcio, impidiendo permanentemente el suministro de la ciudad. El 3 de julio, advertido por los habitantes de Acre de que ya no podrán resistir, Saladino intenta forzar el bloqueo atacando los campamentos cruzados, pero fracasa.

Ese mismo día, los comandantes musulmanes –que saben que no pueden durar mucho tiempo en la plaza– instan a Saladino a que negocie la rendición de la ciudad. Este último, inicialmente reacio, quiere intentar un ataque final contra los francos, pero la mayoría de sus emires se niegan a continuar la lucha y era claro que la ciudad estaba a punto de amotinarse contra el sultán. Se aceptan las negociaciones pero la guarnición musulmana, a pesar de la oposición de Saladino, abre –un día como hoy, 12 de julio– las puertas de la ciudad.

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