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Santa Juana de Arco cae prisionera del duque de Borgoña, aliado de los ingleses, a los que se la vende (23 de mayo 1430)

22 mayo, 2018

En un momento en el que la alianza anglo-borgoñona se rehacía y el duque de Borgoña comenzaba a ganar terreno con el afán de hacerse con la ciudad de Compiègne, decidió asediarla. Primero tomó el puente de Choisy-au-Bac, ciudad que cayó el 16 de mayo, siguió haciéndose con el monasterio de Verberie y finalmente consiguió llegar a Compiègne a finales de mes, el 22, día en que la puso en asedio. Por su lado, se sabe que Juana del 17 al 21 de mayo pasó nuevamente por Crépy, lugar del cual sacó más refuerzos para poder redirigirse a Compiègne contribuyendo así a mejorar la defensa de sus enemigos.

Justo el día que la ciudad cae en asedio, Juana llega con los refuerzos después de cabalgar con sus hombres por los bosques cercanos hasta llegar a la villa. El resto de la noche la pasaría en el interior de la ciudad conociendo que esta estaba siendo asediada y a pesar de las recomendaciones de peligro de sus propios soldados.

La mañana del día 23 de mayo de 1430, Juana hizo unas plegarias en una de las iglesias de la ciudad. Compiègne estaba capitaneada por Guillaume de Flavy y fue con este con el que Juana trazó sus últimas estrategias para preparar la batalla que se libraría aquella misma tarde, en un puente en el exterior de las murallas de la ciudad, el cual significaba un enclave de asedio muy peligroso. Los borgoñones ya sabían que de esta manera lo querían tomar.

Las tropas francesas salieron de la ciudad encontrándose con una coalición borgoñona muy fuerte, pero aun así los pudieron hacer retroceder varias veces. Se encontraron con una especie de emboscada que las crónicas narran como la entrada de los ingleses en la lucha, lo que hizo retroceder a los armagnacs. Los ingleses se posicionaron entre el ejército de «la Pucelle» y el puente al mismo tiempo que una parte de los borgoñones se colocaban detrás del ejército francés; así quedaba rodeado y con muy pocas opciones de resistencia a pesar del apoyo desde las murallas de los arqueros de la ciudad de Guillaume.

Fue cuando la propia compañía de Juana le reclamó que

«¡Considerad hacer un esfuerzo para volver a la ciudad, o vos y nosotros estaremos perdidos!».

Según las crónicas, la Pucelle respondió:

«¡Quietos! Su derrota depende de nosotros. Pensad sólo en atacarlos».

Pero entonces los anglo-borgoñones vieron que Juana hacía maniobras para volver a la ciudad; con un gran esfuerzo se apresuraron a tomar el puente, lo cual provocó una gran escaramuza al extremo de este.

Este fue el momento en el que Guillaume de Flavy, capitán de la ciudad, cometió el error más grande de su vida, lo que le costó muchas críticas y acusaciones. El hecho es que delante de una predecible derrota, se atemorizó y con el propósito de proteger la ciudad para no perderla, ordenó cerrar las puertas de la ciudad de Compiègne, con lo cual ya nadie podría penetrar, ni siquiera «la Pucelle». Naturalmente, las valoraciones posteriores sobre esta decisión son difíciles de hacer y dependen de la óptica con la que se enfoquen. Pero Guillaume no quedó exento de acusaciones de traición.

Según las crónicas, en aquel momento, Juana asumió las riendas de la batalla y se puso al frente con la mayor bravura demostrable. El enemigo vio con astucia que los armagnacs estaban colgando de un hilo y quedaban a merced de ellos y dieron órdenes de tratar de capturar a toda costa a Juana. Ella, a su vez, mostró gran resistencia, pero fue sorprendida por cinco o seis hombres de los cuales uno le puso la mano encima mientras los otros sostenían el caballo y le gritaban que se rindiera, aunque sólo consiguieron negativas de Juana en medio del forcejeo.

Los compañeros de Juana intentaron poner medios para recuperarla, pero un arquero borgoñón del Bastardo de la Vandonne la consiguió desenganchar del caballo definitivamente y Juana tuvo que rendirse finalmente al Bastardo, Lionel de la Vandonne, vasallo del duque de Luxemburgo, Jean de Luxembourg dado que este, que estaba justo al lado en el momento de la caída de Juana, era un noble. En esta misma captura, el hermano de Juana, Pierre también fue apresado, (y liberado años después) como Jean d’Aulón a quien se le permitiría seguir con la intendencia de Juana en cautividad.

Después de ser encarcelada por los borgoñones en el castillo Beaurevoir, Juana tuvo varios intentos de fuga, uno de ellos fue saltando de la torre de veintiún metros, aterrizando indemne en la tierra blanda de un foso seco. Tras dicho acontecimiento se la trasladó a la Ciudad de Borgoña de Arras. Lionel de Wandomme negoció con sus aliados de Borgoña cederla a su custodia con el obispo Pierre Cauchon de Beauvais, un partidario inglés, asumiendo un papel destacado en las negociaciones y en su juicio.

Los ingleses la trasladarán a Rouen, donde se celebrará un proceso injusto en su contra marcado por los intereses político-militares. Finalmente, el 30 de mayo del año siguiente será declarada hereje y quemada viva en la hoguera a la temprana edad de 19 años.

 

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