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¿Ubi cecidisti de caelo? La caída de Lucifer – II – La condena

6 marzo, 2018

Contenidos

  1. Es la tradición, y no la revolución, el motor del progreso científico
  2. Et semper in fine cujuslibet debet poni sive legi error
  3. Lo que no me enseñaron en la escuelita

Esta es la segunda parte de una serie cuya primera parte pueden leer aquí

“(La) Parábola de los Seis Sabios Ciegos y el Elefante (…) Es un modo sencillo de entender que tanto Heráclides Póntico (…), Aristarco de Samos (…) y Aristóteles cuyo modelo se asentaba en una Tierra alrededor de la cual giraban de diferentes maneras Sol, planetas y estrellas… todos ellos tenían razón, y a la vez (pero no con respecto a lo mismo) estaban errados… “

Es la tradición, y no la revolución, el motor del progreso científico

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Así es la historia de la Ciencia, y en particular el de la Filosofía, y el de la Astronomía: una tradición que se va enriqueciendo paulatinamente con los aportes de “otros ciegos”. Por eso –a propósito de la dialéctica hegeliana– el decir que hay ideas “necesarias” no es acertado.

Sólo hay ideas parciales de “ciegos” que pueden –o no– mejorar ligeramente nuestro conocimiento de la realidad en la medida en que las combinamos con los conocimientos previos entregados por las generaciones anteriores. La tradición es la columna vertebral de la Ciencia y del falible progreso humano.

Pierre Duhem, químico, filósofo de la Ciencia, fundador de la Físicoquímica, y catedrático de física teórica en la Universidad de Burdeos, nos lo explicaba así:

“…No hay “experiencias cruciales” en las Ciencias Físicas. Una experiencia, una observación o un hecho no basta para establecer un quiebre entre dos teorías puesto que cada teoría puede adaptarse a una experiencia recalcitrantemente contraria haciendo algunos acomodamientos, como –por ejemplo– la modificación de una hipótesis auxiliar. Una proposición aislada no está entonces en juego en una experiencia, es más bien toda la teoría la que debe ser confrontada a la experiencia…”

Los ocasionales avances de la ciencia (y de la Astronomía en particular) se basan entonces, no en audaces quiebres revolucionarios negadores del pasado (como nos lo sugieren los insípidos y breves panfletos electrónicos de folletín de divulgación científica como National Geographic y Discovery Channel), sino más bien en la conjunción de los aportes de los investigadores pasados con nuevas experiencias, pasadas por la criba de la prudencia y de la razón.

Y es por eso que se entiende que los aportes de los sabios griegos no cayeran en saco roto, pues fueron recogidos y desarrollados por aquella cultura a la que dió nacimiento la venida del Χριστός (Christós). El cristianismo –la Iglesia Católica– recogió esos aportes e hizo de la astronomía una de la niñas de sus ojos.

Et semper in fine cujuslibet debet poni sive legi error

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Pero si bien es cierto que para la Iglesia Católica –por diferentes razones– la astronomía ha sido siempre una ciencia muy apreciada, la disciplina astronómica como tal había caído –desde el Imperio Romano– en cierto estancamiento. Esa parálisis no sólo se debía a la falta de recursos económicos fruto de la crisis del comercio con oriente que se produjo en el año 650, sino fundamentalmente al anquilosamiento de las teorías aristotélicas sobre el universo.

Si bien Aristóteles sólo consideró sus aportes a la física como colaboraciones provisionalmente valederas y perfectibles, sus seguidores en la Edad Media los elevaron a la categoría de “idea necesaria”. Estos seguidores que paralizaron así, con un particular dogmatismo aristotélico, la fluidez de la reflexión científica, se agruparon fundamentalmente alrededor del pensamiento Averroista:

Aristóteles afirmó que el mundo no tiene principio ni fin, sino una historia que se repite periódicamente. Una vez más, una observación primera de la naturaleza, induce a pensar así: suceden las 4 estaciones, y se vuelven a repetir. Los hombres mueren y nacen y se renuevan. Nada hay nuevo bajo el Sol. Averroes, filósofo musulmán español, comentó a Aristóteles, ahondando en los errores del griego, o sea la eternidad del mundo, la falta de libertad (determinismo total, todo lo que va a pasar está escrito), y la teoría de la doble verdad (lo que es verdadero en religión puede ser falso en filosofía y recíprocamente)

El Averroismo volvió así arduo –si no imposible– el progreso científico, pero afortunadamente en la cristiandad tuvo que enfrentar dos poderosos enemigos: la indetenible curiosidad humana y (aunque nuestros prejuicios hollywoodescos me lo hagan difícil de aceptar) la autoridad de la Iglesia Católica. En un día como hoy (7 de marzo de 1277), en plena época de la cristiandad –mal llamada Edad Media– el Obispo de París, Esteban Tempier –en estrecha unión con el papa Juan XXI– puso las bases de la Ciencia Moderna con su condena de las tesis averroístas poniéndole ciertamente fin a un modo de pensar “necesario” que congelaba a la ciencia, que defendía el divorcio entre la fe y la razón, la teoría de la doble verdad, y la necesidad del modo aristotélico-ptolemaico de entender el mundo.

Lo que no se aprende en la escuelita

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A propósito de esta condena eclesiástica (1277), Pierre Duhem dijo:

“…si debemos asignar una fecha al nacimiento de la Ciencia Moderna, deberíamos, sin duda, escoger el año 1277 cuando el obispo de París proclamó solemnemente que varios mundos podían existir, y que el conjunto de los cielos podían, sin contradicción, ser movidos de modo rectilíneo…”

Edward Grant, distinguido Profesor Emérito del Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Indiana y profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de Harvard, en su libro “The Foundations of Modern Science in the Middle Ages: Their Religious, Institutional and Intellectual Contexts” subrayó:

[Esa condena de 1277 permitió a la ciencia] considerar posibilidades que los grandes filósofos nunca vislumbraron…”


Richard C. Dales
, Historiador de la Ciencia también nos dice:

[Esa condena de 1277] “parece definitivamente haber promovido un más libre y más imaginativo camino para hacer Ciencia…”

Kent Emery (profesor del programa de estudios del Instituto de Estudios Medievales de la Universidad de Toronto) y Andreas Speer (catedrático de la Universidad de Colonia), en su libro “After the Condemnation of 1277: New Evidence, New Perspectives, and Grounds for New Interpretations” nos recuerdan que:

“…la condena de París en 1277 fue el símbolo de una crisis intelectual en la Universidad y uno de los cambios fundamentales en la reflexión especulativa y en la percepción cultural ocurrido en el Siglo XIII y que fue un signo de la naturaleza del pensamiento moderno…”

Continuará…

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12 comentarios leave one →
  1. 26 marzo, 2009 10:52 AM

    paso a paso, asi se llega a la meta, todo contribuye de ahi que se diga “nada es verdad nada es mentira depende de el lado en que se mira”Saludos

    • 12 marzo, 2012 9:43 PM

      @Wirwin

      “…paso a paso, asi se llega a la meta, todo contribuye…”

      Así es, como los ciegos: la clave está en cada quien reconozca que sólo tiene una verdad limitada, susceptible de ampliarse y mejorarse con las “verdades” limitadas que los otros aportan. Cuando un ciego afirma que la suya es la verdad absoluta, allí empiezan los problemas.

      Dices “nada es verdad nada es mentira depende de el lado en que se mira”

      Bueno, esa sentencia la matizaría yo. La verdad es un trascendental del ser. Es decir, es un aspecto del ser y se relaciona con él. A más “ser”, más verdad susceptible de ser aprehendida; a menos “ser”, menos “verdad”.

      Cuando formulamos verdades relacionadas con seres limitados (como las estrellas, planetas etc…, o todo lo creado), éstas verdades son, en consecuencia, limitadas también. Son verdades, pero limitadas. Son verdades, pero no son la “Verdad Absoluta”: son una verdad (no son mentira) pero no son “toda la verdad”.

      El hecho de que haya jerarquía, gradación, en las verdades (hay cosas que son más verdad que otras) no quiere decir que equivalgan a la mentira y que la verdad sea relativa (que dependan del cristal desde el que se las mire).

      Una verdad no puede ser al mismo tiempo una mentira con respecto a lo mismo. La verdad es la verdad (limitada o no) y la mentira es lo contrario, es otra cosa.

      Lo que ocurre es que las “verdades limitadas” conviven a veces entremezcladas (pero no confundidas) con otras mentiras. Ptolomeo, por ejemplo dijo muchas verdades (como que la Tierra era redonda por ejemplo) entremezcladas con otros aparentes errores (como el que la Tierra era el centro inmovil del Universo, para el caso).Pensar es distinguir. Y es eso precisamente lo que las generaciones hacen con lo entregado (traditio) por las generaciones anteriores: distinguir entre lo verdadero y lo falso. Apoyarse en lo verdadero y reformular lo equivocado y seguir avanzando.

      Y –trascendiendo lo anterior– el hecho de que hayan verdades más limitadas que otras nos conduce a la conclusión consecuente de que existe la Verdad Absoluta, relacionada con el Ser Absoluto: Dios.No en balde dijo el Χριστός: “Yo soy la Verdad”

      Saludos

  2. 26 marzo, 2009 4:31 PM

    JC:

    Curiosamente estoy leyendo cosas de estas. El experimento crucial solo lo es visto retrospectivamente como tal, en el momento en que se produce, los científicos los ven como una anomalía o un enigma a explicar en el futuro.Sobre la ciencia medieval: Orestes, Buridan, los mertonianos, etc.

    • 12 marzo, 2012 9:44 PM

      @AMDG“…

      El experimento crucial solo lo es visto retrospectivamente como tal, en el momento en que se produce, los científicos los ven como una anomalía o un enigma a explicar en el futuro…”

      Así ha de ser.

      “…Sobre la ciencia medieval: Orestes, Buridan, los mertonianos, etc…”

      Gracias, voy a leer más sobre eso (la escuela de Oxford y la de París) para escribir algún día una serie sobre Ciencia Medieval.

      Gracias por venir por aquí, AMDG.

      Saludos

  3. 27 marzo, 2009 2:33 PM

    Gracias por tu comentario, valdria la pena un post sobre eso, me remontaste a una clase de filosofía en la U, que dicho sea de paso no aproveche y solo la use para levantar CUM, !como lo lamento ahora¡saludos

    • 12 marzo, 2012 9:48 PM

      Ando desde hace mucho tiempo queriendo escribir sobre Filosofía, pero por alguna razón que seguramente está relacionada con la pereza, no lo he hecho. En el debate sobre si Dios interviene o no en la Historia tendré la oportunidad de hacerlo.

      Saludos Wirwin y gracias por tu lectura y tus comentarios

      • 13 marzo, 2012 10:26 PM

        pooota que buen post, valió la pena que lo trajeran del baúl de los backups jejeje
        sludos JC.

  4. 13 marzo, 2012 7:15 PM

    Interesante el artítulo. Y ah! la verdad absoluta, tan socorrida en estos tiempos (entendiendo “estos tiempos” como el devenir de algunos siglos, claro está)

    Te confieso que cuando leí el primer artículo creí que ibas a hablar de Milton. Claro está, reaccioné y lo ví con otros ojos.

    Gracias de nuevo JC.

  5. 14 marzo, 2012 8:58 AM

    Ana Lorraine Wauthion-Melgar dijo en Facebook:

    Buenísimo. He seguido la serie. Creo firmemente que, más allá de los limitantes de la religión, tradición y las costumbres, los hombres debemos reconocer que no estamos solos, que debemos ver más allá del horizonte y del cielo para entender nuestra naturaleza y esencia.

    Esa proyección hacia el infinito no solamente debe concebirse a través de telescopios, sino con el entendimiento y la realización que tenemos muchísimo por descubrir y aprender.

    Formamos parte del universo en el que nuestro diario vivir es causa y efecto de algo… Todo tiene repercusión, estamos interconectados. Ojalá siempre nos mantengamos lo suficientemente despiertos para pensar y generar ideas como Aristóteles, y que siempre existan los Averroes y nos contradigan. Hay que mantenerse en el debate, pensando, considerando, imaginando, comparando, cuestionando y confrontando ideas… ya vendrán otras condenas que, como tu serie, continuarán.

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