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El emperador Zenón es forzado a huir de Constantinopla, y su general Basilisco gana el control del Imperio (9 de enero de 475)

8 enero, 2018

Flavio Zenón​ (c. 425 – Constantinopla, 9 de abril de 491) fue emperador romano de Oriente desde el 9 de febrero de 474 hasta su muerte. Las revueltas internas y las luchas religiosas se extendieron durante todo su reinado, en el que a pesar de todo consiguió ciertos éxitos en las relaciones exteriores. Era emperador en Oriente, a cuya estabilidad contribuyó en gran medida, cuando tuvo lugar la caída oficial del Imperio romano de Occidente, con lo que, al menos en teoría, el Imperio romano quedó reunificado en su persona.

Zenón siempre fue impopular entre el pueblo y el Senado a causa de su origen extranjero (Isaurio). Bajo su gobierno la antigua influencia germánica en la corte fue sustituida por otra influencia bárbara, la de los isáuricos. Una revuelta instigada por Verina a favor de su hermano Basilisco, el líder de la deshonrosa guerra vándala, en enero de 475 y la aversión que se sentía en Constantinopla ante sus soldados y funcionarios isaurios, obligaron al emperador a huir de la capital –un día como hoy, 9 de enero– e instalarse en Antioquía.

Flavio Basilisco​ (m. 477) fue así emperador del Imperio bizantino, de la dinastía de León, y gobernó brevemente, desde el 9 de enero de 475 hasta agosto de 476

Zenón se vio obligado a encerrarse en una fortaleza, y pasó los siguientes 20 meses reclutando un ejército, en gran medida compuesto por compatriotas isaurios, hasta que marchó sobre Constantinopla en agosto de 476.

El creciente caos y la impopularidad de Basilisco le facilitaron la entrada en la capital sin oposición en 476, después de que un ejército dirigido por el general Illos se pasase al bando de Zenón. Su rival fue deportado a Frigia, donde murió poco después. Restaurado en el trono, Zenón se vio obligado dos meses después a tomar una decisión trascendental, cuando Odoacro depuso al último Emperador de Occidente, Rómulo Augústulo, y envió las insignias imperiales a Constantinopla, reconociendo expresamente la soberanía del emperador de Constantinopla sobre Occidente.

El gobierno imperial no tuvo más remedio que afrontar los hechos, y así el nuevo dueño de Italia fue nombrado magister militum per Italiam y recibió la administración del país en calidad de virrey del Emperador, que de este modo se convirtió en teórico gobernante de un Imperio romano reunificado.

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