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Luego de triunfar sobre los liberales radicales postindependentistas, el “Indio” Rafael Carrera comienza su mandato presidencial en Guatemala (11 de diciembre de 1844)

10 diciembre, 2017

Después de la Independencia (1821), tocó a los centroamericanos elegir el proyecto político y económico a seguir. La elección fue la guerra y la fragmentación. Un aventurero revolucionario radical llamado Francisco Morazán, escoltado por una decena de temibles mercenarios franceses, desoló la región tomando las riendas del gobierno. Durante una década transformó a Centroamérica en un campo de batalla mientras imponía su agenda proinglesa y anticlerical. La guerra civil que afectó a Centroamérica dejó un panorama desolador. En el caso salvadoreño, las consecuencias destructivas eran significativas, ya que el país era pequeño con poca población y participo en casi todas las guerras que se libraron entre 1824-1842.

Las masas indígenas, que se vieron desprotegidas al quedar anulada la legislación protectora de la Corona, se levantaron en armas y terminaron derrotando y expulsando al aventurero rapaz. Dos caudillos indígenas antiliberales destacan sobre todos: Anastasio Aquino (en El Salvador) quien después de derrotar varias veces a los liberales anticlericales terminó capturado y ejecutado, y Rafael Carrera, quien triunfó sobre sus enemigos y encauzó a la región a derroteros menos destructivos. Esta es la semblanza de éste último:

Rafael Carrera

Nacido de padres pobres en la ciudad de Nueva Guatemala (24 de octubre de 1814), Carrera se alistó a la edad de doce años en el ejército federal centroamericano como tamborilero y ascendió rápidamente en los rangos durante la guerra civil de 1827 a 1829.

Un sobrino lejano rastreó el linaje de Carrera hasta dar con un compañero del conquistador de Guatemala, Pedro de Alvarado, y concluyó que a Carrera se podría atribuir la siguiente composición racial: 11% indígena, 17% negro y 72% español. Los retratos del caudillo sugieren un porcentaje mayor de genes indígenas y en su propio tiempo le llamaban “indio”. Su padre fue boyero y su madre una empleada domestica que más tarde abrió un puesto de venta de cordelería en el mercado central, donde fue muy conocida.

En el ejército adquirió sus habilidades militares y tuvo la oportunidad de valorar la naturaleza deletérea del aventurero Francisco Morazán. Después de que Francisco Morazán derrotó al ejército en 1829, Carrera se refugió en el campo durante varios años, antes de establecerse como un porquerizo en el pueblo de Mataquescuintla, a unos 50 kilómetros al este de la capital. Allí, le influyó mucho el padre Francisco Aqueche, quien le facilitó lograr que se casará con Petrona García, la hija de un hacendado local.

Carrera logró convertirse en líder de los campesinos y pequeños hacendados del Oriente de Guatemala al unirlos en contra de las reformas liberales del jefe de estado guatemalteco Dr. Mariano Gálvez (aliado de Morazán). La población rural, apoyada inicialmente por el clero, se oponía tanto al anticlericalismo de Gálvez como a los impuestos, las reformas judiciales y las políticas con respeto a la tenencia de la tierra, el trabajo y la inmigración. Gálvez favorecía los intereses extranjeros (ingleses) por encima de los intereses locales. Con estos agravios serios, los esfuerzos del régimen liberal para contener la epidemia de cólera en 1837 estimularon los levantamientos populares, sobretodo en el Oriente de Guatemala. A pesar de que Carrera había aceptado el puesto de comandante de una patrulla para hacer cumplir la cuarentena, los residentes locales le convencieron en seguida que se uniera con los nuevos insurgentes. En Santa Rosa, el 9 de junio de 1837, logró una victoria estupenda al mando de una banda de campesinos rotos al hacer que las tropas gubernamentales retrocedieran hacia la capital.

Ayudado políticamente por las serias divisiones entre Gálvez y el ideólogo liberal José Francisco Barrundia, el ejército campesino de Carrera tomó la Ciudad de Guatemala el 1º de febrero de 1838, trayendo consigo la dimisión del gobierno de Gálvez. Esto tuvo como resultado, por un período corto, un gobierno más liberal bajo la dirección del vicejefe Pedro Valenzuela, quién persuadió a Carrera de que dejara la capital a cambio de reformas y su nombramiento como comandante militar del oriental distrito de Mita. La falta de un rápido cumplimiento de las promesas por parte del gobierno de Valenzuela provocó que Carrera iniciara de nuevo la guerra en marzo de 1838.

Francisco Morazán (mejor conocido en esas épocas como la “Hiena Rabiosa”) marchó a Guatemala acompañado por tropas federales desde El Salvador, pero el 13 de abril de 1839 Carrera una vez más tomó la capital, instalando esa vez un gobierno ajeno al anticlericalismo liberal, bajo la jefatura de Mariano Rivera Paz. En marzo de 1840 Carrera derrotó militarmente a Morazán en la ciudad de Guatemala, poniendo fin al período revolucionario. Desde ese momento hasta su muerte – aparte de un breve exilio entre 1848 y 1849 -, Carrera fue el gobernante militar de Guatemala, pues consolidó el poder de su ejército durante los primeros años del decenio de 1840.

Un día tal como hoy, en diciembre de 1844, Carrera asumió la presidencia del Estado de Guatemala. Aunque sus políticas eran moderadas, durante este período a veces proveyó apoyo a algunos políticos liberales, como un contrapeso frente a las pretensiones de los eclesiásticos conservadores y las élites económicas de la capital. El 21 de marzo de 1847, completó el proceso de secesión guatemalteca de la difunta unión centroamericana cuando decretó el establecimiento de la República de Guatemala.

La oposición liberal, combinada con la recurrente actividad rebelde en el Oriente, trajo como resultado la renuncia de Carrera y su exilio a México en el mes de agosto de 1848. El nuevo gobierno liberal, sin embargo, no logró la unidad ni la resolución de los problemas del país, así que Carrera volvió a entrar al país en marzo de 1849 a la cabeza de un “ejército de restauración” compuesto en gran parte por indígenas. Después de la caída de Quetzaltenango, varios oficiales generales desertaron para unirse con él, por lo que se celebró un acuerdo en el mes de junio que lo designó con el grado de teniente general. Al agosto siguiente, le nombraron otra vez como comandante en jefe del ejército guatemalteco. En lo sucesivo, Carrera fortaleció la institución armada, mientras llevaba a cabo las campañas en contra de las rebeliones que todavía perturbaban la región oriental y combatía los esfuerzos liberales por reavivar la unión centroamericana en El Salvador, Honduras, y Nicaragua. De esa forma, Carrera derrotó a las fuerzas del “Ejército Nacional” en la batalla de San José la Arada, el 2 de febrero de 1851, lo que le permitió volver a la presidencia de la República el 6 de noviembre de ese año. Aumentó grandemente su poder cuando él se proclamó presidente vitalicio, un monarca virtual, el 21 el octubre de 1854.

Esta victoria aseguró la dominación de los moderados en Guatemala durante las próximas dos décadas. Carrera se alió estrechamente con la élite económica y eclesiástica de la ciudad de Guatemala por lo que su gobierno restauró las relaciones amistosas con España y firmó con el Vaticano un Concordato, que garantizaba al clero un papel mayor en el régimen. Aunque Carrera era descrito a menudo por sus antagonistas como un reaccionario, Guatemala disfrutó una época de crecimiento económico importante en los próximos veinte años, período en el cual el café empezó a reemplazar a la cochinilla como su principal producto de exportación.

Como el caudillo centroamericano más poderoso a mediados del siglo diecinueve, Carrera también influyó en el desarrollo de los Estados vecinos. Intervino frecuentemente para asegurar la dirección conservadora en El Salvador y Honduras. Cuando el filibustero norteamericano William Walker vino a la ayuda de los liberales nicaragüenses y, como consecuencia, se hizo de la presidencia de Nicaragua, Carrera proporcionó ayuda sustancial al ejército aliado centroamericano que lo derrotó en 1857. Aunque Carrera rechazó una invitación para el comando de este ejército centroamericano, dejándolo a Juan Rafael Mora de Costa Rica, Guatemala envió más tropas que cualquier otro estado para la “Campaña Nacional” contra los filibusteros. En 1863, a su vez, Carrera desafió al jefe de estado de El Salvador, Gerardo Barrios , quién había empezado a promover reformas liberales y anticlericales. Aunque inicialmente Barrios rechazó la intervención armada de Carrera en el mes febrero en Coatepeque, éste volvió luego lograr conquistar San Salvador, forzando a Barrios dejar el poder.

Al morir en 1865, Carrera había logrado una estabilidad considerable y crecimiento económico para Guatemala. Carrera merece el crédito por proteger a las masas indígenas rurales del país frente a un aumento de la explotación de sus tierras y fuerza laboral. También fue responsable de instalar a los indígenas y mestizos en posiciones de liderazgo político y militar. Quizás el legado más duradero fue el establecimiento del ejército como la institución política dominante en Guatemala.

Investigaciones objetivas que se realizaron entre 1984 y la primera década del siglo XXI,​ han esclarecido el papel de Carrera; estas nuevas investigaciones desarrollan una nueva interpretación del papel histórico de Carrera y de los líderes conservadores que lo sustentaron en el poder, sobre la base de la evidencia de la época así como a la luz de la experiencia guatemalteca desde 1865 y cartas del puño y letra del propio Rafael Carrera. Los estudios recientes argumentan que el levantamiento popular que Carrera encabezó, fue un exitoso movimiento de las masas campesinas contra la élite de la capital, y que una vez en el poder, el caudillo atendió a las reivindicaciones de dichos sectores pobres, protegiendo sus tierras contra los abusos y las adjudicaciones a extranjeros. Durante su gobierno, Guatemala gozó de crecimiento económico estable y expansión de sus exportaciones. El estudio igualmente revalúa la gestión administrativa de Carrera, así como los efectos de su actitud de descuido benigno hacia los sectores campesinos.​

Aún con la polémica que rodea a este personaje, es indiscutible que fue uno de los personajes más importantes y trascendentales de la historia de Guatemala, y probablemente el mayor representante de las tendencias moderadas del siglo XIX en Centroamérica. Algunas de sus ideas aún siguen en vigencia; aunque el Estado guatemalteco, desde la Revolución Liberal de 1871, ha tenido un carácter laico y ha celebrado más a los líderes liberales Justo Rufino Barrios y Miguel García Granados, ha conservado —como polémica herencia del gobierno de Rafael Carrera— la independencia de Guatemala de los demás países de Centroamérica, la conservación del territorio que habría constituido el Estado de Los Altos, la reivindicación de los derechos indígenas (desde luego por las luchas autónomas de los pueblos indígenas) —como en el convenio 149— y en la Constitución Política de la República de Guatemala del artículo 66 al 70, y la conservación de cierta preeminencia de la Iglesia Católica en el país.

Al general Carrera le sobrevino la muerte cuando se encontraba en el pináculo de su carrera política: cuando se tomó un descanso en Escuintla, envenenaron sus alimentos con una infusión de raíz de chiltepe (una especie de chile picante), la cual le provocó agudos dolores intestinales que le obligaron a regresar a la Ciudad de Guatemala. Ya en la ciudad, los dolores se recrudecieron y le sobrevino un ataque de diarrea, del cual ya no se repuso. Llegado el último momento, llegó el arzobispo a visitarle con un paquete de escapularios que le mandaban las religiosas de todos los conventos; y con la ayuda del prelado, se persignó por última vez.

Carrera murió el Viernes Santo, 14 de abril de 1865, a las nueve y media de la mañana y fue sepultado en la Catacumbas de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala85​ luego de numerosos homenajes. Al morir, dejó muy pocos bienes, dejando constancia del celo con que protegió los bienes de la hacienda pública, lo cual es reconocido incluso por escritores liberales, como Federico Hernández de León.

Curiosamente, su homólogo estadounidense, el presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, quién había sido herido de bala el 14 de abril de 1865, día de la muerte de Carrera, murió el día siguiente, el 15 de abril.

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