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El hombre que “quiso retrasar el reloj de la historia”, Juliano el Apóstata, entra triunfante en Constantinopla como el único emperador romano (11 de diciembre de 361)

10 diciembre, 2017

Hijo de un hermanastro de Constantino el Grande, fue junto a su hermano Galo el único superviviente de la purga que acabó con su rama de la dinastía en 337.​Tras pasar su infancia y juventud apartado del poder, Constancio II lo nombró César de la pars occidentalis en 355, menos de un año después de la ejecución de su hermano, que también ostentaba la dignidad de César. Constancio le encargó rechazar la invasión germánica de la Galia, tarea que realizó con gran efectividad.

En 361 aprovechó sus éxitos para usurpar la dignidad de Augusto, preparándose para la guerra civil. Sin embargo, la repentina muerte de Constancio le convirtió en el legítimo heredero antes de que rompieran las hostilidades.

Un año antes, en el 360 Juliano había reforzado su prestigio en la Galia realizando una nueva campaña al otro lado del Rin contra los francos y alamanes. Así, Juliano consiguió la adhesión de la aristocracia senatorial romana y de las provincias balcánicas. En todo caso la negativa de Constancio a admitir la automoción de Juliano como colega suyo decidió a éste a marchar a Oriente para zanjar por las armas el contencioso. Pero cuando Juliano se encontraba en Naiso, se enteró de la repentina muerte de su tío en Tarso y difundió de inmediato la noticia, cierta o no, de que Constancio le había designado sucesor en el lecho de muerte, adoptando el título de Victor ac triumphator perpetuus semper augustus. De esta manera legitimó su poder y, honrando la memoria del difunto, ganó la pronta aceptación por el ejército y las provincias orientales.

El primer acto del nuevo emperador fue verdaderamente simbólico. Llegado a Constantinopla a finales del año 361, procedió al nombramiento de una comisión depuradora de los consejeros de Constancio, compuesta principalmente por militares. En los llamados juicios de Calcedonia, por el lugar de su celebración, dieron buena cuenta de la administración civil de Constancio. Con esta purga, Juliano se libraba de la tutela burocrática para caer en manos de la aristocracia militar, que se tomaba así la revancha tras ser postergada en el reinado de Constancio.

Renegó entonces públicamente del cristianismo, declarándose pagano y neoplatónico. Juliano depuró a los miembros del gobierno de su primo y llevó a cabo una activa política religiosa, tratando de reavivar la declinante religión pagana según sus propias ideas, y de impedir la expansión del cristianismo, pero fracasó.​ En palabras de Theodor Mommsen, intentó:

… retrasar el reloj de la historia universal y propiciar al agonizante paganismo una vez más la asunción del poder.

En su último año de reinado emprendió una infructuosa campaña contra el Imperio sasánida. Descartada la toma de su capital, Ctesifonte, para evitar verse atrapado entre las murallas de la ciudad y el ejército móvil de Sapor emprendió una marcha por tierra quemada,​ mientras trataba de unirse al resto de las fuerzas romanas comandadas por Procopio, que culminó con su muerte en una escaramuza.​ Su fin fue asimismo el de la dinastía constantiniana.

Juliano el Apóstata presidiendo una conferencia de sectarios, por Edward Armitage (1875).

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