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Cicerón recita la última de sus Catilinarias (5 de noviembre del 63 adC)

5 diciembre, 2017

Habiéndose convertido Roma en la capital de un imperio de crecimiento rápido, la Ciudad se puso al amparo de ataques enemigos exteriores, pero desde la Guerra Social (del 91 al 88), los optimates deben hacer frente a numerosos intentos de la plebe que ponen en tela de juicio a las anquilosadas instituciones oligárquicas de la República.

El complot urdido por Catilina y sus partidarios plebeyos no se parece sin embargo a nada que los patricios de la República Romana hayan conocido hasta entonces. Decepcionado por un doble fracaso en la elección del consulado, Catilina organiza secretamente una conjura que tiene como objetivo apartar a la oligarquía romana de los optimates que aplastaban al pueblo de la ciudad y saqueaban el imperio. Así pretendía apoderarse de la conducción política suprema apoyándose en las frustraciones de una parte de la nobilitas romana y de algunos notables italianos.

En su camino se atravesará la determinación de Cicerón, cuyo mandato al servicio de la oligarquía romana toca a su fin en el momento de los hechos.

En su calidad de excelente orador, Cicerón denuncia públicamente a Catilina con virulencia, y luego dirige la contraofensiva militar que derrota finalmente la conjura,

Privado –en medio de abusos inauditos de parte de Cicerón y los suyos– arbitraria e ilegalmente de sus derechos legales, Catilina muere en combate a principios del 62, mientras que Cicerón, investido por los optimates del título de Pater patriæ, saborea las mieles de la gloria por haber “salvado la República”, antes de que por los abusos que cometiera fuera constreñido al exilio a causa de este mismo asunto en el 58.

Pero la victoria oligárquica es de corta duración: en el 60 adC, Julio César toma el estandarte de Catilina y forma con Craso y Pompeyo, secretamente, el primer Triunvirato.

El episodio es célebre en virtud de su posteridad literaria: Cicerón dejó cuatro famosos discursos políticos, las Catilinarias, que se volvieron un ejemplo de elocuencia y de retórica. También el historiador Salustio, dio cuenta de los hechos en una de sus obras, La Conjura de Catilina.

« Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?
Quamdiu etiam furor iste tuus nos eludet?
Quem ad finem sese effrenata jactabit audacia? »

Cicero.

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