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Cristina de Suecia accede al trono (17 de noviembre de 1632)

16 noviembre, 2017

Cristina, con cinco años de edad, se convierte en reina de Suecia al morir su padre. Hasta 1644, fecha en la alcanzará la mayoría de edad para reinar, permanecerá bajo la tutoría de la Dieta, presidida por el canciller Oxenstierna.

Cuando coja las riendas del reino lo hará tutelada de sus favoritos. Durante su reinado, Suecia se convertirá en la potencia hegemónica del Báltico.

Cristina, durante su reinado, comenzó a desarrollar la vida cultural de su reino, la cual había quedado dañada por las luchas religiosas, incluyendo la destrucción de obras arquitectónicas y de arte católicas. Adoptó el lema “La sabiduría es el pilar del reino” (Columna regni sapientia).

Si bien la situación económica del reino era precaria, debido principalmente a los gastos militares que implicaba ser una potencia, la reina no dudaba en invertir en la compra de obras de arte a fin de enriquecer los bienes culturales de Suecia.

Cuando su fama de mecenas comenzó a expandirse y varios notables intelectuales europeos mostraron interés en sus proyectos, Cristina a su vez vio la posibilidad de atraerlos a su corte, ofreciéndoles su patrocinio. De esta manera llegaría a Estocolmo en 1649 el filósofo francés René Descartes, con quien Cristina ya había mantenido correspondencia desde hacía algún tiempo, y quien murió de bronconeumonía en la misma ciudad cinco meses después. En 1652 vino el artista Sébastien Bourdon, que trabajó como pintor de la corte por espacio de dos años, hasta que la abdicación de la reina le hizo regresar a su país.

Cristina apreciaba la pintura aunque no dudó en regalar al rey Felipe IV de España el principal tesoro de su pinacoteca; es decir, el hermoso díptico de Durero, Adán y Eva, hoy en el Museo del Prado.

Otro importante personaje de la época fue el jurista y teórico político holandés Hugo Grocius, que actuó de embajador de Suecia en Francia desde 1635, por recomendación del canciller Oxenstierna.

Estocolmo y Upsala fueron recibiendo a filólogos, anticuarios, bibliotecarios, poetas, orientalistas, latinistas, historiadores y otros. En 1652, los eruditos franceses Samuel Bochart y Pierre Daniel Huet se hicieron cargo de su biblioteca. En algún momento Suecia fue el centro del humanismo en Europa, y Cristina recibió el nombre de Minerva del Norte.

La reina también apoyó el desarrollo del ballet y del teatro. Cristina trajo a Estocolmo compañías francesas, holandesas, alemanas e italianas, que presentaban sus ballets y pantomimas, además de óperas y piezas en sus propios idiomas. Entre los italianos destacó el escenógrafo Antonio Brunati, que construyó en el castillo real un escenario con escenografías movibles, llamada la Grande Salle des Machines, algo muy moderno para la época.

Protestante de nacimiento, pero con un espíritu sincero, inquieto y ansioso de conocimiento , se convirtió en 1654 al catolicismo sabiendo que al hacerlo tenía que abdicar del trono de Suecia. Murió en Roma a los 62 años y Calderón de la Barca escribió su auto sacramental “La protestación de la fe” basándose en la vida de la reina Cristina.

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