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Don Pedro de Alvarado, Tonatiuh, parte con sus aliados tlaxcaltecas rumbo a Guatemala y El Salvador (13 de noviembre de 1523)

14 noviembre, 2017

̌Don Pedro de Alvarado fue un caudillo español nacido en Badajoz hacia el año de 1486 y que murió en Guadalajara México el 4 de julio de 1541. Estuvo en 1510 en la Isla de Santo Domingo, pasando después a la de Cuba en donde colaboró a su conquista consiguiendo el grado de capitán. En la expedición que en 1518 hizo Grijalva por el Golfo de México, se le confió el mando de una nave, y dio su nombre al río que aún se llama Alvarado. Al comenzar la conquista de México, Hernán Cortés le nombró su segundo, demostrando un valor temerario en los combates desde Tabasco y Tlaxcala.

En México…

“…Se entera el Capitán (Cortés) que los hombres de Alvarado han entrado en el pueblo, han tomado las gallinas, los ornamentos de su templo y a dos indios y una india que no habían podido huir. Cortés reprende a Pedro diciéndole:

“No se habían de apaciguar las tierras de aquella manera, tomando a los nativos su hacienda”

Le mandó devolver el oro, libertó a los indios y le mandó pagar por lo comido. Esta primera acción civilizadora granjeó a Cortés la confianza de los indios. Y aquí, comenta Bernal “comenzó Cortés a mandar muy de hecho”.

VIDA Y MUERTE DE PEDRO DE ALVARADO

Mientras Cortés combatía a Pánfilo de Narváez, quedó Alvarado en Tenochtitlán al frente de un centenar de españoles. Advertido de una amenaza inminente, tal vez imprudente o interesadamente por sus aliados tlaxcaltecas, cargó sobre los indios que celebraban la fiesta del mes de Toxcatl, pasando a cuchillo a más de 600, acto que aceleró un levantamiento general y ocasionó la retirada de los españoles en lo que pasó a la Historia como la Noche Triste, en la que Alvarado hizo prodigios de valor, y a pesar de estar desmontado y herido, fue el último en retirarse bajo las flechas de miles de indios, salvándose después de pasar la zanja de la calzada de Tlaeopán, por haber montado a las ancas de su caballo Martín de Gamboa.

“…su personalidad no pasó inadvertida a los indios tlaxcaltecas, por su cabellera y barba rojas, sus ojos verdes y su rostro brillante lo compararon con el sol dándole el apelativo de Aton-A-tiuh, “Resplandeciente como el sol”, mote que llevó siempre entre los indígenas…”

VIDA Y MUERTE DE PEDRO DE ALVARADO

Concluido el sitio y toma de Tenochtitlán, por orden de Cortés pacificó a Mixteca y el 13 de noviembre de 1523 parte de México con dirección a lo que hoy es Centroamérica. La conquistó al frente de 300 infantes y 160 jinetes, y atando alianzas con los indios locales (cachiqueles), campaña en la que fue herido en una pierna en la batalla de Acaxual en El Salvador.

En julio de 1524 fundó con el nombre de Santiago de los Caballeros, la antigua ciudad de Guatemala. Realizada la conquista de lo que ahora es Guatemala y El Salvador, fue nombrado Capitán general de Guatemala y Soconusco.

Volvió a España en 1527, teniendo que declarar en el proceso que se instruía a Hernán Cortés y justificarse de los cargos que a él también se le hacía de excesiva crueldad hacia los indios, lográndolo, por contar con el apoyo de Francisco de Cobos, Secretario de Carlos V.

Regresó a México en 1528, y dos años después a Guatemala. En 1534 preparaba una expedición marítima para ir en busca de las Islas de la Especiería, cuando tuvo noticias de qu Pizarro conquistaba el Perú haciéndose dueño de inmensas riquezas. Concibió entonces el proyecto de ser él el conquistador de aquella región, y para ello reunió tropas y armó una escuadra, utilizando medios expeditos y mal vistos –incluso en la época– para conseguir los recursos que necesitaba. Dicha expedición fracasó y vendió las naves a 100 000 pesos a Pizarro y a Almagro.

Sublevados los indios del Mixtón, derrotaron a los Españoles. Alvarado corrió en auxilio de Cristóbal de Oñate, el gobernador de aquella región. Los sublevados se habían hecho fuertes en el peñol de Nochistlán, del que quiso apoderarse Alvarado contra el parecer de Oñate. Iniciado el ataque el día 23 de junio de 1541, los españoles tuvieron que batirse en retirada y en ella Alvarado fue atropellado por el caballo de un soldado, muriendo al mes siguiente por las lesiones que recibió. Sus restos reposan hoy en Guatemala.

Su carácter, en exceso irascible, le suscitó diferencias con el gobernador del Yucatán, Montejo, y con el primer Virrey de México, don Antonio de Mendoza. La avaricia y crueldad que le atribuían, incluso sus compatriotas coétaneos, oscurecieron su excepcional valor y talento militar, haciendo que la Historia lo haya calificado con dureza. En más de una ocasión, para arrancar a los caciques las riquezas que poseían, les torturó de maneras inusitadas. A Cacamatzín, rey de Texcoco, le hizo echar pez ardiendo en el vientre. Tuvo en España un protector –Francisco de Cobos– que le salvó en más de una ocasión de que sus supuestas crueldades fuesen castigadas.

“…Alvarado siempre en primera línea y con comisiones de alta responsabilidad, no eludió nunca el peligro ni la dureza rayana en la crueldad cuando se trataba de la guerra. Él estaba perfectamente convencido de que cuando se guerreaba era para salvar la propia vida, y que para escarmentar a aquellas multitudes de paganos era indispensable amedrentados por la fuerza, que entre ellos no existía ni la sombra de la caridad cristiana ni de la lealtad hacia la palabra empeñada.”

VIDA Y MUERTE DE PEDRO DE ALVARADO

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