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Alonso Fernández de Lugo derrota a los Guanches en la Batalla de Aguere (14 de noviembre de 1494)

14 noviembre, 2017

Lápida conmemorativa en la Catedral de La Laguna, lugar donde reposan los restos de Alonso de Lugo.

En Tenerife, Islas Canarias (España) tiene lugar la Batalla de Aguere, batalla inicial que encarrilará definitivamente la conquista de la isla de Tenerife por los castellanos al mando de Alonso Fernández de Lugo, que se dará por concluida un mes más tarde de forma definitiva en el mismo Acentejo, en lo que se conoce como Segunda Batalla de Acentejo (ya que la primera había tenido lugar un año antes con la derrota de Fernández de Lugo, en lo que fue el mayor desastre castellano durante la conquista del archipiélago Canario), donde perecerán gran parte de los guerreros guanches y sus capitanes.

Con ello se terminará con el último foco importante de la desesperada resistencia guanche a la Conquista de las Islas Canarias por parte del Reino de Castilla.

Alonso Fernández de Lugo, nacido en Sanlúcar de Barrameda, c. 1456 y fallecido en San Cristóbal de La Laguna, el 20 de mayo de 1525, fue un hidalgo y conquistador castellano-andaluz responsable de la incorporación definitiva de las islas Canarias a la Corona de Castilla en el siglo XV.

Participó en la conquista de Gran Canaria y capitaneó las de La Palma y Tenerife, de las que sería gobernador. También fue nombrado por los Reyes Católicos capitán general de Berbería «desde el cabo de Aguer hasta el de Bojador» y Adelantado de las islas Canarias.

Aunque siempre se ha ensalzado, y con razón, la personalidad de Alonso Fernández de Lugo, las vaporosas y delicadas costumbres modernas se escandalizan con su proceder.

El historiador Antonio Rumeu de Armas definió a Lugo de la siguiente manera:

“Alonso de Lugo no es mejor ni peor que otros conquistadores de la tierra. Tiene virtudes de unos y defectos de otros y viceversa. Su retrato podría ser éste: valiente hasta rayar en la temeridad; es decir, más esforzado que buen capitán, mejor soldado que estratega —ello explica algunos de sus fracasos—; ambicioso, y como tal, andariego e inquieto; rebelde unas veces, sumiso y obediente otras, según las circunstancias. (…) Es el modelo de los conquistadores de todas las épocas, con todas las virtudes y vicios inherentes al cargo…”

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