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La primera Revolución

17 agosto, 2015

Como les dije hace unos días, acontecimientos personales, nacionales y mundiales recientes han dado por finalizada mi necesidad de escribir desde el anonimato. Así que ya no usaré más mi pseudónimo “JC Conde de Orgaz”. A partir de hoy seguiré escribiendo estos discursos con los temas de siempre, con mi verdadero nombre: José Carlos Parada.

Aunque, más que escribirlos, los conversaré con ustedes a través de pequeños audiovisuales que espero tengan una duración promedio de 15 minutos. El vídeo con el que empezaremos este nuevo caminar, por razones excepcionales dura 20 minutos. Espero que no les parezca intolerablemente largo.

Es mi pretensión, de ahora en adelante, hacer un recorrido por la historia de la humanidad desde sus orígenes hasta la actualidad. Espero les guste y que sepan pasar por alto varios defectos técnicos propios de una obra hecha con medios insuficientes y caseros. Les recuerdo además que sus comentarios son bienvenidos.

TRANSCRIPCION

En la aurora de la humanidad, en los comienzos de la especie humana, cuando la población mundial ascendía sólo a dos, los seres humanos se rebelaron a una en contra de Dios –su Creador– rechazando sus dones y el llamado que Éste les hizo a participar de su vida divina.
Desde nuestro moderno ambiente de comodidades superfluas, lecturas inexistentes o frívolas, pantallas y tonterías, nos es difícil, francamente arduo, hacernos una idea –ni siquiera una vaga– del impacto deletéreo que tal rebelión significó para la humanidad en su conjunto y de lo calamitosa que fue esa catástrofe para el universo creado. Así como todos aún llevamos al ADN mitocondrial de nuestra primera madre, Eva, también cargamos cada uno de nosotros con las fatídicas consecuencias de ese primer motín antinatural.
Entre otras nocivas secuelas, esa afrenta a Dios por parte de nuestros primeros padres descompuso nuestra biología, alteró de modo pernicioso nuestra equilibrada relación con el entorno, con el mundo creado, y perturbó profundamente el dominio que nuestra mente debía ejercer sobre nuestro cuerpo y sobre las facultades mentales inferiores (como la memoria y la imaginación). A raíz de este funesto suceso hemos quedado más inclinados al mal que al bien. Lo peor de todo es que nos privó de la participación de un gratificante nivel de vida superior: el sobrenatural.
Estábamos condenados. Preferimos –como humanidad– en ese momento, vivir como enemigos del buen Dios.
A pesar de los datos que la Revelación nos brinda no logro imaginarme –supongo que es imposible hacerlo con precisión– cómo habrá sido esa “Edad de Oro”, ese paradisíaco lapso previo a esa revuelta antinatural que hoy llamamos pecado original. Pero las primeras generaciones inmediatamente posteriores a nuestros primeros padres sí que se lo imaginaban claramente gracias a las vívidas descripciones y relatos que nacían en la boca de esos dos dolidos patriarcas. Digo dolidos pues, inmediatamente después de la caída, nuestros primeros padres se arrepintieron del colosal error que cometieron. ¿Por qué esa compunción no bastó para restituir el estado original de gracia y para empezar de nuevo como si nada?

Un callejón sin salida

Veamos por qué no bastaba. Si le hacemos un desaire a alguien, eso está mal. Pero si ese “alguien” no es cualquiera sino un amigo muy cercano que, además, nos acaba de salvar la vida (por ejemplo), el mismo menosprecio sería mucho más grave. La gravedad de nuestras acciones morales no dependen –por tanto– sólo de nuestra intención, sino también de la objetividad de las circunstancias. En el caso de las ofensas, la gravedad de éstas dependen de la dignidad del ofendido.
Pongamos otra analogía: la gravedad del daño que causo al lanzar una piedra no sólo depende de mi intención y fuerza al lanzarla, sino del valor del objeto que quiebro con la piedra. Si lo que rompo es el cristal de una ventana, con pedir disculpas y repararla equilibro la situación, pero si lo que se destroza es un jarrón de porcelana de la dinastía Ming con una enorme dosis de valor sentimental para el propietario, compensar la pérdida, equilibrar la situación, reparar el daño, probablemente exceda nuestras fuerzas y, aún cuando fueran aceptadas, nuestras disculpas no ayudarían mucho a olvidar del todo el asunto. Es de justicia reparar el daño causado, y Dios, que no es un ente arbitrario y enloquecido, piensa y actúa en las coordenadas de la justicia pues es infinitamente justo.
La humanidad, por tanto, al haber cometido una ofensa a Dios (de dignidad infinita) cometió un acto de gravedad infinita. Por otro lado, los daños de la misma acción eran de suyo –por la misma razón antes apuntada– infinitos. De lo anterior se sigue que para reparar el daño cometido –que es lo que exige la justicia– se necesitaba un arrepentimiento, una compensación, una satisfacción de carácter igualmente infinito. Y tal cosa era –es– imposible por parte de los seres humanos pues estos son, por naturaleza, finitos, limitados en su ser y en su actuar. En resumidas cuentas estábamos en un menudo problema causado por nosotros mismos, pero que no podíamos resolver por nuestras propias fuerzas. Además, los destrozos causados por el pecado original nos habían dejado, como especie, sometidos al Demonio (sí, amigos, el Demonio existe).

“Él aplastará tu cabeza”

Dios, infinitamente justo pero también inconmensurablemte misericordioso, decidió acto seguido resolver el embrollo. Porque hay que aclarar que esa idea macabra pero tan en boga de un Dios frío, distante e indiferente a sus criaturas, es sólo una caricatura sin fundamento racional suficiente creado por filósofos empiristas del siglo XVIII y vulgarizado para consumo de las masas por Voltaire y otros de su calaña, una caricatura muy distinguida por su origen, tal vez, pero vulgar, burda y desesperanzadora en su lógica interna. Dios –que en realidad es amor infinito– decidió aceptar el arrepentimiento de sus criaturas y se ofreció para pagar Él mismo el daño ocasionado por las ofensas de los hombres.
Pero para que la satisfacción, para que la reparación del daño, para que el rescate pagado fuera justo, éste debía proceder del ofensor (el ser humano mismo), por lo que Dios decidió asumir la naturaleza humana y hacerse un hombre como nosotros, para poder actuar así en nuestro nombre con toda legitimidad. Así, una Persona que sería plenamente Dios y plenamente hombre al mismo tiempo, en representación del género humano al que pertenecería, pagaría con su omnipotencia propia de su naturaleza divina, el rescate infinito necesario para salvarnos, redimirnos de la esclavitud del pecado y del Demonio, y abrirnos las puertas de la vida sobrenatural de nuevo.
Con este propósito, Dios prometió, poco después de rayar el día de la humanidad y consumado que fue el pecado original, la futura llegada de un Salvador, de un Ungido… del Χριστός (Christós). Adán y Eva después de probar el fruto prohibido escucharon cómo Dios dijo al Demonio, que tomando el aspecto de una serpiente había instigado a la rebelión:

“Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza, y tú le morderás el calcañal”
(Gen. 3:15).

Así Dios condenó a Lucifer y aceptó el arrepentimiento de nuestros antepasados prometiendo que llegaría el día en el que un descendiente de “la Mujer” aplastaría la “cabeza” del Demonio que indujo la revuelta humana. Es interesante cómo se refiere al Mesías como “linaje de la mujer,” lo que nos preanuncia suu milagroso nacimiento de “la Mujer” que concibió al Mesías sin participación de hombre. Esto se deduce de la antigua costumbre de llamar a los descendientes según el padre y no la madre.

Larga espera de la mano de la tradición

Estos relatos sobre la Edad Dorada, el amanecer y la caída del hombre, la expulsión del paraíso y la promesa de un Mesías, de un futuro redentor, se fue transmitiendo verbalmente de generación en generación en la medida en que nuestra especie humana iba recorriendo los caminos y poblando la tierra. De nuevo: es difícil para nosotros –estranguladas como están nuestras inteligencias por las pantallas digitales, los cables y el wi-fi– es difícil, decía, que nos hagamos en nuestras circunstancias una idea correcta de la solidez y confiabilidad de la tradición oral llevada a hombros por la memoria de los poetas y cantores.
Esta tradición de estos relatos y de otros habría llegado hasta nosotros con fidelidad digital, si no fuera por la debilidad del espíritu humano y su naturaleza caída con toda la inclinación a la soberbia y a las cosas pedestres y malas que conlleva. La naturaleza caída nos hace incómodo estarnos enfrentando constantemente con nuestras deudas, errores y defectos. Así que esta tradición fue olvidándose, dejándose de lado paulatinamente y ocultándose tras versiones en las que la imagen de Dios se edulcoraba o se eclipsaba tras mitos más convenientes al libertinaje y a la vanidad humanas.
Y es que entre la promesa del Salvador y su llegada pasó mucho tiempo. No debe extrañarnos eso, pues la llegada del Mesías estaba orientada a restaurar la delicada constitución más íntima del ser humano como especie, tanto en su espíritu como en su cuerpo, como ya lo he indicado, lo que implicaba también la redención de un transtorno cosmológico, pues el hombre había sido creado como cúspide del universo material.
Pero, más importante que ello, la venida del Redentor tenía relación directa con la dignidad de Dios, que había sido afrentada y que, como ya hemos dicho, es de proporciones infinitas y que hacía conveniente que Dios se hiciese Hombre en una misma y sola Persona que conservara intactas simultáneamente su naturaleza divina y su naturaleza humana. Esa operación, por llamarla así, ameritaba una logística –hablando en términos terrestres– de dimensiones olímpicas. Como diría después un profeta, era necesario
“…trazar un plan maravilloso, llevar a un gran acierto…”
Isaías, 28:29
La plenitud de los tiempos
En todo caso no se trataba de soplar y hacer botellas. Asimismo, la misión del Dios hecho Hombre, del Χριστός, en la Tierra –una vez estuviere con nosotros– iba a significar el despliegue complejo de múltiples actividades que en su conjunto constituirían la más importante y emocionante aventura de todos los tiempos. Para que tal aventura redentora encontrara un campo fértil en la humanidad, que por supuesto debía acogerla voluntariamente, ésta debía encontrarse en su punto.
La humanidad debía, antes de la llegada del Χριστός, desarrollar hasta sus más altas expresiones posibles todas y cada una de sus facultades.
En cuanto a su facultad de procrear debía haber, hasta cierto punto aceptable, henchido la Tierra. Sus facultades intelectivas debían haber intentado alcanzar la verdad en los diferentes dominios del saber hasta donde sus propias fuerzas naturales –heridas– se lo permitieran. El ejercicio de su voluntad debía ya estar familiarizada con los fantásticos extremos de lo imposible. La sensibilidad humana, después de haber recorrido el mayor número de caminos posibles en su búsqueda de lo estético, debería ser capaz de elaborar un mapa mental comúnmente compartido sobre lo bello. El dominio del hombre sobre las fuerzas de la naturaleza, debía ya para el tiempo de la Venida, haber sufrido las suficientes derrotas y haber experimentado los suficientes éxitos como para que la humanidad –orgullosa de las facultades dadas por Dios, estuviese lista para un nuevo comienzo. Y finalmente debía imperar, hasta donde las débiles fuerzas del hombre le permitieran, debía reinar la paz, lo más intensa y extensamente posible.
En suma, había que preparar, y esperar, la plenitud de los tiempos.

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9 comentarios leave one →
  1. 17 agosto, 2015 8:32 PM

    Muy interesante le felicito y excelente video si me resulto muy importante ya que si es cierto de que los seres humanos somos finitos y limitados y a pesar de las consecuencias que tuvo que Ada y Eva tuvieran el pecado de la soberbia para ser igual o mas poderosos que Dios y por eso heredamos el pecado original y somos mortales Dios con su infinita misericordia y poder nos puede salvar y como los seres humanos somos mas proclives al mal que al bien Dios puede salvar nuestras almas saludos y adelante. Te felicito.

  2. Eme Castillo permalink
    18 agosto, 2015 9:39 AM

    Muy contenta de estar nuevamente en la Sala de La Signatura Jose Carlos y me parecio super nice el video aunque tu digas de defectos tecnicos pero ni se notan! Ahora al tema, con toda seguridad muchos se preguntarán, cómo este evento protagonizado por los primeros padres, que sucedió hace alrededor de seis mil años, ha afectado a todos los seres humanos que han nacido en este mundo y afectará a todos los que nazcan hasta el fin del mismo, que se producirá en la segunda venida de nuestro Señor Jesús. Puesto que, desde que el hombre existe en este planeta, la maldad, la violencia en todas sus manifestaciones, el dolor, el sufrimiento y la muerte son realidades que a nadie se le ocultan, no incidiremos más en ello. Nuestro propósito es demostrar con la Biblia, que todo lo anterior son consecuencias del pecado original de nuestros primeros padres, y que éste se hereda o transmite de padres a hijos.
    Salmos 51:5: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.”
    En conclusion: El dolor, el sufrimiento, la violencia en todas sus formas, la maldad y la muerte son hechos reales de este planeta tierra. La Biblia afirma que todo ello es consecuencia del pecado original y, por extensión, de todos los pecados individuales de todas las personas. No existe ni un solo justo en la tierra. Todos hemos pecado, y nacemos en pecado con una naturaleza pecaminosa consecuencia del pecado original.
    Siempre disfruto y aprendo con tus interesantes temas amigo Jose Carlos! saludos

  3. 18 agosto, 2015 1:04 PM

    JC tan sencillo y simple que es genial, me alegra que uses tu nombre también pienso que tenes tanto que aportar a nuestra patria, a nuestra gente, al mundo entero que era imprescindible que apareciera el hombre tras la mascarada. Gracias por compartir tu conocimiento.

  4. Roci Lopez permalink
    18 agosto, 2015 10:45 PM

    Excelente!!!!!! Quiero que sigas compartiendo conmigo tus conocimientos …. saber que existen jóvenes talentosos y con sabiduría que pueden con pocas palabras transmitir una enseñanza tan grande ….. eres genial.

  5. 20 agosto, 2015 3:34 AM

    Yo creo que los Humanos somos violentos por naturaleza, no importa si creemos en Dios o no … Homo homini lupus una verdad grande en un idioma raro :D.

    Jc te llamas igual que yo. solo que tengo un nombre mas jejeje..

    con lo del video Ta bien .. cuando a uno le gusta lo que hace, no importa lo tedioso de la creacion del contenido, y mas lo que viene despues editar, y subir un video de 20 minutos con nuestras conexiones del carajo… es horrible …. (a menos que tengas una velocidad de subida buenisima)

    Solo unos consejos … YOUTUBE es UNA M13R$D4 !!!! …. te va mandar al carajo muchos videos por la musica.. hacete de una buena base de musica libre para evitar eso… (mucha musica clasica tiene derechos de quien sabe y te pueden joder o eliminar los videos por eso),,,,

    para mejorar la calidad de la imagen Graba en RAW (o una calidad super pesada) luego Renderizalo eso baja el peso del archico pero mantiene calidad de imagen.

    Con el Auido ( Tu voz) no dejes solo el de la camara , si podes conseguite un microfono o graba con el manos libres del celular el audio en un archivo a aparte… luego lo pones en el video y Wala se va entender mejor…..

    Bueno eso es lo poco que te podria aconsejar de esto de los videos ( si se puede dale importancia al primero que duele cuando te joden un trabajo que tanto cuesta hacer por estupideces como esa…..

    por lo demas Animos Tocayo y Segui adelante….

    PD: Pareces un maitro salesiano que conozco jejejeje pero ese es otro pisto
    Saludos y Adelante

  6. amdg permalink
    22 agosto, 2015 1:50 PM

    Brrrrr No me gustan los vídeos por el tiempo que hay que emplear viéndolos, no digamos haciéndolos… Pero tengo que decir que está muy bien.

  7. 26 agosto, 2015 10:56 PM

    Si una imagen vale mas que mil palabras, una presentacion audiovisual vale mas que un millon. He disfrutado con mucha satisfaccion el primer video de un formato excelente, ingenioso, intersante, y atractivo. Gracias, JC, por conversar con nosotros y guiarnos por el callejon historico de la humanidad.

  8. 7 diciembre, 2015 11:23 AM

    Partir de un relato eclesiástico del origen de la especie humana, es un analices escaso de información, es ignorar que existen otras dimensiones, que el mundo de Euclides es lo único que existe y que pueden percibir nuestros cinco sentidos degenerados y que las condiciones naturales de la especie son las actuales, ignorar que existe la evolución y la involucion, leyes universales creadas por Dios.

    • 1 septiembre, 2016 12:26 PM

      Fernando: ¿Relato eclesiástico? ¿el Génesis? Creo que cometes un error. ¿Dices que el “mundo de Euclides” es el único que existe? Y entonces por qué dices al final de tu comentario que Dios creó Leyes Universales?. ¿Es que acaso crees que Dios es una figura geométrica? El mundo (geométrico) de Euclides no es ciertamente el único que existe. Eliminar las Sagradas escrituras del estudio de la antigüedad es mutilar sin razón nuestro conocimiento de ella. ¿Por qué habríamos de excluirla? Dime.
      Gracias por venir y comentar, te lo agradezco.
      José Carlos Parada

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