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Un sereno pero intenso deseo por la muerte. Parte II

3 febrero, 2012

Contenidos

  1. Un collage perfectamente integrado de lo mejor de lo mejor
  2. Diseccionando el Kyrie: primera parte
  3. Segunda y cuarta parte
  4. Tercera parte del Kyrie
  5. Los desmayos de los curitas perdidos

Este discurso es la segunda parte de una serie que da comienzo acá.

“La Misa en Si Menor es la consagración de una vida entera (…). Este trabajo monumental es la síntesis de cada contribución estilística y técnica que el Cantor de Leipzig hizo a la música. Pero también es el más sorprendente encuentro espiritual entre los mundos de la Glorificación Católica y el culto Luterano a la Cruz”

Alberto Basso, Historiador de la Música

Un collage perfectamente integrado de lo mejor de lo mejor

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Una de las curiosidades de la Gran Misa Católica en Si Menor es que Bach no la compuso en una “sentada”, más bien fue una reconstrucción de lo mejor que había hecho en su vida, adaptando cada una de las piezas que iba escogiendo para darle unidad técnica y de propósito. Es decir que Bach revisó su obra completa de toda su vida en los días previos a su muerte para estructurar esta Misa en Si Menor.

Resultó, de esa manera, una quintaesencia de su música, lo más puro de su teología, y un extracto refinado del arte que Bach sopesó en retrospectiva. Luego de adaptar, copiar o componerlas à propos, reunió las piezas en una obra completa dejando en evidencia que el cuidado para “redondear” las diferentes piezas en un único contexto fue tan arduo como exquisito.

Vamos a escuchar, si gustan, la parte introductoria de esta Misa que corresponde a la parte en la que los fieles dicen “Señor ten piedad de nosotros”. En la actualidad –y de modo impropio– esa plegaria se pronuncia en lengua vernácula (es decir, en castellano, en nuestro caso). Digo impropio, pues siendo una de las más antiguas partes de la liturgia cristiana, es la única parte de esa liturgia que ha sobrevivido en su griego original. De esa manera, en lugar de suplicar: “Señor ten piedad de nosotros”; se dice (o se debería decir más bien): Κύριε ἐλέησον (Kyrie Eleison), cuya connotación en el griego original es más rica de lo que sugiere su atropellada traducción al español. Kyrie Eleison es algo así como: “¡Oh Señor! ¡estás siendo misericordioso!” dado que el griego antiguo es una lengua más activa que pasiva.

Digamos que cantar en Misa “Señor ten piedad de nosotros” en castellano, y con una tonada pop o cumbia (se usa, sí, se usa), acompañada de guitarras, en lugar de hacerlo en griego y con una melodía gregoriana, bizantina o polifónica, es como interpretar a los Beatles cantando Carry That Weight en castellano y acompañados de una chanchona: es –por decir lo menos– de pésimo gusto. He ahí las ocurrencias a las que nos acostumbramos.

Bach –a diferencia nuestra– resistió durante toda su vida la inercia pietista (vulgarizadora) que aconsejaba dejar de lado lo clásico, el buen gusto y la sofisticación al momento de rezar cantando, así que para rezar esta sencilla plegaria, Kyrie Eleison, Bach acude a la forma coral polifónica, en un sólido haz de fugas, para representar así la devoción colectiva y no solo la individual. Veamos…

Diseccionando el Kyrie: primera parte

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Aunque lo correcto es dividirla en dos partes, la pieza, de 11 minutos de duración, la dividiremos, en La Sala de la Signatura, en cinco partes, para facilidad de nuestros lectores. Una parte coral inicial de 4 compases (las partes de la partitura divididas en líneas verticales), una segunda instrumental de 25 compases; una tercera parte coral en la que Bach nos regala una sensacional fuga a cinco voces, de 43 compases; otra instrumental intermedia de 8 compases; y una parte final serenamente apoteósica de 46 compases. Por cuestiones de espacio y tiempo nos abstendremos de detallar la quinta parte pues, además, habla por sí misma.

No es arbitraria esta cantidad de compases. Si los reunimos todos, da un total de 126 compases, dígitos que sumados dan 9 (1+2+6=9). El nueve simboliza a la Santísima Trinidad (3+3+3). Hay que decir que Bach (ésta es una sencilla muestra) daba la mayor de las importancias a esta simbología numérica (muy pitagórica) en su música, aunque eso es material para discurrir en otra ocasión.

La primera parte de 4 compases es breve. Su primer compás, que dice una vez “Kyrie” se escucha así:

(audio de 8 segundos de duración)

Su segundo compás, que repite “Kyrie” mientras otras voces dicen “eleison” al mismo tiempo, se escucha así:

(audio de 9 segundos de duración)

Éste es el tercer compás en donde unas voces (las bajas) dicen “Kyrie e…” y los sopranos simultáneamente dicen“eleison”:

(audio de 7 segundos de duración)

Y éste es el cuarto compás en donde las cinco voces, casi al unísono y perfectamente coordinadas, cantan “…eleison”:

(audio de 13 segundos de duración)


En resumen, la primera parte, integrada y de corrido, se escucha así (audio de 37 segundos de duración):


Segunda y cuarta parte

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La segunda y la cuarta parte son interludios instrumentales en donde se lucen violines, violochelos, flautas traversas y oboes, hilvanando una suave, solemne y pausada melodía. Escuchemos la cuarta parte:

(audio de 38 segundos de duración)

Tercera parte del Kyrie

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Lanzada en 1977, la sonda espacial Voyager I, a una velocidad tal que le daría la vuelta al mundo en poco menos de una hora, vuela ahora en las afueras de nuestro sistema solar a 17,490 millones de kilómetros de donde estamos (unas 116 veces la distancia media entre la Tierra y el Sol. Además del hecho de que está misteriosamente desacelerando (lo que podría poner en entredicho los descubrimientos de Newton y de Einstein), es también curioso (¡vaya ocurrencias!) que lleva en su interior un disco de música para los hipotéticos extraterrestres que lo encuentren.

Si esos imaginarios extraterrestres, a los que la industria cinematográfico-televisiva nos ha obligado a representárnoslos buenecitos y más inteligentes que nosotros, no deciden primero aprovechar la imprudente información que el disco provee sobre nuestra ubicación en el sistema solar para destruirnos, lo que más llamará la atención a los ficticios alienígenas que lo escuchen es que el compositor más repetido en las pistas es, precisamente, Juan Sebastián Bach.

Hace algunos años, Dan, un lector y comentarista de esta bitácora, nos dijo acerca de la Misa en Si Menor de Bach:

“…comparto la idea de que se trata de la obra musical más excelsa de este mundo…el cuarto minuto del kyrie en el que ingresa el bajo y la fuga a 5 se completa debió ir en el disco de oro que la voyager llevó al espacio…”


En un probablemente excesivo, pero comprensible entusiasmo que comparto plenamente, Dan se refería a la tercera parte de este Kyrie que estamos ahora diseccionando.

La tercera parte del Kyrie es una fuga a cinco voces que comienza con los tenores. Once segundos después (en el video de abajo) ingresan los Altos. En los segundos 33 y 45 del mismo video entran secuencialmente los dos grupos de sopranos y, finalmente, al minuto y 17 segundos de la pieza, se incorporan los bajos.

Esa fuga en desarrollo –si se escucha con atención y persistencia– es sencillamente beatífica. Pero en realidad, sólo es el prolegómeno del minuto siguiente, en donde los cinco coros se hilvanan en una extática caricia de la Piedad y Misericordia Divinas (segmento que va, en el video de abajo, desde 1:17 al 2:21).

Escuchemos, (siguiendo las partituras vocales) la tercera parte del Kyrie (video de 3 minutos con 45 segundos):

Veamos y escuchemos la pieza completa de corrido en este video (video de 11 minutos de duración)

Los desmayos de los curitas perdidos

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Decía al principio de esta serie de artículos que durante veinte siglos, la música –en el desarrollo de la liturgia católica– era de una importancia fundamental.

Eso se acabó. Las indicaciones taxativas del Concilio Vaticano II cayeron en el saco roto de la decadencia y el modernismo pedestre.

Decía bien Modest Moreno i Morera, destacado organista y pedagogo:

Nos hemos acostumbrado (expresión que no favorece en nada a la Cultura, por lo que de rutinario y decadente significa) a la música escamoteada de su contexto y —en la mayor parte de los casos— funcionalidad. Las misas (como género musical) ya no pueden cantarse durante el Sacrificio de la Misa; ya no hay “tiempo”; ya no hay “espacio” y ya no hay “paciencia” por parte de nadie: celebrante, concelebrantes y feligreses, para oír nada de calidad y que valga la pena, al menos musicalmente y sobre todo en nuestro país.


Cuando se enteró que la misa de mi matrimonio –tal como lo prescribe el Concilio Vaticano II– iba a ser en latín y que la música iba a ser gregoriana y polifónica (La Misa en Si Menor de Bach, para ser precisos) al curita que me prestó su parroquia para la ceremonia le dió patatús. Lo único que impidió que tramitara mi excomunión fue lo súbito y prolongado de su desmayo.

Es una lástima que los que nacimos después de 1965, no sepamos lo que es liturgia católica de verdad… ni por asomo. Ni por asomo.

Continuará…

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12 comentarios leave one →
  1. 17 julio, 2009 8:42 AM

    y al final la misa de tu boda fue en latin? pues hubiera sido bueno conocerte antes para que me invitaras!

    muy muy muy interesante tu post

    saludos JC!

    • 4 febrero, 2012 6:40 AM

      @Nora Astrid:

      Si te hubiera conocido en ese entonces te habría –por supuesto– invitado con gusto. Gracias por venir y comentar

  2. 25 julio, 2009 8:15 AM

    Impresionante. Esperamos la continuación de esta serie gloriosa.Cuando vengas por aquí podrás participar en algunas mesas en latín, JC. Ya sabes.

    • 4 febrero, 2012 6:41 AM

      @AMDG:

      No esperaba continuarla, pero ahora que lo mencionas lo haré.

  3. Noemy permalink
    4 febrero, 2012 9:28 AM

    JC.
    Nuevamente agradezco este aporte a mis pocos conocimientos sobre este tema. ¡Honestamente!, escuchar esta mùsica, asì, ¡a lo bestia!, sin intelectualizarla, hace que una sensaciòn de paz y regocijo interno afloren en mi ser; (es decir que se calma mi bestia interior) .
    Pienso que si en alguna iglesia catòlica durante la misa se escuchara este tipo de mùsica, quizà entonces yo asistirìa màs a menudo; como escribiste tù, en una ocasiòn, a escuchar misa y a “rezar”, pues, al menos por un instante ese ambiente de solemnidad podrìa ser un verdadero alimento para mi espìritu.
    Agradezco la didàctica y tu esfuerzo por darnos a conocer a travès de este medio, de una forma sencilla, algunos aspectos sobre la mùsica de Bach.
    Particularmente pienso, que ……..”La decadencia y el modernismo pedestre”, quizà sean estrategias màs efectivas para llenar espacios, màs no asì para calmar la sed de algunas almas que por diversas razones buscamos siempre un poco màs, pero como bien decía Modest Moreno i Morera, ya no pueden cantarse durante el Sacrificio de la Misa; ya no hay “tiempo”; ya no hay “espacio” y ya no hay “paciencia” por parte de nadie: celebrante, concelebrantes y feligreses, para oír nada de calidad y que valga la pena, al menos musicalmente y sobre todo en nuestro país.”.
    Es una pena, realmente lo es……
    Y finalmente, para satisfacer mi curiosidad y la inquietud que te expresò Nora Astrid, la misa de tu matrimonio se oficiò en latín y la música fuè gregoriana y polifónica (La Misa en Si Menor de Bach)?????. Porque si lo lograste, entiendo perfectamente el desmayo o patatùs del sacerdote!!!!.
    Feliz fin de semana para ti y tu familia.

    • 4 febrero, 2012 10:50 AM

      Gracias por venir, Noemy. Tus visitas y comentarios hacen que escribir valga la pena:

      Dices: “…hace que una sensaciòn de paz y regocijo interno afloren en mi ser; (es decir que se calma mi bestia interior)…”

      Es ese exactamente el efecto que Bach causa en mí (nada más que mi bestia es tan arisca que sólo se aquieta un poquito nada más, pero eso no es culpa de Bach) jajajjajaa “mi bestia interior” jajajajaj ¡Buenísimo!

      “…Pienso que si en alguna iglesia catòlica durante la misa se escuchara este tipo de mùsica, quizà entonces yo asistirìa màs a menudo; como escribiste tù, en una ocasiòn, a escuchar misa y a “rezar”, pues, al menos por un instante ese ambiente de solemnidad podrìa ser un verdadero alimento para mi espìritu…”

      A eso te diría que tienes en cierta medida razón (ya lo he dicho yo mismo), pero también sirva tu comentario para que me permita la reflexión siguiente: la música, su solemnidad, es el envoltorio de algo sagrado (por eso es bonita y por eso es solemne). Es la forma de un contenido preciso. Y la excelencia de la forma deriva de la excelencia del contenido. Cuando a algún imbécil se le ocurre prescindir de las formas solemnes y excelentes para revestir el contenido con basura o algo similar (cumbia para el caso –se da Noemy, se da–) presenciamos una especie de “crimen litúrgico” como creo lo llamaba un comentarista en el discurso anterior, sin embargo, aunque pase desapercibido, el contenido permanece. Cuesta percibirlo, pero allí está. Nos la ponen difícil eso de rezar y admirar el milagro al que presenciamos, pero tal milagro sucede.

      Si te regalan un anillo de diamentes envuelto en papel higiénico usado, te quedas desconcertada ante la falta de fineza –actitud ofensiva diría yo– del donante, pero te topas con la paradoja de que dentro va –indebidamente envuelto– nada más ni nada menos que un anillo de verdadero diamante. Produciría ese extraño ejemplo, en uno, una paradójica y contradictoria mixtura de emociones extrañas. Así me pasa a mi. Ir a la Santa Misa sin que me de dolor de cabeza y sin que me resista –mordiéndome los labios– a gritarles ¿¡Qué demonios están haciendo!?, es para mi imposible. Pero me tengo que aguantar, pues además de que yo no soy nadie para andar reclamando (tengo suficientes defectos en mí mismo para entretenerme tratando de resolverlos), lo cierto es que con los bueyes que se tienen hay que arar.

      No sé si me explico. De lo contrario, uno se pierde de contenidos valiosos. Más valiosos que un anillo de diamantes.

      Dices: “…Agradezco la didàctica y tu esfuerzo por darnos a conocer a travès de este medio, de una forma sencilla, algunos aspectos sobre la mùsica de Bach…”

      Gracias Noemy, pero no es para tanto, cualquier Jack el Destripador podría hacerlo: sólo se trata de partir la música en pedacitos. Mi inexistente educación musical formal no me da para más, pero me alegro –de verdad– de que nos sirva un poco.

      Dices también: “Particularmente pienso, que ……..”La decadencia y el modernismo pedestre”, quizà sean estrategias màs efectivas para llenar espacios, màs no asì para calmar la sed de algunas almas que por diversas razones buscamos siempre un poco màs”

      Los hechos parecen darte la razón con eso de “llenar los espacios”, al ver las iglesias llenas (sobre todo los domingos), sin embargo me resisto a creer que la gente se iría si celebraran la Santa Misa como Dios manda. A veces creo –aunque puedo equivocarme, por supuesto– que la disminución del porcentaje de católicos en favor del crecimiento de otras denominaciones más emocionales, más “pop”, más “alegres”, más sentimentales, con más “participación del fiel”… se debe a que la Iglesia Católica quiere imitar a estas denominaciones. Y las personas no se engañan; una vez oculto el contenido, prefiero –en igualdad de circunstacias– el envoltorio “moderno” auténtico (el de las denominaciones evangélicas) que el envoltorio “chabela”…

      Dices: “…Y finalmente, para satisfacer mi curiosidad y la inquietud que te expresò Nora Astrid, la misa de tu matrimonio se oficiò en latín y la música fuè gregoriana y polifónica (La Misa en Si Menor de Bach)?????. Porque si lo lograste, entiendo perfectamente el desmayo o patatùs del sacerdote!!!!…”

      Sí. Así fue. Contraté a unos audaces músicos de la Orquesta sinfónica de aquí (después de haber recibido varios rechazos por lo dfícil del encargo). Trabajé con ellos en la adaptación de las partituras. Adaptación a pocos y los indispensables instrumentos y al mínimo de voces necesarias, por un lado (para adaptarlo a mi limitado presupuesto, sobre todo). Y por otro, la adatación a tiempos menores de cada pieza (En mi Misa no se iban a tragar un Kyrie de 11 minutos, así que tuvimos que recortar aquí y allá). Cuando digo, “trabajé con ellos” es los ví trabajar enfrente de mi, pues como ya he dicho, mis elementales y primitivos conocimientos musicales no me permitieeron otra cosa que sugerir ideas y aprender mucho. También asistí a cada uno de sus ensayos hasta que fue la Misa. Me absorbió tanto esa cuestión que se me olvidó– por ejemplo– invitar a mi tía preferida a mi boda…

      Por supuesto que no le advertí al cura de la parroquia que mi misa iba a ser en latín (como Dios manda) pues entonces no me la habría prestado la Iglesia. Aquí el latín y la cultura clásica aplicada a la fe, está vista peor que una herejía, algo así como satánico. Creo que son prejuicios, en un clero golpeadísimo por la crisis de la Iglesia de los últimos cincuenta años, insuperables al menos a corto y mediano plazo. Tuve que buscar un cura que sí supiera latín (la lengua oficial de la Iglesia) y creeme no fue fácil. Tuve que traerlo de otro país y hasta él se resistió a oficiarla en latín hasta el último momento. No fue fácil.

      Eventualmente (ya cuando era tarde) el cura que me prestó la parroquia se enteró del “aquelarre” que había tenido lugar bajo sus propias narices y entonces exclamó: “¡Es que no han leído el Concilio Vaticano II!” Jéh

      No fue fácil, pero se dio.

      Una delicia conversar contigo, Noemy. También feliz fin de semana para ti y tus bellos hijos.

      JC

  4. 4 febrero, 2012 3:31 PM

    De nuevo un interesante artículo JC, estoy de acuerdo con la analogía de los Beatles, aunque, con respecto a los rituales religiosos como tal, en definitiva es mucho mejor en el idioma nativo de las personas que lo escuchan.

    Muchas gracias por estos artículos.

    • 4 febrero, 2012 4:49 PM

      Hola Alberto:

      Si no hay una tradición de veinte siglos detrás de un ritual, está bien que sea en idioma vulgar.

      Pero si hay una tradición de 20 siglos detrás (y hay contadas cosas que tienen ese beneficio), para eso están los misales con traducción. Así funcionó siempre, y –créeme– es perfecto. La analogía de los Beatles lo explica todo. Pero, bueno… Estamos en otros tiempos en los que el buen gusto y el devoto amor a la tradición de los padres cede siempre a la pereza y a la comodidad. ¿Qué le vamos a hacer?

      Por otro lado cada quien reza como le de la gana. Lo que estoy expresando es un sentir personal (que en mí es convicción) que fundamento en la Historia y en la tradición secular de una civilización.

      De espiritualidad personal no me gusta mucho hablar, pues soy menos que un aprendiz en eso. Es inevitable rozar con esa camisa de once varas cuando uno habla de Filosofía, de Historia y de Música, pero estoy seguro de que abundan las personas que talvez no tengan lo que yo llamo “buen gusto” y cuya relación con Dios es óptima, en todo caso mucho mejor que la mía pues en eso soy un desastre. Solo hablo del envoltorio. De lo que hay en el corazón de las personas solo Dios sabe.

      Gracias por venir Alberto, siempre me pones a pensar y por eso eres bienvenido. Ya te mande mi teléfono a tu inbox de Facebook.

      Saludos

      JC

  5. 5 febrero, 2012 1:32 PM

    Gracias por explicar tanta belleza JC, un abrazo bro☼

    • 5 febrero, 2012 1:38 PM

      Gracias a ti por venir y por ser tan indulgente con nosotros, Fredy. Saludos.

  6. Mercy permalink
    5 febrero, 2012 8:50 PM

    Mil gracias JC, es un tópico exquisito a la lectura…me impresionó muchisisimo.
    Quiero agradecerte infinitamente que me invites a tan nutritivas lecturas y sobre todo que desarrolles estos temas con claridad y elocuencia.
    Humildemente en España, fui a una boda y escuchè la hermosa melodía de Bach…fue lindisima y te felicito que en tu boda hayas escogido esa melodía…bueno no es para menos viniendo de una persona tan culta como tú.

    Miles de bendiciones JC!!!

    • 5 febrero, 2012 9:00 PM

      Eres buena persona, Mercy, por eso eres indulgente y condescendiente con lo que escribimos. Te lo agradezco infinitamente. Me alegra que te haya gustado. Que tengas una excelente semana. Saludos

      JC

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