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Un sereno pero intenso deseo por la muerte. Parte II

27 marzo, 2019

Contenidos

  1. Un collage perfectamente integrado de lo mejor de lo mejor
  2. Diseccionando el Kyrie: primera parte
  3. Segunda y cuarta parte
  4. Tercera parte del Kyrie
  5. Los desmayos de los curitas perdidos

Este discurso es la segunda parte de una serie que da comienzo acá.

“La Misa en Si Menor es la consagración de una vida entera (…). Este trabajo monumental es la síntesis de cada contribución estilística y técnica que el Cantor de Leipzig hizo a la música. Pero también es el más sorprendente encuentro espiritual entre los mundos de la Glorificación Católica y el culto Luterano a la Cruz”

Alberto Basso, Historiador de la Música

Un collage perfectamente integrado de lo mejor de lo mejor

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Una de las curiosidades de la Gran Misa Católica en Si Menor es que Bach no la compuso en una “sentada”, más bien fue una reconstrucción de lo mejor que había hecho en su vida, adaptando cada una de las piezas que iba escogiendo para darle unidad técnica y de propósito. Es decir que Bach revisó su obra completa de toda su vida en los días previos a su muerte para estructurar esta Misa en Si Menor.

Resultó, de esa manera, una quintaesencia de su música, lo más puro de su teología, y un extracto refinado del arte que Bach sopesó en retrospectiva. Luego de adaptar, copiar o componerlas à propos, reunió las piezas en una obra completa dejando en evidencia que el cuidado para “redondear” las diferentes piezas en un único contexto fue tan arduo como exquisito.

Vamos a escuchar, si gustan, la parte introductoria de esta Misa que corresponde a la parte en la que los fieles dicen “Señor ten piedad de nosotros”. En la actualidad –y de modo impropio– esa plegaria se pronuncia en lengua vernácula (es decir, en castellano, en nuestro caso). Digo impropio, pues siendo una de las más antiguas partes de la liturgia cristiana, es la única parte de esa liturgia que ha sobrevivido en su griego original. De esa manera, en lugar de suplicar: “Señor ten piedad de nosotros”; se dice (o se debería decir más bien): Κύριε ἐλέησον (Kyrie Eleison), cuya connotación en el griego original es más rica de lo que sugiere su atropellada traducción al español. Kyrie Eleison es algo así como: “¡Oh Señor! ¡estás siendo misericordioso!” dado que el griego antiguo es una lengua más activa que pasiva.

Digamos que cantar en Misa “Señor ten piedad de nosotros” en castellano, y con una tonada pop o cumbia (se usa, sí, se usa), acompañada de guitarras, en lugar de hacerlo en griego y con una melodía gregoriana, bizantina o polifónica, es como interpretar a los Beatles cantando Carry That Weight en castellano y acompañados de una chanchona: es –por decir lo menos– de pésimo gusto. He ahí las ocurrencias a las que nos acostumbramos.

Bach –a diferencia nuestra– resistió durante toda su vida la inercia pietista (vulgarizadora) que aconsejaba dejar de lado lo clásico, el buen gusto y la sofisticación al momento de rezar cantando, así que para rezar esta sencilla plegaria, Kyrie Eleison, Bach acude a la forma coral polifónica, en un sólido haz de fugas, para representar así la devoción colectiva y no solo la individual. Veamos…

Diseccionando el Kyrie: primera parte

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Aunque lo correcto es dividirla en dos partes, la pieza, de 11 minutos de duración, la dividiremos en cinco partes, para facilidad de nuestros lectores. Una parte coral inicial de 4 compases (las partes de la partitura divididas en líneas verticales), una segunda instrumental de 25 compases; una tercera parte coral en la que Bach nos regala una sensacional fuga a cinco voces, de 43 compases; otra instrumental intermedia de 8 compases; y una parte final serenamente apoteósica de 46 compases. Por cuestiones de espacio y tiempo nos abstendremos de detallar la quinta parte pues, además, habla por sí misma.

No es arbitraria esta cantidad de compases. Si los reunimos todos, da un total de 126 compases, dígitos que sumados dan 9 (1+2+6=9). El nueve simboliza a la Santísima Trinidad (3+3+3). Hay que decir que Bach (ésta es una sencilla muestra) daba la mayor de las importancias a esta simbología numérica (muy pitagórica) en su música, aunque eso es material para discurrir en otra ocasión.

La primera parte de 4 compases es breve. Su primer compás, que dice una vez “Kyrie” se escucha así:

(audio de 8 segundos de duración)

https://www.dropbox.com/s/rtn86kzz0n5b71t/Kyrie01.mp3?dl=0

Su segundo compás, que repite “Kyrie” mientras otras voces dicen “eleison” al mismo tiempo, se escucha así:

(audio de 9 segundos de duración)

https://www.dropbox.com/s/rtn86kzz0n5b71t/Kyrie01.mp3?dl=0

Éste es el tercer compás en donde unas voces (las bajas) dicen “Kyrie e…” y los sopranos simultáneamente dicen“eleison”:

(audio de 7 segundos de duración)

Y éste es el cuarto compás en donde las cinco voces, casi al unísono y perfectamente coordinadas, cantan “…eleison”:

(audio de 13 segundos de duración)


En resumen, la primera parte, integrada y de corrido, se escucha así (audio de 37 segundos de duración):


Segunda y cuarta parte

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La segunda y la cuarta parte son interludios instrumentales en donde se lucen violines, violochelos, flautas traversas y oboes, hilvanando una suave, solemne y pausada melodía. Escuchemos la cuarta parte:

(audio de 38 segundos de duración)

Tercera parte del Kyrie

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Lanzada en 1977, la sonda espacial Voyager I, a una velocidad tal que le daría la vuelta al mundo en poco menos de una hora, vuela ahora en las afueras de nuestro sistema solar a 17,490 millones de kilómetros de donde estamos (unas 116 veces la distancia media entre la Tierra y el Sol. Además del hecho de que está misteriosamente desacelerando (lo que podría poner en entredicho los descubrimientos de Newton y de Einstein), es también curioso (¡vaya ocurrencias!) que lleva en su interior un disco de música para los hipotéticos extraterrestres que lo encuentren.

Si esos imaginarios extraterrestres, a los que la industria cinematográfico-televisiva nos ha obligado a representárnoslos buenecitos y más inteligentes que nosotros, no deciden primero aprovechar la imprudente información que el disco provee sobre nuestra ubicación en el sistema solar para destruirnos, lo que más llamará la atención a los ficticios alienígenas que lo escuchen es que el compositor más repetido en las pistas es, precisamente, Juan Sebastián Bach.

Hace algunos años, Dan, un lector y comentarista de esta bitácora, nos dijo acerca de la Misa en Si Menor de Bach:

“…comparto la idea de que se trata de la obra musical más excelsa de este mundo…el cuarto minuto del kyrie en el que ingresa el bajo y la fuga a 5 se completa debió ir en el disco de oro que la voyager llevó al espacio…”

 

En un probablemente excesivo, pero comprensible entusiasmo que comparto plenamente, Dan se refería a la tercera parte de este Kyrie que estamos ahora diseccionando.

La tercera parte del Kyrie es una fuga a cinco voces que comienza con los tenores. Once segundos después (en el video de abajo) ingresan los Altos. En los segundos 33 y 45 del mismo video entran secuencialmente los dos grupos de sopranos y, finalmente, al minuto y 17 segundos de la pieza, se incorporan los bajos.

Esa fuga en desarrollo –si se escucha con atención y persistencia– es sencillamente beatífica. Pero en realidad, sólo es el prolegómeno del minuto siguiente, en donde los cinco coros se hilvanan en una extática caricia de la Piedad y Misericordia Divinas (segmento que va, en el video de abajo, desde 1:17 al 2:21).

Escuchemos, (siguiendo las partituras vocales) la tercera parte del Kyrie (video de 3 minutos con 45 segundos):

Veamos y escuchemos la pieza completa de corrido en este video (video de 11 minutos de duración)

Los desmayos de los curitas perdidos

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Decía al principio de esta serie de artículos que durante veinte siglos, la música –en el desarrollo de la liturgia católica– era de una importancia fundamental.

Eso se acabó. Las indicaciones taxativas del Concilio Vaticano II cayeron en el saco roto de la decadencia y el modernismo pedestre.

Decía bien Modest Moreno i Morera, destacado organista y pedagogo:

Nos hemos acostumbrado (expresión que no favorece en nada a la Cultura, por lo que de rutinario y decadente significa) a la música escamoteada de su contexto y —en la mayor parte de los casos— funcionalidad. Las misas (como género musical) ya no pueden cantarse durante el Sacrificio de la Misa; ya no hay “tiempo”; ya no hay “espacio” y ya no hay “paciencia” por parte de nadie: celebrante, concelebrantes y feligreses, para oír nada de calidad y que valga la pena, al menos musicalmente y sobre todo en nuestro país.

 

Cuando se enteró que la misa de mi matrimonio –tal como lo prescribe el Concilio Vaticano II– iba a ser en latín y que la música iba a ser gregoriana y polifónica (La Misa en Si Menor de Bach, para ser precisos) el párroco que me prestó su parroquia para la ceremonia casi se desmaya... Casi me excomulga.

Es una lástima que los que nacimos después de 1965, no sepamos lo que es liturgia católica de verdad… ni por asomo. Ni por asomo.

Continuará…

 

La astronomía y su asombrosa historia – V – Festum Incarnationis

19 marzo, 2019

Contenidos

  1. Recapitulando
  2. El equinoccio místico y la música pitagórica
  3. El canto humilde y primaveral del gorrión
  4. “…Este te aplastará la cabeza…”

Esta es la quinta y última parte de una serie cuya primera parte pueden leer aquí, su segunda aquí, su tercera aquí, y su cuarta parte aquí

“…se establecen fechas convencionales para propósitos  espirituales (…) para recordarnos que somos criaturas de Dios y que Él nos creó de la nada en un momento concreto. Para que le agradezcamos y le adoremos. Y para servir a ese propósito, la Astronomía nos cae de pelos… “

Recapitulando

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Lucifer fue derrotado en los cielos, y la Aurora de la Mañana cayó estrepitosamente en el Seol. Esa trayectoria, y la de todas las estrellas, cometas y planetas despertó la curiosidad del primer Homo Sapiens, y así surgió la Astronomía. Con el estudio de la Astronomía, el ser humano pretendía conocerse mejor a sí mismo, examinar la voluntad de los dioses, prever mejor los cambios climáticos, elaborar calendarios cada vez más precisos, comprender el funcionamiento del universo… en suma: saber todo acerca del equinoccio de primavera, el paso de la muerte a la vida, de la nada al ser, del frío al calor, del invierno a la primavera.

Griegos como Pitágoras, Heráclides Póntico, Eudoxo de Cnido, Aristarco de Samos, Aristóteles, Eratóstenes y Claudio Ptolomeo le dieron a la Astronomía carta de ciudadanía entre las ciencias racionales, empezando a separarla de la superstición.

Destaca entre ellos Pitágoras quien –habiendo como los ciegos errado en algunos detalles y acertado en otros– legó a la posteridad el culto hacia las Matemáticas, y la certeza de que detrás de las órbitas y de los ciclos espaciales sonaba portentosamente una divina pieza musical.

El equinoccio místico y la música pitagórica

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Luego de la venida del Χριστός (Christós), la Iglesia Católica recogió la tradición astronómica antigua y –luego de la condena de las tesis averroistas por la Universidad de París en 1277– le dio el impulso definitivo que consagró a la Astronomía como ciencia moderna y pujante.

Desde entonces, a la carrera por encontrar con exactitud el equinoccio de primavera, se sumó una brillante pléyade de clérigos católicos que todavía reluce en la actualidad.

Y así, terminó fijándose la fecha de la derrota celestial y terrena de Lucifer. De modo simbólico y convencional, a sólo unos días del equinoccio, se fijó la venida de Dios a la Tierra para hacerse hombre. Se fijó el 25 de marzo para celebrar el descenso de Dios al Vientre de la Virgen María, para celebrar la Encarnación.

Ese día, asistimos a un paralelismo contrastante: tanto Lucifer como la Segunda Persona de la Santísima Trinidad “bajaron” de los Cielos. Pero Lucifer, derrotado con soberbia; Χριστός, triunfante con humildad. El primero, en estrepitosa caída humillante, como meteorito sin freno; el segundo, en serena y triunfante llegada, como la luz del amanecer. Uno de los compositores más grandes de todos los tiempos, Mozart, haciéndole honor a la “música universal pitagórica”, nos canta en su Missa Brevis (Spatzen-Messe) en Do Mayor K220, el equinoccio, la llegada de la primavera, la Encarnación y la derrota de Lucifer, siguiendo el texto del Credo Niceno

“Qui propter nos homines et propter nostram salutem descendit de coelis…

“Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo…”

 

El canto humilde y primaveral del gorrión

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Es así cantada la Encarnación de Dios, exactamente nueve meses antes de la Navidad (el nacimiento del Χριστός). Nueve meses de embarazo que dan comienzo un día como hoy (25 de marzo), en el que –a diferencia de Lucifer, que bramó gélidamente “¡Non Serviam!”– la humildad y la disponibilidad de María fueron fecundadas en una primavera mística por el Espíritu Santo, haciendo posible la voluntad divina de asumir la naturaleza humana. Un día como hoy, otrora se llamó:

FESTUM INCARNATIONIS, INITIUM REDEMPTIONIS CONCEPTIO CHRISTI, ANNUNTIATIO CHRISTI, ANNUNTIATIO DOMINICA.

 

No es casualidad que Wolfgang Amadeus Mozart haya titulado a esta obra como la “Misa de los Gorriones” (Spatzen-Messe) pues al igual que esta Misa, los gorriones son breves (pequeños) y hacen sus nidos abriéndose a la fertilidad y al amor justo luego del equinoccio: en primavera. Además, los gorriones son pajaritos universales (del griego καθολικός katholikós, universal), pues viven y cantan en los cinco continentes. Tan universales como la validez de las Matemáticas y de la fe cristiana.

“…Este te aplastará la cabeza…”

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Buen día para recordar cómo, después del pecado original, Dios le advirtió a Lucifer:

“…inimicitias ponam inter te et mulierem et semen tuum et semen illius ipsa conteret caput tuum et tu insidiaberis calcaneo eius…”

“…Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; Este te aplastará la cabeza…”

 

También es un buen día para recordar que somos seres humanos desde el momento de la concepción y que no podemos permanecer indiferentes frente al abominable crimen del aborto.

Finalmente, les propongo que veamos y escuchemos completa, tan cerca del recién pasado equinoccio del 20 de este mes, la versión del Credo Niceno Constantinopolitano, la profesión de Fe del Cristiano desde hace 1 700 años en su versión Mozartiana de la Missa Brevis (Spatzen-Messe) en Do Mayor K220 (4 escasos minutos de duración):

FIN

La astronomía y su asombrosa historia – IV – La tradición

18 marzo, 2019

Contenidos

  1. Y se cierra el círculo
  2. La maximización del contexto: el mayor logro de la civilización occidental

Esta es la cuarta parte de una serie cuya primera parte pueden leer aquí, su segunda aquí, y su tercera aquí.

“…Pero ¿A qué se debe este curioso romance entre la Iglesia Católica y esta ancestral Ciencia? Yo diría que se debe a tres razones…… “

En primer lugar a que…

“…Mientras más conozcamos la creación más admiraremos al Creador. La Iglesia y los creyentes, en particular los católicos, no sólo no ven con desconfianza el avance de las ciencias y en particular el de la Astronomía, sino que consideran estos avances con admiración, orgullo y una especie de temor reverente al contemplar la belleza incomparable de las obras que han salido de la mano de Dios”

En segundo lugar, a la fuerza de la tradición clásica.

Y, en tercer lugar, al interés por fijar las fechas más trascendentales de la Historia de la Salvación, de los Mysteria Fidei. Citaré sólo cinco hitos históricos a los que la Cristiandad (y grandes civilizaciones anteriores a ella) ha deseado fechar con ayuda de las estrellas y el calendario: la creación del mundo, el nacimiento del Χριστός-Cristo, su concepción por obra del Espíritu Santo en el Vientre de la Virgen María (la Encarnación), la muerte y resurrección de Cristo… y la caída de Lucifer.

Y se cierra el círculo

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¿Cuándo caíste del cielo, Lucifer, Hijo de la Aurora? ¿Ubi cecidisti de caelo? Desde tiempos inmemoriales, desde cuando nació la escuela rabínica en el cautiverio babilónico (la cuna de los astrónomos), por motivos que trascienden lo simbólico, se ha creído que la fecha de la derrota del demonio en los cielos debe ser la misma que la fecha de la creación del mundo y la misma que la derrota de Lucifer en la Tierra. Y existía, ya en la época cristiana, la convicción de que a esas fechas estaba íntimamente ligado el final del invierno (el final de la nada, el final de la muerte), y el inicio de la vida y de la primavera. El triunfo del Χριστός y el fracaso de Satanás debían celebrarse en el equinoccio de primavera, y fijar esa fecha correspondía a los sabios escrutadores de los cielos, a los astrónomos. De  hecho, por cierto, el equinoccio de primavera, este año de 2018, ocurre excatamente el próximo martes 20 de marzo.

Algunas sectas cristianas, dadas a la iconoclastia, y enemigas de la cultura clásica, han repulsado desde los primeros siglos de nuestra era este esfuerzo por fijar convencionalmente tales fechas.

La fijación de tales efemérides responde al propósito de maximizar el contexto histórico de la venida del Χριστός (Cristo), transparentando  que tales acontecimientos se dieron realmente en la línea de tiempo humana.

La maximización del contexto: el mayor logro de la civilización occidental

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No hay registros históricos–aún- de la fecha exacta en la que nació Jesucristo, pero hay razones de peso –traídas de la mano de la Tradición– que dan certeza moral de que el 25 de diciembre es una fecha real.

Lo mismo ocurre con la fecha de la creación: las investigaciones científicas aún distan eones de llegar a un acuerdo sobre tal cosa (aunque las teorías del Big Bang algo parecen aportar por el momento). A la espera de una fecha precisa e indiscutible (dato que puede tardar en llegar, si llega) se establece una fecha convencional con propósitos  espirituales.

¿Cuál es este propósito “espiritual”?: recordarnos que somos criaturas de Dios y que Él nos creó de la nada en un momento concreto y que triunfó sobre Lucifer. Para que le agradezcamos y le adoremos. Y para servir a ese propósito, la Astronomía nos cae de pelos.

No se pierda la última parte de esta serie. Continuará…

Asesinato de Valentiniano III (16 de marzo de 455)

15 marzo, 2019

Es asesinado en Roma (actual Italia), por dos generales camaradas de Aecio, el emperador Valentiniano III, hijo mayor de Constancio III y Gala Placidia, a su vez hija de Teodosio el Grande, que tras una corta guerra civil fue nombrado en 425 emperador de Occidente en Roma. Durante su mandato se enfrentó a los vándalos, que controlaban el norte de África.

Asímismo guerreó contra los francos, aliados de los visigodos. Tras la victoria de Flavio Aecio sobre los hunos en la batalla de los Campos Cataláunicos en el año 451, Valentiniano III temiendo que éste ambicionase el poder, lo asesinó con su espada tres años más tarde.

El 16 de marzo del 455, el emperador fue asesinado por dos bárbaros escitas clientes de Aecio, Optelas y Thraustelas. El hecho ocurrió cuando el Emperador pasaba revista a sus tropas en el campo de Marte, este bajó del caballo en el que montaba para practicar con el arco, momento en el que Optelas le golpeó en la cabeza, Valentiniano se giró para ver a su agresor, cuando Thraustelas le asestó el golpe definitivo que lo mató.

Como curiosidad, el historiador Prisco cuenta que un enjambre de abejas apareció y aspiraron toda su sangre.​ Existe la posibilidad de que los dos asesinos fuesen sicarios de Petronio Máximo, rico senador que al día siguiente se autoproclamaba asimismo emperador tras sobornar a los restos del ejército romano occidental.

 

Mientras le da la vuelta al mundo, Fernando de Magallanes llega a lo que hoy son las Filipinas (16 de marzo de 1521)

15 marzo, 2019

Fernando de Magallanes, explorador y navegante portugués al servicio de la Corona española en su intento de completar el primer viaje alrededor del mundo, llega a la isla de Samar, en un archipiélago al que bautiza con el nombre de San Lázaro, hoy en día las islas Filipinas.

Magallanes morirá el próximo 27 de abril en la isla filipina de Mactán, en un enfrentamiento con los indígenas. Tomará el mando de la expedición el capitán de la nave “Concepción” Juan Sebastián Elcano que será quien lleve a la expedición a completar con éxito el primer periplo realizado jamás alrededor del mundo.

Fallece Tiberio César Augusto (16 de marzo del 37)

15 marzo, 2019

Muere en Miseno (Italia) Tiberio César Augusto, segundo emperador romano desde el 17 de septiembre del 14, sucesor de Octavio Augusto. Destacó por su actividad militar en las campañas germánicas.

Tiberio fue en su juventud uno de los más grandes generales de Roma. En sus campañas en Panonia, Ilírico, Recia y Germania, sentó las bases de lo que posteriormente se convertiría en la frontera norte del Imperio. Sin embargo, se le llegó a recordar luego como un oscuro, recluido y sombrío gobernante, que realmente nunca quiso ser emperador; Plinio el Viejo lo llamó tristissimus hominum («el más triste de los hombres»).

Tras la muerte en el año 23 de su querido hijo y sucesor, Julio César Druso, la calidad de su gobierno declinó y su reinado terminó en terror. En 26 Tiberio se autoexilió de Roma y dejó la administración en manos de sus dos prefectos pretorianos Sejano y Quinto Nevio Cordo Sutorio Macro. Tiberio adoptó a su nieto Calígula para que le sucediera en el trono imperial.

Tiberio murió en Miseno el 16 de marzo de 37 a la edad de 77 años. Según Tácito la muerte del emperador fue recibida con entusiasmo entre el pueblo romano, solo para silenciarse repentinamente cuando tuvo noticias de su recuperación y volverse a regocijar cuando Calígula y Macro le asesinaron. Sin embargo, los escritos de Tácito son probablemente apócrifos ya que no son confirmados por ningún otro historiador antiguo. El relato de Tácito puede indicar el sentimiento predominante en el Senado hacia Tiberio en el momento de su muerte. En el testamento de Tiberio, el finado emperador delegaba en Calígula y en Tiberio Gemelo el reinado conjunto. Lo primero que hizo Calígula fue asumir los poderes de Tiberio y asesinar a Tiberio Gemelo.

La caída de Tiberio no se debió a su abuso de poder, sino a su negativa a usarlo. Su reinado, apático en comparación con el de su predecesor, le hizo ganarse la animadversión del pueblo. El Senado había estado funcionando bajo la dirección de Augusto durante años y, cuando Tiberio le quiso devolver su autonomía, éste no supo actuar por sí solo. Tras fracasar, Tiberio pareció desinteresarse de su posición. Tiberio constituye un ejemplo de dejación del poder.

 

Baudouin IV de Jérusalem, Roi de Jérusalem, s’éteint à l’âge de 24 ans (le 16 mars 1185)

15 marzo, 2019

A son accession au trône, Baudouin IV a 13 ans. C’est le début d’un règne stupéfiant, de par l’âge du roi, mais surtout de par sa maladie : à l’adolescence on découvre qu’il est lépreux. Le petit roi accepte la croix, embrasse la Passion, et porte la charge du royaume sous la constante menace musulmane, en se fiant toujours à Dieu:

« Fais ce que dois, advienne que pourra ».

A 17 ans, le roi Baudouin transforme une situation désespérée en victoire, grâce à une force de caractère surhumaine, face au redoutable Saladin (Salâh ad-Din). René Grousset a écrit:

« Le règne du malheureux jeune homme ne devait donc être qu’une longue agonie. Mais une agonie à cheval, face à l’ennemi, toute raidie dans le sentiment de la dignité royale, du devoir chrétien et des responsabilités de la couronne en ces heures tragiques, où au drame du roi répondait le drame du royaume ».

Le 24 novembre 1177, à 1 contre 20, il triomphe. Les chroniqueurs affirment que les forces des Turcs étaient « comme une mer » pendant la bataille de Mongisard. 26000 Turcs contre la petite armée de 400 chevaliers Francs. Michel le Syrien rapporte:

« Quand le Dieu qui fait paraître sa force dans les faibles, inspira le roi infirme… Il descendit de sa monture, se prosterna la face contre terre devant la Croix (les saintes reliques) et pria avec des larmes. A cette vue le cœur de tous ses soldats fut ému. Ils étendirent tous la main sur la croix et jurèrent de ne jamais fuir et, en cas de défaite, de regarder comme traître et apostat quiconque fuirait au lieu de mourir ».

Ce jour là, quelques centaines de Francs battent la plus grande et plus forte armée jamais vue.

Saladin avait une telle estime de la qualité du jeune roi, qu’il suffit que Baudouin IV soit annoncé pour qu’il lève le siège de Beyrouth prête à tomber entre ses mains. En décembre 1183, Saladin revient avec une puissante armée et une forte escadre égyptienne. Le roi domine alors le cadavre qu’il est devenu, convoque ses troupes et se fait porter en civière. Saladin est si effrayé qu’il choisit la fuite sans combattre. Le roi était lui-même le drapeau des Francs. La lèpre terrasse Baudouin à 24 ans. Il fut enterré au Golgotha, sur la colline où le Christ a été crucifié.