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Les cendres de Napoléon Ier aux Invalides (Le 15 décembre 1840)

14 diciembre, 2017
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Le char funèbre sur lequel est placé le cercueil de Napoléon traverse Paris, Louis-Philippe accueille la dépouille. Une cérémonie religieuse a lieu en présence des corps constitués.

C’est au centre de l’église du dôme des Invalides qu’est creusée la crypte, large de 15 mètres et profonde de 6 mètres, appelée à recevoir le sarcophage contenant les restes de Napoléon Ier, après que la France et l’Angleterre se soient entendues sur leur retour de l’île de Sainte-Hélène. C’est Louis XIV qui est à l’origine de l’édification de l’Hôtel des Invalides destiné à soigner et loger les soldats. Dans des chapelles annexes reposent des membres de la famille impériale et des généraux de l’empereur.

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Naissance de Robert Surcouf (le 12 décembre 1773)

11 diciembre, 2017

L’un des plus grands marins français, le corsaire Robert Surcouf, naît à Saint-Malo le 12 décembre 1773. D’abord destiné à rentrer dans les ordres, il préfère s’engager dans la marine dès l’âge de 13 ans. Il se fait rapidement connaître par ses faits d’armes et ses nombreux abordages de navires ennemis. Il fait fortune grâce à ses prises de guerre et à son métier d’armateur.

En 1795, il s’engage dans la «guerre de course» contre les Anglais dans l’océan Indien, selon les principes mis en place par Vauban un siècle plus tôt. Le corsaire s’honore de maints exploits comme de s’emparer de six navires d’un coup dans le golfe du Bengale.

Un Anglais l’ayant un jour capturé, il s’engage le dialogue suivant :

«- Au fond, ce qui nous distingue, nous autres Britanniques, de vous autres Français, c’est que nous nous battons pour l’honneur et vous pour l’argent,

– Hé oui, chacun se bat pour ce qui lui manque».

Fait chevalier de la Légion d’Honneur par Bonaparte en 1804, Surcouf poursuit ses activités de corsaire et d’armateur jusqu’à la chute de l’Empire et se retire dans sa ville natale nanti d’une coquette fortune, preuve que l’on peut se battre pour ce que l’on possède déjà. Il meurt d’un cancer le 8 juillet 1827.

Luego de triunfar sobre los liberales radicales postindependentistas, el “Indio” Rafael Carrera comienza su mandato presidencial en Guatemala (11 de diciembre de 1844)

10 diciembre, 2017

Después de la Independencia (1821), tocó a los centroamericanos elegir el proyecto político y económico a seguir. La elección fue la guerra y la fragmentación. Un aventurero revolucionario radical llamado Francisco Morazán, escoltado por una decena de temibles mercenarios franceses, desoló la región tomando las riendas del gobierno. Durante una década transformó a Centroamérica en un campo de batalla mientras imponía su agenda proinglesa y anticlerical. La guerra civil que afectó a Centroamérica dejó un panorama desolador. En el caso salvadoreño, las consecuencias destructivas eran significativas, ya que el país era pequeño con poca población y participo en casi todas las guerras que se libraron entre 1824-1842.

Las masas indígenas, que se vieron desprotegidas al quedar anulada la legislación protectora de la Corona, se levantaron en armas y terminaron derrotando y expulsando al aventurero rapaz. Dos caudillos indígenas antiliberales destacan sobre todos: Anastasio Aquino (en El Salvador) quien después de derrotar varias veces a los liberales anticlericales terminó capturado y ejecutado, y Rafael Carrera, quien triunfó sobre sus enemigos y encauzó a la región a derroteros menos destructivos. Esta es la semblanza de éste último:

Rafael Carrera

Nacido de padres pobres en la ciudad de Nueva Guatemala (24 de octubre de 1814), Carrera se alistó a la edad de doce años en el ejército federal centroamericano como tamborilero y ascendió rápidamente en los rangos durante la guerra civil de 1827 a 1829.

Un sobrino lejano rastreó el linaje de Carrera hasta dar con un compañero del conquistador de Guatemala, Pedro de Alvarado, y concluyó que a Carrera se podría atribuir la siguiente composición racial: 11% indígena, 17% negro y 72% español. Los retratos del caudillo sugieren un porcentaje mayor de genes indígenas y en su propio tiempo le llamaban “indio”. Su padre fue boyero y su madre una empleada domestica que más tarde abrió un puesto de venta de cordelería en el mercado central, donde fue muy conocida.

En el ejército adquirió sus habilidades militares y tuvo la oportunidad de valorar la naturaleza deletérea del aventurero Francisco Morazán. Después de que Francisco Morazán derrotó al ejército en 1829, Carrera se refugió en el campo durante varios años, antes de establecerse como un porquerizo en el pueblo de Mataquescuintla, a unos 50 kilómetros al este de la capital. Allí, le influyó mucho el padre Francisco Aqueche, quien le facilitó lograr que se casará con Petrona García, la hija de un hacendado local.

Carrera logró convertirse en líder de los campesinos y pequeños hacendados del Oriente de Guatemala al unirlos en contra de las reformas liberales del jefe de estado guatemalteco Dr. Mariano Gálvez (aliado de Morazán). La población rural, apoyada inicialmente por el clero, se oponía tanto al anticlericalismo de Gálvez como a los impuestos, las reformas judiciales y las políticas con respeto a la tenencia de la tierra, el trabajo y la inmigración. Gálvez favorecía los intereses extranjeros (ingleses) por encima de los intereses locales. Con estos agravios serios, los esfuerzos del régimen liberal para contener la epidemia de cólera en 1837 estimularon los levantamientos populares, sobretodo en el Oriente de Guatemala. A pesar de que Carrera había aceptado el puesto de comandante de una patrulla para hacer cumplir la cuarentena, los residentes locales le convencieron en seguida que se uniera con los nuevos insurgentes. En Santa Rosa, el 9 de junio de 1837, logró una victoria estupenda al mando de una banda de campesinos rotos al hacer que las tropas gubernamentales retrocedieran hacia la capital.

Ayudado políticamente por las serias divisiones entre Gálvez y el ideólogo liberal José Francisco Barrundia, el ejército campesino de Carrera tomó la Ciudad de Guatemala el 1º de febrero de 1838, trayendo consigo la dimisión del gobierno de Gálvez. Esto tuvo como resultado, por un período corto, un gobierno más liberal bajo la dirección del vicejefe Pedro Valenzuela, quién persuadió a Carrera de que dejara la capital a cambio de reformas y su nombramiento como comandante militar del oriental distrito de Mita. La falta de un rápido cumplimiento de las promesas por parte del gobierno de Valenzuela provocó que Carrera iniciara de nuevo la guerra en marzo de 1838.

Francisco Morazán (mejor conocido en esas épocas como la “Hiena Rabiosa”) marchó a Guatemala acompañado por tropas federales desde El Salvador, pero el 13 de abril de 1839 Carrera una vez más tomó la capital, instalando esa vez un gobierno ajeno al anticlericalismo liberal, bajo la jefatura de Mariano Rivera Paz. En marzo de 1840 Carrera derrotó militarmente a Morazán en la ciudad de Guatemala, poniendo fin al período revolucionario. Desde ese momento hasta su muerte – aparte de un breve exilio entre 1848 y 1849 -, Carrera fue el gobernante militar de Guatemala, pues consolidó el poder de su ejército durante los primeros años del decenio de 1840.

Un día tal como hoy, en diciembre de 1844, Carrera asumió la presidencia del Estado de Guatemala. Aunque sus políticas eran moderadas, durante este período a veces proveyó apoyo a algunos políticos liberales, como un contrapeso frente a las pretensiones de los eclesiásticos conservadores y las élites económicas de la capital. El 21 de marzo de 1847, completó el proceso de secesión guatemalteca de la difunta unión centroamericana cuando decretó el establecimiento de la República de Guatemala.

La oposición liberal, combinada con la recurrente actividad rebelde en el Oriente, trajo como resultado la renuncia de Carrera y su exilio a México en el mes de agosto de 1848. El nuevo gobierno liberal, sin embargo, no logró la unidad ni la resolución de los problemas del país, así que Carrera volvió a entrar al país en marzo de 1849 a la cabeza de un “ejército de restauración” compuesto en gran parte por indígenas. Después de la caída de Quetzaltenango, varios oficiales generales desertaron para unirse con él, por lo que se celebró un acuerdo en el mes de junio que lo designó con el grado de teniente general. Al agosto siguiente, le nombraron otra vez como comandante en jefe del ejército guatemalteco. En lo sucesivo, Carrera fortaleció la institución armada, mientras llevaba a cabo las campañas en contra de las rebeliones que todavía perturbaban la región oriental y combatía los esfuerzos liberales por reavivar la unión centroamericana en El Salvador, Honduras, y Nicaragua. De esa forma, Carrera derrotó a las fuerzas del “Ejército Nacional” en la batalla de San José la Arada, el 2 de febrero de 1851, lo que le permitió volver a la presidencia de la República el 6 de noviembre de ese año. Aumentó grandemente su poder cuando él se proclamó presidente vitalicio, un monarca virtual, el 21 el octubre de 1854.

Esta victoria aseguró la dominación de los moderados en Guatemala durante las próximas dos décadas. Carrera se alió estrechamente con la élite económica y eclesiástica de la ciudad de Guatemala por lo que su gobierno restauró las relaciones amistosas con España y firmó con el Vaticano un Concordato, que garantizaba al clero un papel mayor en el régimen. Aunque Carrera era descrito a menudo por sus antagonistas como un reaccionario, Guatemala disfrutó una época de crecimiento económico importante en los próximos veinte años, período en el cual el café empezó a reemplazar a la cochinilla como su principal producto de exportación.

Como el caudillo centroamericano más poderoso a mediados del siglo diecinueve, Carrera también influyó en el desarrollo de los Estados vecinos. Intervino frecuentemente para asegurar la dirección conservadora en El Salvador y Honduras. Cuando el filibustero norteamericano William Walker vino a la ayuda de los liberales nicaragüenses y, como consecuencia, se hizo de la presidencia de Nicaragua, Carrera proporcionó ayuda sustancial al ejército aliado centroamericano que lo derrotó en 1857. Aunque Carrera rechazó una invitación para el comando de este ejército centroamericano, dejándolo a Juan Rafael Mora de Costa Rica, Guatemala envió más tropas que cualquier otro estado para la “Campaña Nacional” contra los filibusteros. En 1863, a su vez, Carrera desafió al jefe de estado de El Salvador, Gerardo Barrios , quién había empezado a promover reformas liberales y anticlericales. Aunque inicialmente Barrios rechazó la intervención armada de Carrera en el mes febrero en Coatepeque, éste volvió luego lograr conquistar San Salvador, forzando a Barrios dejar el poder.

Al morir en 1865, Carrera había logrado una estabilidad considerable y crecimiento económico para Guatemala. Carrera merece el crédito por proteger a las masas indígenas rurales del país frente a un aumento de la explotación de sus tierras y fuerza laboral. También fue responsable de instalar a los indígenas y mestizos en posiciones de liderazgo político y militar. Quizás el legado más duradero fue el establecimiento del ejército como la institución política dominante en Guatemala.

Investigaciones objetivas que se realizaron entre 1984 y la primera década del siglo XXI,​ han esclarecido el papel de Carrera; estas nuevas investigaciones desarrollan una nueva interpretación del papel histórico de Carrera y de los líderes conservadores que lo sustentaron en el poder, sobre la base de la evidencia de la época así como a la luz de la experiencia guatemalteca desde 1865 y cartas del puño y letra del propio Rafael Carrera. Los estudios recientes argumentan que el levantamiento popular que Carrera encabezó, fue un exitoso movimiento de las masas campesinas contra la élite de la capital, y que una vez en el poder, el caudillo atendió a las reivindicaciones de dichos sectores pobres, protegiendo sus tierras contra los abusos y las adjudicaciones a extranjeros. Durante su gobierno, Guatemala gozó de crecimiento económico estable y expansión de sus exportaciones. El estudio igualmente revalúa la gestión administrativa de Carrera, así como los efectos de su actitud de descuido benigno hacia los sectores campesinos.​

Aún con la polémica que rodea a este personaje, es indiscutible que fue uno de los personajes más importantes y trascendentales de la historia de Guatemala, y probablemente el mayor representante de las tendencias moderadas del siglo XIX en Centroamérica. Algunas de sus ideas aún siguen en vigencia; aunque el Estado guatemalteco, desde la Revolución Liberal de 1871, ha tenido un carácter laico y ha celebrado más a los líderes liberales Justo Rufino Barrios y Miguel García Granados, ha conservado —como polémica herencia del gobierno de Rafael Carrera— la independencia de Guatemala de los demás países de Centroamérica, la conservación del territorio que habría constituido el Estado de Los Altos, la reivindicación de los derechos indígenas (desde luego por las luchas autónomas de los pueblos indígenas) —como en el convenio 149— y en la Constitución Política de la República de Guatemala del artículo 66 al 70, y la conservación de cierta preeminencia de la Iglesia Católica en el país.

Al general Carrera le sobrevino la muerte cuando se encontraba en el pináculo de su carrera política: cuando se tomó un descanso en Escuintla, envenenaron sus alimentos con una infusión de raíz de chiltepe (una especie de chile picante), la cual le provocó agudos dolores intestinales que le obligaron a regresar a la Ciudad de Guatemala. Ya en la ciudad, los dolores se recrudecieron y le sobrevino un ataque de diarrea, del cual ya no se repuso. Llegado el último momento, llegó el arzobispo a visitarle con un paquete de escapularios que le mandaban las religiosas de todos los conventos; y con la ayuda del prelado, se persignó por última vez.

Carrera murió el Viernes Santo, 14 de abril de 1865, a las nueve y media de la mañana y fue sepultado en la Catacumbas de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala85​ luego de numerosos homenajes. Al morir, dejó muy pocos bienes, dejando constancia del celo con que protegió los bienes de la hacienda pública, lo cual es reconocido incluso por escritores liberales, como Federico Hernández de León.

Curiosamente, su homólogo estadounidense, el presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, quién había sido herido de bala el 14 de abril de 1865, día de la muerte de Carrera, murió el día siguiente, el 15 de abril.

El hombre que “quiso retrasar el reloj de la historia”, Juliano el Apóstata, entra triunfante en Constantinopla como el único emperador romano (11 de diciembre de 361)

10 diciembre, 2017

Hijo de un hermanastro de Constantino el Grande, fue junto a su hermano Galo el único superviviente de la purga que acabó con su rama de la dinastía en 337.​Tras pasar su infancia y juventud apartado del poder, Constancio II lo nombró César de la pars occidentalis en 355, menos de un año después de la ejecución de su hermano, que también ostentaba la dignidad de César. Constancio le encargó rechazar la invasión germánica de la Galia, tarea que realizó con gran efectividad.

En 361 aprovechó sus éxitos para usurpar la dignidad de Augusto, preparándose para la guerra civil. Sin embargo, la repentina muerte de Constancio le convirtió en el legítimo heredero antes de que rompieran las hostilidades.

Un año antes, en el 360 Juliano había reforzado su prestigio en la Galia realizando una nueva campaña al otro lado del Rin contra los francos y alamanes. Así, Juliano consiguió la adhesión de la aristocracia senatorial romana y de las provincias balcánicas. En todo caso la negativa de Constancio a admitir la automoción de Juliano como colega suyo decidió a éste a marchar a Oriente para zanjar por las armas el contencioso. Pero cuando Juliano se encontraba en Naiso, se enteró de la repentina muerte de su tío en Tarso y difundió de inmediato la noticia, cierta o no, de que Constancio le había designado sucesor en el lecho de muerte, adoptando el título de Victor ac triumphator perpetuus semper augustus. De esta manera legitimó su poder y, honrando la memoria del difunto, ganó la pronta aceptación por el ejército y las provincias orientales.

El primer acto del nuevo emperador fue verdaderamente simbólico. Llegado a Constantinopla a finales del año 361, procedió al nombramiento de una comisión depuradora de los consejeros de Constancio, compuesta principalmente por militares. En los llamados juicios de Calcedonia, por el lugar de su celebración, dieron buena cuenta de la administración civil de Constancio. Con esta purga, Juliano se libraba de la tutela burocrática para caer en manos de la aristocracia militar, que se tomaba así la revancha tras ser postergada en el reinado de Constancio.

Renegó entonces públicamente del cristianismo, declarándose pagano y neoplatónico. Juliano depuró a los miembros del gobierno de su primo y llevó a cabo una activa política religiosa, tratando de reavivar la declinante religión pagana según sus propias ideas, y de impedir la expansión del cristianismo, pero fracasó.​ En palabras de Theodor Mommsen, intentó:

… retrasar el reloj de la historia universal y propiciar al agonizante paganismo una vez más la asunción del poder.

En su último año de reinado emprendió una infructuosa campaña contra el Imperio sasánida. Descartada la toma de su capital, Ctesifonte, para evitar verse atrapado entre las murallas de la ciudad y el ejército móvil de Sapor emprendió una marcha por tierra quemada,​ mientras trataba de unirse al resto de las fuerzas romanas comandadas por Procopio, que culminó con su muerte en una escaramuza.​ Su fin fue asimismo el de la dinastía constantiniana.

Juliano el Apóstata presidiendo una conferencia de sectarios, por Edward Armitage (1875).

Bonaparte “el Ogro de Ajaccio” se ve obligado a restituir a Fernando VII la corona de España (11 de diciembre de 1813)

10 diciembre, 2017

En julio de 1812, el duque de Wellington, al frente de un ejército anglohispano y operando desde Portugal, derrotó a los franceses en Arapiles, expulsándolos de Andalucía y amenazando Madrid. Si bien los franceses contraatacaron, una nueva retirada de tropas francesas de España tras la catastrófica campaña de Rusia a comienzos de 1813 permitió a las tropas aliadas expulsar ya definitivamente a José Bonaparte de Madrid y derrotar a los franceses en Vitoria y San Marcial. José Bonaparte dejó el país, y Napoleón se aprestó a defender su frontera sur hasta poder negociar una salida.

Fernando, al ver que por fin la estrella de Bonaparte empezaba a declinar, se negó a tratar con el gobernante de Francia sin el consentimiento de la nación española y la Regencia. Pero temiendo que hubiera un brote revolucionario en España, se avino a negociar.

En noviembre Napoleón informa a Fernando de que pronto llegaría al castillo el antiguo embajador francés en Madrid, el Conde de La Forest, Antoine René Mathurin, para iniciar conversaciones con él. El 19 de noviembre llegó a Valençay de incógnito, con el seudónimo de Del Boshe para evitar sospechas y se instaló fuera del castillo. Cuando fue a visitar a Fernando le entregó una misiva escrita por el propio Napoleón donde se llamaba a restablecer la amistad entre Francia y España.

La línea argumental de La Forest era culpar a los británicos de las malas relaciones entre España y Francia y de que la

“anarquía y el jacobinismo” se hubieran introducido en España (quizás como referencia al movimiento liberal español que surgía en esa etapa), y de que en España el suelo esté «talado y asolado, la religión destruida, el clero perdido, la nobleza abatida, la marina sin otra existencia que el nombre, las colonias de América desmembradas y en insurrección, y en fin todo en ella arruinado»

, y también de intentar convertir a España en una república utilizando a Fernando VII como abanderado. La Forest le ofrecía la ayuda de Napoleón para recuperar el trono de España y poner fin a aquel desgobierno.

Fernando VII se negó a colaborar con Napoleón argumentando que él no podía negociar tales cosas, pues en primer lugar estaba preso y en segundo lugar, al salir él de España, se había organizado una Regencia que era la que tenía ese tipo de poderes. La Forest replicó que eso no importaba dada la naturaleza divina de la monarquía y que no podía eludir sus compromisos como si fuera un individuo particular. Sin embargo, Fernando respondió al día siguiente que Napoleón debía negociar con la Regencia o que esta regencia mandara a un grupo a hablar con él para informarle de las intenciones que tenían y de la situación del país.

Tras esto, los franceses mandaron ir al castillo al duque de San Carlos, José Miguel de Carvajal, que acudió a Valençay de incógnito con el sobrenombre de Ducos. El duque ya conocía a Fernando de los primeros tiempos que pasó este en el castillo. El 21 llegó al castillo a hablar con Fernando, con quien estuvo analizando la situación bastante tiempo.

La Forest fue al castillo por invitación de Fernando VII y Carlos IV, pero antes tuvo la ocasión de hablar con el duque de San Carlos, que le confirmó que tanto Fernando como Carlos se habían vuelto más maduros de personalidad y más impenetrables en esos años, aunque empezaban a interesarse por la oferta de Napoleón. Fernando comunicó a La Forest que iba a contar con el duque de San Carlos para encontrar una solución, cosa que La Forest celebró. El Duque de San Carlos se reunió 2 veces como plenipotenciario de Fernando con el conde de La Forest. Desde el día 22 La Forest residió en el castillo para emplearse a fondo en la negociación. El día 23 se reunió con Fernando y Carlos, que le dijeron que debía contar con San Carlos para la redacción del Tratado, del cual quedó elaborado un bosquejo el día.

Fernando pidió la presencia de Macanaz que, como secretario real, podía dar forma a los documentos de la negociación, y la de José de Palafox, con quien ya había contado para misiones de confianza en 1808. También regresaron miembros de la servidumbre personal real y otros, como José Pascual de Zayas, que presidiría la comitiva real al regreso de Fernando VII a España el año siguiente.

El documento quedó listo el 8 de diciembre de 1813 y el acuerdo fue firmado el 11 de diciembre del mismo año y en él Napoleón aceptaba la suspensión de las hostilidades y el retorno de Fernando VII al trono de España, así como reconocía todos los territorios bajo soberanía de la familia real española, de acuerdo con la situación anterior a la guerra. Los dos países se devolverían las plazas y territorios ocupados; a cambio se avenía a la paz con Francia, el desalojo de los británicos y su neutralidad en lo que quedaba de guerra.​ También acordó el perdón de los partidarios de José I, los afrancesados.

Castillo de Valençay en Francia, donde se encontraban encerrados Fernando VII y Carlos IV

Pope Pius IX proclaimed the doctrine of the Immaculate Conception, asserting that Mary, Jesus’ mother, was preserved free from the effects of original sin from the first instant of her conception (December 8, 1854)

8 diciembre, 2017

Immaculate Conception, Roman Catholic dogma asserting that Mary, the mother of Jesus, was preserved free from the effects of the original sin from the first instant of her conception. Although various texts in both the Old and the New Testaments have been cited in defense of the doctrine, it seems to have arisen from a general acceptance in the early church of Mary’s holiness. Especially after Mary had been solemnly declared to be the mother of God at the Council of Ephesus in 431, most theologians doubted that one who had been so close to God could have actually experienced sinful acts.

The view that Mary had been spared also from the disposition to evil inherent in original sin was not clearly articulated until the 12th century, when considerable debate was centred on an English celebration of Mary’s conception. The discussion was clouded by medieval views of the biological aspects of conception and by a concern that the belief in the universal redemption effected by Jesus should not be threatened. The latter concern (particularly associated with St. Thomas Aquinas in the 13th century) was countered not long after by the Franciscan theologian John Duns Scotus, who argued that Christ’s redemptive grace was applied to Mary to prevent sin from reaching her soul and that this special intervention resulted in a more perfect redemption in her case. Mary’s privilege, thus, was the result of God’s grace and not of any intrinsic merit on her part.

A gradual acceptance of the Franciscan’s views over the next several centuries was reflected in the teaching of various popes (especially Sixtus IV in the late 15th century) and the councils of Basel (1439) and Trent (1546). It was not, however, until December 8, 1854, that Pius IX, urged by the majority of Catholic bishops throughout the world, solemnly declared in the bull Ineffabilis Deus that the doctrine was revealed by God and hence was to be firmly believed as such by all Catholics. The feast of the Immaculate Conception is celebrated on December 8 and is usually a holy day of obligation (on which Catholics are required to attend mass).

Fray García de San Francisco funda la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de Mansos del Paso del Río del Norte conocido ahora como Ciudad Juárez (8 de diciembre de 1659)

7 diciembre, 2017

El misionero franciscano Fray García de San Francisco, ayudado por indios Piros que le apoyan en su esfuerzo de evangelizar a los indios Mansos, construye y funda la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de Mansos del Paso del Río del Norte en lo que hoy es conocido como Ciudad Juárez, al lado de la actual Catedral.

El 16 de Marzo de 1826, el primer Congreso Constituyente del Estado de Chihuahua decretará que la población, que se habrá ubicado en sus alrededores, sea elevada al rango de Villa llamándola Paso del Norte, ya que será parte de la ruta comercial de 2.560 kilómetros de longitud que unirá las ciudades de México y de Santa Fe (Estados Unidos).

Cuando en 1865 Benito Juárez pase por la población, dejará una impronta indeleble de tal modo que en 1888, por decreto del presidente Porfirio Díaz, se le otorgará la categoría de ciudad y el nuevo nombre de Juárez.