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Su Majestad el Rey Carlos IV de España funda el Protomedicato en Centroamérica, el Reino de Guatemala (20 de junio de 1793)

19 junio, 2018

Parafraseado a partir de Federico Hernández de León “Capítulos de la Historia de América Central” y otras fuentes.

En la Revista Universitaria de Lima, escribía el doctor don Enrique Paz Soldán, en diciembre de 1915:

“El Protomedicato fué la institución española a la que estuvo encomendada durante todo el coloniaje la vigilancia y control sobre el ejercicio de la profesión médica, sobre el comercio de drogas y más de una atención concerniente a la tutela de la salud pública. Felipe IV, por cédula de 9 de julio de 1646, unió las funciones del protomedicato a la cátedra de Prima.”

Mendiburo, dice a este propósito:

“Era obligación del Protomedicato, informarse de los médicos, cirujanos, herbolarios, así españoles como indios, sobre lo que hubiese en las hierbas y árboles y semillas medicinales que se encontraran en el país, instruirse de sus especies sobre su aplicación y escribiendo lo que conviniese a su mejor reconocimiento.”
(“Apuntes históricos sobre la época del virreinato.—Revista Peruana.”)

La fundación del Protomedicato en el Reino de Guatemala, llegó hasta el final del siglo XVIII ; pero se ve que la Corte se preocupaba de los destinos de una profesión —la más noble de todas— y ponía a raya a los curanderos que mataban más que las enfermedades, según reza la cédula que se cita más abajo.

El Real Tribunal del Protomedicato fue un cuerpo técnico encargado de vigilar el ejercicio de las profesiones sanitarias (médicos, cirujanos y farmacéuticos), así como de ejercer una función docente y atender a la formación de estos profesionales. Creado en España en el siglo XV; en el siglo XVI se extendió a las colonias, fundándose los protomedicatos de México y del Perú, y en el siglo XVIII el Protomedicato del Río de la Plata. Suprimido a principios del siglo XIX.

He aquí dos extractos del texto de la real cédula que ordena la creación del Protomedicato:

”El Rey. Por cuanto: don Bernardo Troncoso Gobernador y Capitán general del Reino de Guatemala, me dió cuenta en carta del treinta de noviembre del año próximo pasado, con dos testimonios de los autos obrados en aquella Real Audiencia y Real Vice Patronato, acerca de la necesidad en que se hallaba aquella Capital y Reino, para que se estableciese protomedicato, con el justo objeto de que se creasen buenos profesores bajo términos detallados en las leyes, y cortase el perjudicial abuso de curanderos que sin la correspondiente instrucción podían causar más estragos a la salud pública, que las mismas enfermedades, …

“Por tanto: por la presente mi Real Cédula creo y exijo en la Ciudad y Reino de Guatemala, para que desde ahora en adelante, el Tribunal de Protomedicato, bajo de las reglas que quedan expresadas y de lo dispuesto por las leyes que se citan; nombro al doctor don José Flores por primer Protomédico ; y en su consecuencia ordeno y mando al Gobernador y Capitán General del mismo Reino, a mi Real Audiencia de él al Consejo de justicia y Regimiento de su Capital, al Rector y Claustro de la Universidad, y a las demás personas de cualquier estado, calidad y condición que sean, a quienes en toda parte toquen o tocar pueda lo determinado en este particular, lo obedezcan, guarden, cumplen y ejecuten y hagan guardar, cumplir y ejecutar sin impedir ni permitir se impida el referido establecimiento de Protomedicato ; por ser así mi voluntad, y que de esta cédula se tome razón en la Contaduría General del enunciado mi Consejo. Fecha en Aranjuez, a veinte de junio de mil setecientos noventa y tres.—Yo el Rey.—Por mandado del Rey Nuestro Señor, Antonio Ventura de Carranco

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En Sicilia, tiene lugar la Batalla de Francavilla entre españoles, comandados por el marqués de Lede y el ejército imperial austríaco (20 de junio de 1719)

19 junio, 2018

Tras la destrucción de la escuadra española en la batalla del cabo Passaro (11 de agosto de 1718), el ejército español quedó aislado en Sicilia, mientras que los austríacos eran ayudados por la Armada Británica. En junio un ejército de 24.000 hombres, procedente de los Balcanes y curtido en la Guerra Turca, cruzó el Estrecho de Mesina. Debido a ello, los españoles tuvieron que levantar el Sitio de Milazzo y retirarse. Sin embargo, las tropas imperiales los alcanzaron, haciendo inevitable la batalla campal.

Los españoles se desplegaron hábilmente, protegidos por un río, el pueblo de Francavilla y por un convento de capuchinos donde establecieron una gran batería artillera. Los austríacos se situaron al norte de las posiciones españolas, en el llamado monte de las Tres Fontanas, y formaron tres columnas de ataque.

La primera atacó Francavilla y fue rechazada en tres ocasiones. La segunda logró tomar la primera línea de trincheras del monasterio capuchino, pero no la segunda, siendo herido el Conde de Mercy en el intento. La tercera atacó el flanco izquerdo de los españoles, pero fueron rechazados y tuvieron que huir tras sufrir fuertes bajas, incluyendo a su comandante, el general Holstein.

La batalla continuó hasta la tarde, cuando el contraataque de la caballería española obligó a los austriacos a retirarse, dejando 6.000 muertos y heridos en el campo de batalla.

El papel de la artillería, al mando de Marqués de Villadarias, fue crucial provocando numerosas bajas y sembrando el caos en las líneas austriacas.

Al encontrarse aislado, el Marqués de Lede no quiso arriesgarse a perseguir a los austriacos, que pudieron recuperarse de la derrota y emprender el Sitio de Mesina (1719) —que cayó tras 9 intentos de asalto— y el Sitio de Palermo. La guerra continuó hasta la firma del Tratado de la Haya en 1720. Las tropas españolas fueron repatriadas por la armada inglesa, y Sicilia quedó bajo dominio austriaco, al trocarla Víctor Amadeo II de Saboya por Cerdeña, hasta el año 1734, en que fue reconquistada por los Borbones españoles.

Aecio, el último de los romanos, derrota a los Hunos de Atila en la batalla de los Campos Cataláunicos (20 de junio de 451)

19 junio, 2018
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En esta batalla se enfrentaron dos bandos en los que estaban integrados un gran número de pueblos de origen germánico. Por la parte huna, Atila contaba con una gran cantidad de los jinetes de las estepas que habían conformado su pueblo, así como una gran cantidad de infantería de los reinos que le habían rendido vasallaje, como los ostrogodos, gépidos, hérulos, turingios etc.

El ejército romano estaba comandado por el magister militum Flavio Aecio, conocido por los historiadores como «el último de los romanos», por sus denodados esfuerzos por defender un Imperio Occidental que se derrumbaba irremediablemente. Aecio buscó la ayuda de otros pueblos bárbaros, pues era consciente de que el ejército romano no podría frenar por sí solo al ejército de Atila. El ejército romano estaba muy debilitado: los salarios no eran tan atractivos como lo habían sido en siglos anteriores, las tácticas e incluso el armamento se habían quedado anticuados en relación a los avances que habían obtenido los enemigos de Roma y, en un imperio ya corrompido y empobrecido, el orgullo por pertenecer al ejército había desaparecido. El Imperio de Occidente era incapaz de controlar sus fronteras, que se habían vuelto permeables a todo tipo de invasiones, y los emperadores se veían obligados a reclutar bárbaros que penetraban en el imperio, actuando como foederati para tratar de impedir que otros bárbaros también entrasen. Aecio consiguió que se unieran a él visigodos, burgundios, francos y alanos.

Los dos ejércitos se desplegaron en campo abierto, en la actual Champaña, el 20 de junio del año 451 d. C. En los Campos Cataláunicos, que dan nombre a la ciudad de Châlons (Chatalan) y a la Champaña (Champs), Atila y Flavio Aecio, se batieron con sus ejércitos en la que fue una de las batallas más sangrientas hasta aquella fecha.

El ejército del bando romano fue el primero en desplegarse en el campo de batalla. Aecio dispuso a sus romanos en el ala izquierda, sobre una pequeña colina que dominaba el terreno. Situó a los visigodos con su rey Teodorico en el ala derecha. Entre ambos contingentes se colocaron los alanos, para dificultar una posible retirada de estos. Atila llegó a la llanura cuando el ejército confederado romano ya había tomado posiciones.

Pocos datos han trascendido sobre lo que ocurrió a continuación. Se sabe que Atila y su horda huna se situaron en el centro de su ejército, que los ostrogodos hicieron lo propio a su izquierda, frente a los visigodos de Teodorico, y que el resto de pueblos bárbaros se desplegaron a la derecha. Probablemente la intención del rey huno era atacar a los alanos con tal energía que abandonasen el combate. Con la huida de los alanos, el ejército de Aecio quedaría partido en dos, lo que facilitaría rodearlo y destruirlo.

Atila había dado orden que no se cargara hasta que no iniciase las hostilidades con sus arqueros hunos. Durante unos momentos tras finalizar el despliegue de los ejércitos, ambos bandos debieron quedarse en silencio, observándose mutuamente, hasta que Atila ordenó a los arqueros que lanzaran sus flechas contra el ejército romano. En ese momento, hunos, ostrogodos, gépidos y hérulos cargaron contra el ejército confederado. Atila, al frente de sus jinetes, se lanzó contra los alanos, mientras la infantería del conglomerado bárbaro chocaba con los soldados romanos de Aecio, que dominaban la colina; por último, los ostrogodos entablaron combate con los visigodos.

La batalla se prolongó durante horas. Los ostrogodos lucharon ferozmente contra los visigodos, aunque las tropas de Teodorico conseguieron rechazarlos una y otra vez, mientras que los hunos causaban muchas bajas a los alanos. A pesar del temor de Aecio de una deserción masiva alana, tal hecho no se produjo. Los alanos resistieron las constantes acometidas de los jinetes hunos, aunque no pudieron evitar ir cediendo terreno poco a poco. Sobre la colina, los soldados romanos resistían sin demasiada dificultad frente a los descoordinados bárbaros que se lanzaban contra ellos. Sin embargo la mayor presión la estaba ejerciendo Atila en el centro del ejército confederado romano, sobre los alanos, cuyas filas comenzaron a romperse. En ese momento Atila localizó a Teodorico, el rey visigodo, combatiendo en primera fila contra los ostrogodos y lo mató, lo que fue un duro golpe para la moral visigoda.

Sin embargo, la muerte de Teodorico no causó una desbandada visigoda. Su hijo, Turismundo, fue nombrado rey en mitad del combate. Los visigodos contraatacaron con renovadas energías contra los ostrogodos, que fueron rechazados nuevamente. En ese momento la batalla cambió de rumbo. Atila, que había estado a punto de lograr la retirada alana y una posible desbandada visigoda, sufrió la retirada ostrogoda y la resistencia de los alanos y visigodos, que no cedieron a los embates de sus fuerzas. Llegado este momento, Turismundo reorganizó sus filas y ordenó atacar a los hunos.

Por entonces, ya se había producido una sangría en el ala derecha del ejército de Atila, que no había logrado abrir brecha en las filas romanas de la colina. Atila percibió el peligro de una posible embestida visigoda por su izquierda, pues Aecio podría rodearlo por la otra ala; el rey huno envió un jinete a su campamento portando la orden de que se hiciese una pira funeraria de inmediato. La batalla estaba perdida, y Flavio Aecio asestaría el golpe definitivo en cualquier momento.

Atila reorganizó sus mermadas fuerzas y huyó del campo de batalla a su campamento, dispuesto a incinerarse antes de dejarse capturar. Si Aecio contraatacaba, cercaría a los supervivientes en su propio campamento y podría aniquilarlos. Sin embargo, el general romano no ordenó el contraataque. No se sabe con exactitud cuál fue la razón que originó tal actitud, pero se barajan varias posibilidades. Hay quien sostiene que Turismundo, el nuevo rey visigodo, rompió el acuerdo militar alcanzado por su padre con Aecio tras la retirada huna, abandonando los Campos Cataláunicos, por lo que Aecio, con un ejército reducido a casi la mitad, no podría asestar el golpe final a Atila. Sin embargo la razón más aceptada, es que Aecio temía que, con la destrucción de los hunos, los visigodos, muy fortalecidos en ese momento, se crecieran y trataran de conquistar el Imperio romano de Occidente. E incluso se opina que el general romano no tenía intenciones de destruir al ejército huno con vistas a pactar una alianza en caso de que los visigodos se revolvieran contra Roma. En todo caso, Atila pudo finalmente retirarse a Germania.

Aecio, Turismundo y Atila abandonaron el campo de batalla de Châlons-en-Champagne dejando tras de sí unos veinte o treinta mil cadáveres.

A pesar de las previsiones de Flavio Aecio, Atila no se dio por vencido. Honoria, la hermana del emperador Valentiniano III, había pedido matrimonio al rey huno, y este, deseoso de recibir parte del imperio como dote, había aceptado. Aunque el emperador había desautorizado la petición de su loca hermana, Atila exigía el imperio de Occidente, por lo que al año siguiente, en el 452 d. C., los hunos invadieron el norte de Italia. Sin embargo, el papa León I acudió a hablar con Atila, y tras la entrevista, el rey huno se retiró de Italia con todo su ejército.

Atila se retiró tras el Danubio y en el año 453, tras contraer matrimonio con la princesa goda Ildico, murió por una hemorragia nasal.

Manuscrito del siglo XIV que figura la batalla (Biblioteca Nacional de los Países Bajos).

Nace en Roma, Publio Cornelio Escipión el Africano (20 de junio de 236 aC)

19 junio, 2018

Nace en Roma, Publio Cornelio Escipión el Africano, que llegará a ser general del ejército romano, y alcanzará la figura de héroe durante la segunda Guerra Púnica entre Cartago y Roma, por ser el único general romano capaz de derrotar a las huestes del general cartaginés Aníbal en la Batalla de Zama (cerca de Cartago, actual Túnez), lo que le valdrá su apodo de “Africano” y pondrá fin a la segunda Guerra Púnica.

Llegará a ser senador de Roma pero, desencantando, al final de su vida, terminará abandonando la política y se retirará a su villa de la Campania. Allí morirá en el año 183 a. C.

La clemencia de Escipión. Cuadro de Sebastiano Ricci en la Royal Art Colection de Londres.

El filibustero invasor estadounidense William Walker se proclama –a solicitud y con la aquiescencia de los nicaragüenses– árbitro de Nicaragua (19 de Junio de 1856)

19 junio, 2018

Federico Hernández de León “Capítulos de la Historia de América Central”

El 4 de junio de 1856 hacía Walker su entrada triunfal en León. El hombre de la mirada fría como un puñal, avanzaba sobre su víctima; era la fiera que iba a pasos seguros y ya no alargaría simplemente los remos para su avance; ahora encajaría la garra para dejar el rastro de su fuerza y de su corpulencia. El 4 de junio la sociedad leonesa tuvo una debilidad: creyó ver en los filibusteros los salvadores de la patria. Los hondos resentimientos provocados entre los nacionales, nublaban la vista de los nicaragüenses, al grado de ver en el ladrón, el mejor guardián de sus bienes. Walker se solazaba, al recuerdo de aquel 4 de junio:

A la entrada de la ciudad — decía — salieron a mi encuentro todos los altos funcionarios.

Al llegar a las calles de la ciudad, enorme gentío se apiñaba para ver a sus libertadores. Cuando me reconocían, prorrumpían en vivas y en gritos de júbilo. En las puertas y ventanas, las mujeres, vestidas con todos los colores del arco iris, levantaban sus dulces voces para saIudar a sus libertadores. En una de las casas principales se preparó un banquete. Al ir a tomar asiento, se me llamó al patio: allí un grupo de mujeres, de todas las edades y representantes de todas las clases sociales me dieron las gracias por haber protegido sus hogares. Por la noche, músicas endulzaron mis oídos y canciones patrióticas entonaron los versificadores de la localidad.

Habían manifestaciones rivales para mostrar a los americanos su cariño y gratitud…

Así hablaba Walker; así quería expresar la fe con que el nativo recibía la falange que él llama de libertadores y que la historia califica de asesinos. Más aún. Para justificar su obra inmediata, Walker decía:

—A pesar de esta alegría popular, algunos de los hombres del gobierno no participaban de la efusión del pueblo. El semblante de Máximo Jerez estaba nublado y él se veía inquieto y nervioso; don Patricio Rivas tampoco parecía muy despreocupado.

Ellos explicaban su malestar por las noticias alamiantes que tenían de que el General Carrera, levantaba tropas en Guatemala y se dirigía para Nicaragua.
Lo que pasaba por los espíritus de Jerez y de Rivas, era una racha de tormento. Sus mentalidades podían apreciar ya de manera reposada la sima que se abría a su patria. Se interesaban en un juego que a los finales solo daños tendría que aparejar y su responsabilidad ante Nicaragua y ante la América Central no tendría justificación ni excusa.

Y se presentaron los choques abiertos que distanciarían a los demócratas de Walker. El incidente de las elecciones presidenciales, marcó la mayor diferencia. En tanto que los demócratas se empeñaran al principio por la emisión del decreto de Convocatoria, cuando se percataron que podía sobrevenirse una derrota, desistieron de dar el decreto. Entonces Walker ya no resistió más la continencia y contra viento y marea, el 10 de junio, emitió el decreto de Convocatoria, tan temido por Jerez y por Rivas.

El 11 dejó a León y se volvió a Granada.

Dos jornadas había hecho Walker, de León a Granada y de Granada a Masaya, cuando el 13 por la noche recibió noticias graves de sucesos que se desarrollaran en León. El jefe militar filibustero que dejara Walker en León, a la vigilancia del presidente Rivas y de Máximo Jerez, ocupó la catedral, guardada por algunos nacionales y el edificio en donde estaban el presidente y sus amigos, a pretexto de custodiar unas armas. Se supuso que aquel movimiento se encaminaba a poner presos a los personajes aludidos y tanto Jerez, como el presidente Rivas y sus principales partidarios, salieron por lugares excusados y se encaminaron a Chinandega.

Allí llegaron el 14 y ya respaldado el primer magistrado por las tropas del lugar, ordenó al jefe filibustero de León que se trasladara a Granada. El rompimiento declarado se establecía entre los demócratas y sus aliados los filibusteros.

Walker dió un salto y en el mismo momento reunió a sus soldados y se puso en marcha para Nagarote; ordenó por un correo extraordinario que el jefe de León dejara la ciudad y se reuniese con él en Nagarote, desde donde resolvería la situación. Y en Nagarote se reunieron todos los de la falange. Luego, se encaminaron a Granada, a donde llegaron el 19 de junio por la tarde. Walker ya era el hombre del mando y el mismo 19 por la noche, se encerró a trabajar, fulminando órdenes y publicando proclamas que le daban todo el carácter de un supremo dictador.

Dictó un decreto, como general en jefe del ejército de la República, declarando,

1.°—Que el comisionado del gobierno. Ministro de Hacienda don Fermín Ferrer, se nombra presidente provisorio de Nicaragua, en tanto los pueblos practican las elecciones con arreglo al decreto del 10 del corriente que queda vigente en todas sus partes;

2.°—En consecuencia son nulas y de ningún valor todas las providencias en forma de decretos, acuerdos u órdenes emitidas por don Patricio Rivas, desde el 12 del corriente en adelante, por haberse separado del encargo que se le confió en virtud del tratado del 23 de octubre último.

He aquí a un advenedizo legislando y cambiando los principios de la democracia y tratando a sus más distinguidos ciudadanos como a sus súbditos y servidores. No satisfecho con el decreto, creyó de su deber dar algunas explicaciones y, al día siguiente hizo circular un manifiesto al pueblo de Nicaragua y una proclama al ejército. En el manifiesto decía el filibustero:

”He venido a Nicaragua para garantizar la paz y la prosperidad del país. Con ese fin firmé el tratado del 23 de octubre y desde entonces he sostenido el gobierno organizado bajo sus estipulaciones. Pero ese gobierno, lejos de ayudarme a cumplir sus estipulaciones, me ha puesto toda clase de obstáculos y ha concluido por empeñarse en luchas civiles, dentro de los límites de la república ….

“No basta—continúa—que los americanos sufriesen la peste en Granada, con el solo objeto de consolidar el gobierno provisorio, sin recibir recompensas por los servicios rendidos a expensas de muertes y sufrimientos. No les basta que derramen su sangre en Rivas, con el solo objeto de mantener el honor y la paz del Estado, sin que el gobierno les haya dado después los recursos necesarios para vivir. La ingratitud no fué suficiente para satisfacer los deseos desordenados de la infamia del gobierno; fué necesaria la traición para dar nuevo alimento a la voracidad de su maledicencia y desprecio ….

“A más, ha atentado el gobierno a prolongar su existencia quitándole al pueblo el privilegio de elegir sus propios gobernantes…
Cargado de tantos crímenes y conspirando contra la gente que debe de proteger, no merece existir ese gobierno efímero. Por consiguiente, en nombre del pueblo lo lie declarado disuelto y he organizado otro gobierno provisorio, hasta que el pueblo pueda ejercer su derecho natural de elegir sus propios gobernantes”.

Parece mentira que un extranjero, haya tenido la audacia de escribir en ese tono y de despedazar la dignidad nacional nicaragüense.

Walker era un protector de un pueblo, que desbarataba gobiernos, y los constituía a su manera y antojo. Y como si no le bastara levantar los falsos testimonios consignados en su manifiesto, echó a volar una proclama, dirigida a su ejército, con frases como éstas:

“Soldados: desde que estáis en Nicaragua habéis sufrido privaciones y expuestos no solamente sin murmurar, sino con alegría”….

Cualquiera pensara que los soldaditos de Walker, eran unas mansas ovejas. Y continúa:

“Veteranos pudieran hallarse orgullosos de lo que habéis ejecutado y patriotas batiéndose por sus hogares rara vez han dado pruebas de más verdadera abnegación que vosotros en el servicio de un gobierno extranjero…. He organizado un nuevo gobierno provisorio, hasta que el pueblo pueda elegir sus propios gobernantes, con la esperanza de que tendremos una administración más cuidadosa de sus deberes y más celosa del honor del Estado”.

Así, en medio de esta fraseología y de los disparos de sus armas, Walker mantuvo a Nicaragua en una constante zozobra. Los nicaragüenses tarde comprendieron su inexcusable yerro y desde la noche aquella del 19 de junio de 1856, Walker ya pudo maniobrar sin escrúpulos ni reservas, sino a cara descubierta, posesionado de su papel de filibustero y aboliendo las instituciones de un país que tuvo el supremo pecado de llamar en su auxilio a un hombre de ambiciones infinitas.

La Primera Cruzada, después de tres años de marcha, divisa la Ciudad Santa de Jerusalén desde lo alto del monte de la Alegría (7 de Junio de 1099)

6 junio, 2018

La Primera Cruzada, después de tres años de marcha, y luego de someter Antioquía, marchó hacia Jerusalén. La Ciudad Santa, en aquel momento se encontraba disputada entre los fatimíes de Egipto y los turcos de Siria. Por el camino, conquistaron diversas plazas árabes (entre ellas el futuro castillo Krak des Chevaliers, que fue abandonado), y firmaron acuerdos con otras, deseosas de mantener su independencia y de facilitar que los cruzados atacaran a los turcos. A medida que se dirigían al sur por la costa del mar Mediterráneo los cruzados no se encontraron demasiada resistencia, puesto que los líderes locales preferían llegar a acuerdos de paz con ellos y darles suministros sin llegar al conflicto armado.

Los cruzados divisaron la Ciudad Santa de Jerusalén desde lo alto del monte de la Alegría un día como hoy en junio de 1099 y, al igual que hicieron con Antioquía, desplegaron sus tropas para someterla a un largo asedio, durante el cual los cruzados sufrieron también un gran número de bajas por culpa de la falta de comida y agua en los alrededores de Jerusalén.

Cuando el ejército cruzado llegó a Jerusalén, del ejército inicial solo quedaban doce mil hombres, incluyendo a mil quinientos soldados de caballería.​ Enfrentados a lo que parecía una tarea imposible, los cruzados llevaron a cabo diversos ataques contra las murallas de la ciudad, pero todos fueron repelidos. Los relatos de la época indican que la moral del ejército se vio mejorada cuando un sacerdote llamado Pedro Desiderio aseguró haber tenido una visión divina en la cual se le daba instrucciones de marchar descalzos en procesión alrededor de las murallas de la ciudad, tras lo cual la ciudad caería en nueve días, siguiendo el ejemplo bíblico de la caída de Jericó. El 8 de julio los cruzados realizaron esa procesión.

Finalmente la ciudad caería en manos cristianas el 15 de julio de 1099, gracias a una ayuda inesperada. Las tropas genovesas dirigidas por Guillermo Embriaco se habían dirigido a Tierra Santa en una expedición privada. Se dirigían en primer lugar a Ascalón, pero un ejército fatimí de Egipto los obligó a marchar tierra adentro hacia Jerusalén, ciudad que se encontraba en ese momento sitiada por los cruzados. Los genoveses habían desmantelado previamente las naves en las cuales habían navegado hasta Tierra Santa, y utilizaron esa madera para construir torres de asedio. Estas torres fueron enviadas hacia las murallas de la ciudad la noche del 14 de julio entre la sorpresa y la preocupación de la guarnición defensora.

A la mañana del día 15, la torre de Godofredo llegó a su sección de las murallas cercana a la esquina noreste de la ciudad y, según el Gesta, dos caballeros procedentes de Tournai llamados Letaldo y Engelberto fueron los primeros en acceder a la ciudad, seguidos por Godofredo, su hermano Eustaquio, Tancredo y sus hombres. La torre de Raimundo quedó frenada por una zanja pero, dado que los cruzados ya habían entrado por la otra vía, los guardias se rindieron a Raimundo.

 

Juan de Grijalva se entrevista con el cacique maya de Tabasco Tabscoob (7 de Junio de 1517)

6 junio, 2018

Juan de Grijalva (Cuéllar – Castilla), 1490 – Olancho, Honduras, 1527), descubridor y conquistador español que participó en la exploración y conquista de Cuba con el adelantado Diego Velázquez de Cuéllar (1511), de quien fue capitán. También participó en la exploración a las costas mexicanas en la que destacaron la exploración de Yucatán y de Tabasco (1518); en la exploración de Francisco de Garay de las costas y territorios del Norte en el actual Estado de Veracruz y golfo de México (1522-1523) y finalmente en la conquista de Honduras con Pedrarias Dávila (1527), en la que pereció.

Contenidos de este capítulo

  1. Antecedentes
  2. Exploración de la península de Yucatán
  3. Descubrimiento de Tabasco

Antecedentes

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Muy joven acompañó a Pánfilo de Narváez a la isla de La Española, desde donde partió en 1511 con la expedición de Diego Velázquez de Cuéllar a Cuba, participando en la conquista y exploración de la isla.

En enero de 1518 Velázquez de Cuéllar, ya para entonces gobernador de Cuba, entusiasmado por la noticia del descubrimiento de nuevas tierras (Yucatán) durante la infructuosa y desgraciada expedición de Francisco Hernández de Córdoba en 1517, organizó otra expedición integrada por cuatro navíos y doscientos cuarenta hombres, y el mando de la expedición recayó en Juan de Grijalva, que algunas fuentes citan como su sobrino.

Exploración de la península de Yucatán

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Los expedicionarios salieron del puerto de Matanzas (Cuba) el 8 de abril de 1518 y descubrieron las costas de la isla de Cozumel el día 3 de mayo, a la que llamaron Santa Cruz de Puerta Latina. El piloto de la escuadra, Antón de Alaminos, pensó que estaba navegando entre dos islas y nombró la península de Yucatán como Isla Rica.

Exploraron todo el litoral norte de la península y parte de las costas del golfo de México. En uno de los desembarcos, Grijalva y sus compañeros mantuvieron un sangriento combate y vencieron a los nativos de Chakán Putum (Champotón), en el mismo lugar donde había sido derrotada y diezmada la expedición de Hernández de Córdoba un año antes.

Durante el viaje tuvieron necesidad de arreglar algunos desperfectos de los navíos por lo que se desviaron y cruzaron un estrecho.

Descubrimiento de Tabasco

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En el recorrido del 8 de junio de 1518 descubrieron lo que más tarde sería la provincia de Tabasco y el río que hoy lleva su nombre en Tabasco (río Grijalva), que pasa en medio de la ciudad de Villahermosa. Grijalva decidió entrar en él, y desembarcó en la ciudad maya de Potonchan capital del señorío de Tabscoob, cacique al que saludó e incluso le regaló su jubón de terciopelo verde.

«…Otro día en la mañana vino el cacique o señor en una canoa, y le dijo al capitán que entrase en la embarcación, luego le dijo a unos indios que vistiesen al capitán con un coselete y unos brazaletes de oro, borceguíes hasta media pierna con adornos de oro, y en la cabeza le puso una corona de oro. El capitán mandó a los suyos que vistiesen al cacique con un jubón de terciopelo verde, calzas rosadas, un sayo, unos alpargates y una gorra de terciopelo».
Juan Díaz. “Itinerario de la Armada”. 1518

Después de descansar unos días y abastecerse de provisiones, siguieron su expedición hacia el norte y descubrieron el río de Dos Bocas al que le pusieron así por «desagüar al mar por dos bocas» luego descubrieron una población india llamada Ayagualulco (Ahualulco) en donde

«sus habitantes portaban rodelas hechas con concha de tortugas, que brillaban con el sol y le pusimos por nombre “La Rambla”, y así esta en las cartas de marear…»

…después descubrieron el río Tonalá al que bautizaron con el nombre de Santo Antón, «por ser su descubridor»​ y finalmente recalaron en Veracruz. Grijalva nombró a la lengua de tierra que abre la bahía como San Juan de Ulúa, por haber llegado allí el día de San Juan de junio de 1518. De ahí siguió navegando hasta el río Pánuco ubicado en el hoy estado de Tamaulipas (México), cerca de la actual frontera entre México y Estados Unidos.

Enfrentado Grijalva a Pedro de Alvarado, uno de sus lugartenientes, por haberse separado de la expedición, le envió de vuelta a Cuba, mientras continuaba su aventura.