Saltar al contenido

El navegante español Pedro de Heredia funda la ciudad de Cartagena de Indias en la actual Colombia (1º de Junio de 1522)

30 abril, 2019

El primer español en llegar a lo que hoy es Cartagena de Indias fue Rodrigo de Bastidas, notario en Sevilla. Bastidas había participado en uno de los primeros viajes del descubridor Cristóbal Colón a América. Inicialmente el área fue bautizada con el nombre de Golfo de Barú por el mismo Bastidas. En 1503 el cosmógrafo cántabro Juan de la Cosa pidió a la Reina de España Isabel la Católica que cambiara el nombre de Golfo de Barú por el de “Bahía de Cartagena”. La Reina ordenó entonces cambiar el nombre por Real Provisión. El nombre de Cartagena fue dado debido a la similitud de la bahía con la de Cartagena de Levante en España y fue dado por acuerdo entre Juan de la Cosa y la misma Reina.

La ciudad fue fundada el 1 de junio de 1533 por Pedro de Heredia y los soldados que le acompañaban, muchos de ellos originarios de Andalucía y Extremadura. La capitulación que le autorizaba decía:

“Vos doy licencia y facultad para que podáis hacer y hagáis en la dicha provincia una fortaleza cual convenga para la defensa del español que en ella residiesen, en la parte que mejor os pareciese”.

En la isla Calamarí, donde había un poblado indígena, asentó Heredia su cuartel y procedió a nombrar el Cabildo y trazar la ciudad.​ Para el asentamiento de Pedro de Heredia y la fundación de Cartagena de Indias fue clave el enlace que hizo la india Catalina, tal como consta en una Probanza del Alguacil de Cartagena en 1535, Álvaro de Torres, documento transcrito desde el Archivo General de Indias y publicado en 2006 por Hernán Urbina Joiro, donde consta:

Si saben que viniendo el señor Pedro de Heredia, gobernador de la dicha ciudad, a poblar y pacificar la tierra, tocó en Santa Marta para tomar lenguas [hacer averiguaciones, conseguir información], y que no se la quisieren dar, antes pusieron gente de guarda en toda la costa, para que ninguna cosa de la tierra pudiese tomar, y que estando yo en la dicha provincia, contra la voluntad de García de Lerma gobernador de ella, di una lengua al dicho Pedro de Heredia, sin que por ella pidiese ni llevase ninguna cosa por ella. Si saben que con esta lengua que yo le di, el dicho Pedro de Heredia ha poblado esta tierra, por ser la dicha lengua como es, sobrina de los caciques principales de esta provincia, y que ella los apaciguó e hizo todos de paz, lo que sin ella no se pudiera hacer, por ser los cristianos y la tierra muy belicosa.

En 1538, la Corona autorizó el repartimiento general de indios entre los vecinos, y tasó los tributos. Cartagena es convertida en una sociedad de encomenderos. El puerto fue cobrando importancia gracias a su bahía protegida por los militares españoles, la construcción de los fuertes y murallas y a su cercanía con la ciudad de Panamá otro puerto español importante.​

En los años siguientes Heredia fue encarcelado por crímenes contra el pueblo de los Sinú y, más tarde, condenado a muerte. Contrariamente a lo que se cree, la Corona protegía activamente a los Indígenas de conformidad a las Leyes de Indias.

Lo que debe recordarnos que la conquista de la América Hispana no fue solamente militar, sino, ante todo, jurídica e institucional, además de religiosa pues transcurre en paralelo a la Evangelización. La Monarquía Hispánica trasplantó al Nuevo Mundo el Derecho castellano, de raíz romana y con huellas de toda su trayectoria histórica medieval. Un Derecho en el que cabían la publicidad, la controversia y la disparidad de opiniones y que, para no degenerar en arbitrariedad, necesitaba el soporte documental y burocrático propio del primer Estado Moderno.

En ese sistema, los conquistadores españoles, no solamente respondían a su particular iniciativa en lo material y económico, sino que —en una admirable conjunción de criterios— eran oficiales públicos en su gobierno y su ejercicio judicial. Por eso estaban sometidos a la fiscalización de sus actos y debían dar cuenta al rey de las responsabilidades contraídas en el desempeño de su cargo.

Sin embargo Heredia logró escapar a España. De nada le valdría, pues murió al hundirse su navío en medio del océano.

En poco tiempo Cartagena de Indias se convertirá en uno de los puertos más transitados e importantes del continente americano, sobre todo por ser el puerto de partida de las enormes riquezas que se extraen de las colonias, para ser llevadas a través del mar, hasta los puertos de Cartagena, Cádiz y Sevilla.

Mapa de la ciudad en su reciente creación y sin las murallas (c.1550)

La asamblea de Noyon proclama rey de Francia a Hugo Capeto (1º de Junio de 987)

30 abril, 2019

En Francia, tras fallecer en un accidente de caza Luis V, último rey de la dinastía Carolingia sin dejar heredero, la asamblea de Noyon proclama rey a Hugo Capeto. Se inicia la dinastía de los Capetos que gobernará Francia hasta 1328

Hugo Capeto (nacido hacia el 940, muerto el 24 de octubre de 996), duque de los francos (960–987), después rey de los francos (987–996), fue el primer soberano de la Casa de los Capetos. Hijo de Hugo el Grande y de su esposa Hedwige de Sajonia, fue heredero de la poderosa Casa Robertina, linaje que competía por el poder con las grandes familias aristocráticas de Francia en los siglos IX y X.

A finales del siglo X comienza una revolución económica y social que iba a llegar a su apogeo hacia el 1100.​ Los progresos agrícolas, el comienzo de los desbrozos y el aumento de la capacidad de intercambio que conllevó la introducción del dinar por los primeros carolingios, supusieron una dinámica económica aún tímida pero real. Al mismo tiempo, el fin de las invasiones y la continuidad de las guerras privadas conllevaron la construcción de los primeros castillos feudales donde podían encontrar refugio los campesinos. Al mismo tiempo, la nueva élite guerrera, los caballeros, entraron en competencia con la antigua aristocracia funcionarial carolingia. Para canalizar a estos recién llegados y para asegurar la protección de sus bienes, la aristocracia y la Iglesia sostuvieron y explotaron el movimiento de la paz de Dios. Es en este contexto donde Hugo Capeto pudo instaurar la dinastía capeta.

En principio se benefició de la obra política de su padre que logró contener las ambiciones de Heriberto II de Vermandois, además neutralizando el linaje. Sin embargo, esto no se pudo hacer sino ayudando a los carolingios a mantenerse, aunque de hecho estuvieron totalmente excluidos de la carrera por la corona desde la decadencia de Carlos el Simple. En 960, Hugo Capeto heredó el título de duque de los francos obtenido por su padre a cambio de la concesión de la corona a Luis IV de Ultramar. Pero, antes de lograr el poder, debió liberarse de la tutela de los otonianos y eliminar a los últimos carolingios. Con el apoyo de la Iglesia, y en particular del obispo Adalberón de Reims y de Gerberto de Aurillac, ambos próximos a la corte otoniana, fue finalmente elegido y consagrado rey de los francos un día como hoy en 987.

La relativa debilidad de Hugo Capeto era paradójicamente una ventaja para su elección por las otras grandes familias con el apoyo de los otonianos, ya que suponía poca amenaza a los ojos de los grandes vasallos y para las ambiciones imperiales. Sin embargo, si bien fue cierto que el nuevo rey no logró someter a sus indisciplinados vasallos, su reinado supuso una modificación de la concepción del reino y del rey. Así, Hugo Capeto se reconcilió con la Iglesia rodeándose sistemáticamente de los principales obispos y se acercó a la aristocracia aliándose con los grandes príncipes territoriales (el duque de Normandía o el conde de Anjou), lo que reforzó su trono. Conocemos la historia del primer Capeto principalmente gracias al monje erudito Richer de Reims.

La Francia occidentalis se encontraba definitivamente separada del Imperio y el primer Capeto, como sus sucesores, puso toda su energía en crear una dinastía continua, consolidando su poder sobre sus dominios y asociando al trono a su hijo Roberto II el Piadoso el día de Navidad del año 987.3​ La corona fue, en efecto, transmitida a su hijo tras su muerte en 996. La casa de los capetos así fundada durará más de ocho siglos y dará origen a dinastías reales en España, Portugal, Brasil, Italia, Hungría y Polonia.​

Mort du Maréchal Louis-Nicolas Davout, duc d’Auerstaedt et Prince d’Eckmühl (le 1er juin 1823)

30 abril, 2019

Louis Nicolas Davout naît le 10 mai 1770 dans la commune d’Annoux dans l’Yonne, fils aîné de Jean-François d’Avout et de Françoise Adélaïde Minard de Velars. Sous-lieutenant au Régiment Royal-Champagne-Cavalerie avant la révolution ; il fait partie de l’Expédition d’Égypte. En 1802, il commande les Grenadiers de la Garde Consulaire.

Élevé à la dignité de Maréchal d’Empire, le 19 mai 1804, lors de la remise en place de cette distinction et ce, avec la première promotion. Il participe aux batailles d’Ulm, d’Austerlitz, remporte le 14 octobre 1806, la bataille d’Auerstaedt, aux conséquences plus grandes que la victoire simultanée de l’Empereur à Iéna. Nommé de 1807 à 1809, gouverneur du Grand Duché de Varsovie, alors reconstitué par Napoléon, il réorganise l’Armée Polonaise. Il organise le « Corps d’Observation de l’Elbe » embryon de la Grande Armée avant la campagne de Russie.

Blessé à la Moskowa, il réussit à empêcher son Ier Corps de se faire écraser par les troupes de Mikhaïl Il. Koutouzov et les Cosaques de Mikhaïl An. Milodarovitch. Lors de la campagne d’Allemagne de 1813, Davout tient victorieusement le siège de Hambourg face à 80 000 coalisés Prussiens, Russes et Suédois.

Napoléon le nomme ministre de la Guerre lors des 100 jours, en vue de préparer la campagne de Belgique, son absence se fait sentir sur le terrain. Le 2 juillet 1815, il signe la Convention de Paris à Saint-Cloud, stipulant que l’Armée Française doit se retirer derrière la Loire. Ensuite, Davout se retire. Il ne paraît qu’une fois pour défendre le Maréchal Ney à son procès. Davout se rallie à la Restauration et entre à la Chambre des Pairs.

C’est un des rares maréchaux invaincus. Duc d’Auerstaedt et prince d’Eckmühl, il figure parmi les plus grands chefs militaires de l’empire. Il a participé à une douzaine de batailles, reçu plusieurs distinctions comme le Grand-Aigle de la Légion d’honneur. Il décède le 1er juin 1823 à l’âge de 53 ans et est enterré au Cimetière du Père Lachaise.

Traité de Douvres (le 1er juin 1670)

30 abril, 2019

Le traité de Douvres est un accord secret entre l’Angleterre et la France contre les Provinces-Unies. Charles II d’Angleterre, qui admire beaucoup Louis XIV, s’engage à collaborer avec lui, contre les Hollandais. Il s’engage aussi à adhérer à la religion catholique dès que la situation intérieure de l’Angleterre le permettra (la grande majorité du Parlement anglais est antipapiste et francophobe). Louis XIV lui promet lorsque ces conditions seront remplies une aide financière et militaire.

Ce traité est appliqué deux années plus tard, pour la troisième guerre anglo-néerlandaise. Pomponne, ministre de Louis XIV, est chargé de gagner la neutralité des Suédois et des Allemands, afin que la France ait le champ libre pour mener à bien le conflit, la France se chargeant des opérations terrestres, l’Angleterre, des opérations navales. En échange de son aide, l’Angleterre annexerait les territoires à l’embouchure de l’Escaut.

Mort du Maréchal Jean Lannes suite à la bataille d’Essling (le 31 mai 1809)

30 abril, 2019

Né à Lectoure le 10 avril 1769, fils d’un petit marchand, il rejoint la Garde Nationale en 1792. Il est promu sous-lieutenant la même année. De 1793 à 1795, il combat avec vaillance les Espagnols dans le Roussillon.

En 1796, il participe à la première campagne d’Italie comme simple soldat. Il se distingue à Dego (15 avril 1796) où le Général Bonaparte le remarque et le promeut Général de Brigade. Il participe au Coup d’Etat du 18 Brumaire. En 1800, il participe à la Seconde Campagne d’Italie, s’empare d’Aoste et bat les Autrichiens du Général Peter-Carl Ott à Montebello le 9 juin. Puis il commande la Garde Consulaire. De 1802 à 1804, Jean Lannes est nommé à l’Ambassade de France, où son manque de diplomatie oblige Bonaparte à le rappeler.

En 1804, l’empereur l’élève à la dignité de Maréchal d’Empire, puis lui donne le titre de Duc de Montebello quatre ans plus tard, en 1808. Le 22 mai 1809, Lannes est blessé d’un boulet de canon. Malgré les soins prodigués par Larrey, chirurgien personnel de l’Empereur, Lannes meurt le 31 mai 1809 à l’âge de quarante ans.

L’Empereur alors écrit une lettre de condoléances à la seconde épouse de Lannes, Louise Guéhéneux, dans laquelle il dit :

« Le Maréchal est mort ce matin des blessures qu’il a reçues au champ d’honneur. Ma peine égale la vôtre. Je perds le Général le plus distingué de mes armées, mon compagnon d’armes depuis seize ans, celui que je considérais comme mon meilleur ami […] ».

Avec Davout et Suchet, il est l’un des seuls Maréchaux d’Empire resté invaincu de la Grande Armée. Le Maréchal Jean Lannes est inhumé au Panthéon. La promotion Saint-Cyr de 1993-1996 porte son nom.

Paul-Émile Boutigny, Lannes blessé et amputé de la jambe.

Zarpa Cristóbal Colón para realizar su tercer viaje al Nuevo Mundo, al finalizar el cual es encadenado (30 de mayo 1498)

30 abril, 2019

De Sanlúcar de Barrameda, España, zarpa Cristóbal Colón para realizar su tercer viaje al Nuevo Mundo, el más doloroso y triste, pues algunos de los españoles que vuelven de América acusarán de mal gobierno a Colón ante la Corte, por lo que los Reyes Católicos decidirán enviar a la isla Antillana de La Española al administrador real Francisco de Bobadilla en 1500, que a su llegada el 23 de agosto, mandará detener a Colón y a sus hermanos embarcándolos de vuelta a España.

El tercer viaje de Cristóbal Colón fue una expedición transoceánica comandada por Cristóbal Colón que tuvo como objetivo continuar la exploración de las nuevas tierras en nombre de los reyes de España. En esta expedición recaló en la costa norte de la actual Venezuela.

Contenidos de este capítulo

  1. El viaje
  2. Colón descubre el continente americano
  3. Regreso a La Española
  4. Colón encadenado
  5. Consecuencias

El viaje

[Regresar al índice]

El 6 de febrero de 1498 partieron de Sanlúcar de Barrameda dos carabelas, al mando de Pedro Fernández Coronel, con provisiones y al menos 55 soldados para La Española.

Colón partió desde el mismo puerto de Sanlúcar el 30 de mayo de 1498 con otros seis navíos: Santa Cruz, Santa Clara, Castilla, Mabel, La Rábida, Santa María de Guía, Gaza y Vaqueña. Dicha flota contaba con una tripulación de 226 personas, entre las que se encontraban los Hermanos Niño, fieles colaboradores del Almirante desde el primer viaje.

Colón navegó con su flota hacia el sur, hasta Madeira por un camino poco frecuente para evitar a una armada francesa que le estaba esperando cerca del Cabo San Vicente. Llegaron a la isla de Porto Santo, donde vivió con su esposa Felipa Moniz y donde nació su hijo, Diego Colón. Posteriormente se dirigió a la región de Funchal de la isla de Madeira. De ahí partió para llegar, el 19 de junio, al fondeadero de San Sebastián, en la isla canaria de La Gomera.

En las islas Canarias la flota se dividió en dos. Envió seis barcos directamente a la isla de La Española y Colón continuó con tres, dos carabelas y una nao, para atravesar el Atlántico desde más al sur con la idea de que, a su llegada a las Indias, dejase La Española al norte. Con sus barcos, Colón pretendía descubrir una tierra más grande que no fuese una isla, sino tierra firme. Zarpó de La Gomera el 21 de junio de 1498 hacia las islas de Cabo Verde. El 4 de julio izaba velas en la isla de Santiago.

En esta ruta los barcos de Colón sufrieron calma chicha y una ola de calor tan fuerte que nadie deseaba bajar bajo cubierta. Este calor duró ocho días, de los cuales el primero fue soleado y los restantes con nubes y lluvia.

Posteriormente, navegó hacia el oeste a la altitud de Sierra Leona, con pronóstico de llegar a tierra para reparar los navíos y rearmarse de víveres. Realizado el camino a las Indias a través del Atlántico, el marino Alonso Pérez avistó tierra el 31 de julio, señalando lo que eran tres montañas de una isla, la isla de Trinidad.

Colón descubre el continente americano

[Regresar al índice]

Colón se encontraba al norte de la actual Venezuela. Descubrió un cabo al que llamó de la Galea, y que actualmente se llama cabo Galeote, y una isla cercana a la que bautizó como Trinidad cerca de la costa continental sudamericana, a la que llamó Tierra de Gracia y que hoy se corresponde con Macuro, en el estado de Sucre, Venezuela. En esa región descubrió casas, indígenas y tierras que consideró muy hermosas y verdes, comparándolas con las huertas de Valencia en marzo de aquel año.

Posteriormente llegó a la Punta del Arenal. De acuerdo con las descripciones de Colón, los indios de esta zona eran más blancos que los indios que había visto en las islas en sus dos anteriores viajes.

A su barco llegó una canoa con 24 indios. Al verlos llegar Colón pensó en hacer sonar un tambor y poner a varios chicos de la tripulación a bailar, pensando que los indios mostrarían interés en la fiesta, pero al verlos así comenzaron a lanzarles flechas. Colón mandó sacar una ballesta y entonces les dejaron en paz, yéndose a otra carabela donde se le dio como regalo al que parecía el principal indio de la canoa un sayo y un bonete, en señal de concordia para que hablara de ello con los indios en la playa.

Navegando por el sur de Trinidad cerca de la Boca de Serpientes, se aproximó al delta del río Orinoco comparando la fuerza del agua en su desembocadura con la fuerza del río Guadalquivir en tiempo de crecidas. Una noche, cerca de la desembocadura, se aproximó una ola del tamaño del barco que casi tumba la nave de Colón.

Recorrió la costa del golfo de Paria y logró conseguir algunas perlas. Colón tuvo ocasión de probar un vino que realizaban los indígenas de la zona que no era de uvas, y que él sospechaba que hacían de otras frutas o de maíz.

Pisó Macuro, ya tierra firme, el 3 de agosto, estando allí 12 días y entablando buenas relaciones con los indígenas. Una de las cosas que más llamó la atención a Colón fue que el agua dulce siempre vencía en esas zonas, y esto es debido a la desembocadura de un río caudaloso, que solamente puede provenir de tierra firme.

Después de recorrer el golfo de Paria, atraviesa la boca del Dragón con rumbo al noroeste y divisó tres islas, dos de ellas pequeñas, bajas y áridas (las actuales Coche y Cubagua), separadas por un canal de una tercera, mayor, cubierta de vegetación y poblada de indígenas que la llamaban Paraguachoa, vocablo que significa según historiadores “peces en abundancia” y según otros “gente de mar”.

Colón bautizó la isla con el nombre de la Asunción, por haber sido descubierta en la fecha en la cual se hicieron cristianos. Al año siguiente, en 1499, Pedro Alonso Niño y Cristóbal Guerra la rebautizaron con el nombre de la Margarita debido a la abundancia de perlas encontradas en la región.

Regreso a La Española

[Regresar al índice]

La Española era una isla colonizada por los españoles de la que el mismo Almirante Cristóbal Colón fue gobernador. En este momento se encontraba al mando de la isla su hermano, Bartolomé Colón. La capital de la Isla era Santo Domingo, una ciudad que se había fundado en la costa sur de la isla.

Desde la isla de Margarita navegó hacia el norte rumbo a la isla de La Española y desembarca en Santo Domingo. Allí, un grupo de españoles, encabezados por el Alcalde Mayor Francisco Roldán se habían rebelado contra la autoridad de Bartolomé Colón y se habían replegado hacia el interior. Los rebelados argumentaban una decepción con respecto a las riquezas que se les había prometido encontrar en el Nuevo Mundo, ya que el poco oro encontrado no satisfacía todas las expectativas lanzadas por Cristóbal Colón, y por las duras condiciones de gobierno de Bartolomé Colón.

Roldán había conseguido el apoyo de algunos indios prometiéndoles eximirles del pago de tributos en oro, que recogían de los ríos, y en 1498 también había logrado el apoyo de la mitad de los españoles y de todas las villas y fortalezas de isla de La Española menos La Vega y La Isabela. Una vez en Santo Domingo, Cristóbal Colón intentó negociar con los alzados, cediendo a dejar usar a los indígenas como servicio personal. En la negociación de Colón con los rebeldes de agosto 1499 se amnistiaba a todos los que se habían rebelado, y se les permitía volver a España cuando lo desearan y a unirse con las taínas y se les pagó los salarios que no hubieran cobrado de los dos últimos años, aunque no hubieran trabajado.

Colón encadenado

[Regresar al índice]

También se argumentaron quejas en contra de la forma en que los hermanos Colón manejaban los asuntos administrativos. Por otro lado la isla de La Española, en vez de aportar dinero a las arcas reales, solo demandaba gastos. Todo esto llegó a oídos de los Reyes de España, que enviaron al Juez Pesquisador Francisco de Bobadilla, el cual llegó a Santo Domingo el 23 de agosto de 1500.

El Juez enviado por los reyes procedió a arrestar a Cristóbal Colón, a su hermano Bartolomé Colón y a su otro hermano Diego Colón y los embarcó encadenados a España en octubre de 1500. Llegaron a Cádiz, en España, el 25 de noviembre de 1500.

En España, Colón es liberado por Isabel la Católica pero debe renunciar a los derechos otorgados en el Nuevo Mundo. En 1501, se envía como gobernador de la Española a Nicolás de Ovando, para sustituir a Francisco de Bobadilla.

Consecuencias

[Regresar al índice]

Colón sacó algunas conclusiones en este viaje sobre la esfericidad de la Tierra que se aproximan a la realidad.

Colón llegaría el primero, además, al continente americano, que él seguía identificando como algún lugar de Asia, es decir, las Indias, y no como un nuevo continente. Además, Colón descubriría territorios de gran importancia, como la isla de Trinidad, la actual Venezuela y el potencial perlifero de la isla de Margarita.

Juan de la Cosa, cartógrafo de la expedición de Alonso de Ojeda, dibujó el primer mapa de la costa occidental de Venezuela y donde aparece el nombre como tal convirtiéndose en el primera referencia cartográfica donde se señala a Venezuela, localizada entre la península de la Guajira y la península de Paraguaná.

Se considera que durante esta expedición Colón fue el primer europeo en explorar la costa continental de Sudamérica.

Colón rehusará que se le quiten los grilletes durante el viaje y escribirá una larga carta a los Reyes Católicos. Al llegar a España el 25 de noviembre recuperará su libertad, pero habrá perdido todo su prestigio y sus poderes. En 1502 aún hará un cuarto viaje a América.

Salvam Fac Galliam (IV) El retorno del Rey y la Hoguera

30 abril, 2019

Contenidos

  1. Los preparativos de la Consagración
  2. Los rehenes de la Santa Ampolla
  3. Guillermo Dufay, el mejor músico del siglo XV
  4. Carlos VII, rey de Francia
  5. La Historia moderna de Francia: de la hoguera a la guillotina

Los preparativos de la Consagración

[Regresar al índice]

Al cabo de una cabalgata de diecinueve días durante los cuales atravesó tres caudalosos ríos y sometió cuatro ciudades enemigas, el ejército francés de Juana de Arco estaba ya a las puertas de Reims el 17 de julio de 1429. Las tropas del duque de Borgoña que custodiaban la ciudad, al ver que la población se les mostraba desafecta, se replegaron abandonando sus muros. Representantes del ayuntamiento de la urbe se apersonaron ante el delfín Carlos, mostrándole su sumisión y recibiendo las amnistías del caso por su anterior alianza con los ingleses. Así, hizo el Delfín, acompañado de la Doncella, su entrada triunfal en la mismísima ciudad en donde, unos mil años antes, San Remigio había bautizado y consagrado rey de Francia a Clodoveo, primer rey cristiano de la primogénita de la Iglesia.

Era tradición que el concejo municipal y los gremios de Reims organizaran y financiaran los actos de la consagración, y esta vez no fue la excepción. Dado el estado de guerra, los ciudadanos de Reims, sin embargo, decidieron hacerlo todo con celeridad pues querían evitar la entrada en la ciudad de los 12 000 soldados franceses que acampaban en las afueras. Así que, en lo que quedaba del día domingo 17 de julio, durante toda la noche y hasta el amanecer del día siguiente, se prepararon todos los detalles relacionados con la consagración para que esta se realizara el día lunes 18 de julio.

Uno de los detalles más importante era la música de las celebraciones litúrgicas. No lejos de Reims, en una ciudad vecina, llamada Cambrai, hacia el nordeste, desde hacía un par de siglos florecía una reputadísima escuela de música en su catedral. Allí cantaba y estudiaba música Guillermo Dufay, un reconocido músico compositor de la época y autor de la célebre Misa de “L’Homme Armé”. Los canónigos de la catedral de Reims decidieron que, así como en la consagración de Carlos V se había ejecutado una Misa de Guillermo Machaut, en esta ocasión en la consagración del Delfín, la de Carlos VII, se ejecutaría una Misa de Guillermo Dufay (*).

Los rehenes de la Santa Ampolla

[Regresar al índice]

Muy temprano, en la mañana del día siguiente 18, el Delfín comisionó a cuatro señores para ir a traer la Santa Ampolla indispensable para los ritos de la consagración, tal como ya expliqué en la primera parte de esta serie de discursos. Los señores comisionados fueron: el mariscal Juan de Brosse, señor de Boussac; Gilles de Laval, barón de Rais; Juan Malet, señor de Graville y gran maestre de los ballesteros; y Luis de Culant, almirante de Francia.

Caballeros del siglo XV

Luego de un corto recorrido al trote de sus elegantes percherones hacia las afueras de la ciudad de Reims, los cuatro caballeros llegaron a la abadía de San Remigio en donde los esperaba ya una multitud proveniente de la aldea vecina de Chêne-Pouillieux, del condado de Rethel. Estos campesinos aseguraban, y sus dichos fueron confirmados por el abad, que al ver un nutrido grupo de soldados borgoñones e ingleses dirigirse, tres días atrás, hacia Reims con el propósito de trasladar la Santa Ampolla hacia Paris, ellos –los aldeanos del lugar–, armados de hoces y de otros instrumentos de labranza, se les interpusieron en el camino e impidieron que cumplieran su cometido.

Los cuatro caballeros, que de acuerdo a los ritos de la consagración de los Reyes de Francia eran llamados los otages de la Sainte Ampoule (literalmente: Rehenes de la Santa Ampolla), sin bajarse de sus corceles y seguidos de los curiosos campesinos, hicieron su entrada en la iglesia y depositaron sus estandartes en el piso del presbiterio.

Después de extraerlo ceremoniosamente de la urna de la que no había salido desde hacía unos cincuenta años, el abad Jean Canard colocó el relicario en su pecho, colgado de una cadena alrededor de su cuello. Se acercó a los caballeros quienes, sin dejar sus monturas, juraron solemnemente –como mandaban los protocolos– no perder de vista la Santa Ampolla y defenderla con sus vidas. Cuatro benedictinos del lugar cubiertos con alba atada por un blanco cordón, enarbolaron un enorme palio con magníficos bordados de flores de lis doradas y cubrieron con el mismo al abad que, vestido con ricos hábitos pontificales, y con la reliquia en su pecho, subió a un caballo ostentosamente enjaezado y facilitado por el Delfín.

El grupo de cuatro jinetes, el abad con la reliquia y los cuatro religiosos a pie asiendo sendos varales del palio protector, emprendieron su lento camino hacia la catedral de Reims. El pueblo reunido afuera de la abadía descubrió sus cabezas al ver salir de la abadía la procesión precedida de los escuderos de los cuatro señores, y –vigilantes y piadosos– acompañaron a la Santa Ampolla elevando durante el camino cánticos religiosos.

Guillermo Dufay, el mejor músico del siglo XV

[Regresar al índice]

La comitiva, aunque sucia por las prisas y por lo excepcional de las circunstancias de guerra, lucía solemne, y le tomó poco más de una hora para llegar a la catedral de Reims. Sin desmontar, en virtud de un antiguo privilegio de los otages de la Sainte Ampoule, atravesaron la nave apartando suavemente a la multitud congregada (en esa época no habían bancas) hasta llegar al coro, en donde los esperaba el consagrador, el arzobispo de Reims y canciller de Francia, Regnauld de Chartres.

Mientras la comitiva desfilaba sobre las miradas de los fieles y bajo los imponentes arcos y bajo la luz de los vitrales de esa gran catedral gótica, el coro –que no había dormido practicando los cánticos de la ceremonia– entonó el Credo de la Misa de “L’Homme Armé” de Guillermo Dufay.

La consagración del Rey de Francia había comenzado…

Guillermo Dufay, el autor del Credo en cuestión, fue un clérigo-músico que nació en el condado de Borgoña, y se educó allí mismo, en la época en la que su duque Felipe se había aliado a los ingleses en contra de la legitimidad de los reyes de Francia. Tal traición podrá ser todo lo condenable que hemos dicho que fue, pero le garantizó a los feudos del duque de Borgoña, al mantener sus territorios básicamente al margen del conflicto, una paz y prosperidad tan estables que condujeron a las regiones borgoñonas a convertirse en el centro neurálgico de la economía europea y en la principal luminaria de la cultura.

Allí, dije, creció y se educó Guillermo Dufay. En territorios borgoñones (y más precisamente en Flandes) asumió los logros musicales de Machaut y afinó aún más la técnica del contrapunto musical. Recordemos que el contrapunto es el conjunto de técnicas que aseguran que varias melodías diferentes tocadas simultáneamente sean agradables al oído. Hasta Dufay, el contrapunto se ocupaba fundamentalmente de que todas las melodías se armonizaran con una principal. Dufay dio el paso de armonizarlas entre ellas, y así dio nacimiento a la célebre e influyente escuela musical Franco-Flamenca.

Guillermo Dufay, que para entonces era el compositor más célebre de la Europa del siglo XV, como todos los grandes músicos de la Historia, desde Machaut hasta Beethoven, pasando por Bach y Mozart, le cantó al misterio de la Encarnación.

La Anunciación de María de Leonardo

Dufay le cantó al misterio de la Encarnación en una Misa que llegó a ser una de las más admiradas de esa época, y se inspiró para su melodía elemental en una popularísima canción profana llamada “L’Homme Armé”, por eso la Misa esa de Dufay es conocida como la Misa de “L’Homme Armé”. Como todas las Misas, en cuanto género musical, incluye por supuesto la oración del Credo en el que se resumen los principales misterios de fe que debe creer un católico.

Juana de Arco en la Consagración de Carlos VII en la Catedral de Reims

Carlos VII, Rey de Francia

[Regresar al índice]

En la misa de consagración de Carlos VII en Reims, se ungía nueve veces al Rey con el crisma de la Santa Ampolla. Los cuatro caballeros nombrados por el Delfín para escoltar la Santa Ampolla desde la abadía de San Remigio hasta la catedral en donde se celebraría la consagración, estaban convencidos –mientras los representantes de los doce pares de Francia sostenían la corona sobre la cabeza de Carlos VI– de ser testigos de primera fila, ante las proezas de La Pucelle, de una intervención divina categórica e irrebatible… de una intervención divina poco sutil.

Durante los ritos de la Consagración, la Doncella permaneció de pie a la derecha del centro de los acontecimientos, discreta, aunque por dentro exultante, sosteniendo su insigne estandarte que lucía a la vista de todos.

Feliz, sin duda, al ver su misión cumplida, dijo en esa ocasión:

«Gentil roy, ores est exécuté le plaisir de Dieu, qui vouloit que vinssiez à Reims, recevoir votre digne sacre, en monstrant que vous estes vray roy et celui auquel le royaume doit appartenir»

Gentil Rey, ahora está cumplido el deseo de Dios, que quiso que viniéseis a Reims a recibir vuestra digna Consagración, mostrando así vos sois verdadero Rey y que sois aquel al que el reino debe pertenecer.

Con la consagración de Carlos VII quedó cumplida la resurrección de Francia, que desde ese entonces se dedicó a expulsar a los ingleses al Canal de la Mancha y a negociar con el duque de Borgoña. En medio de esos cabildeos y batallas, Juana de Arco fue capturada por los borgoñones quienes la entregaron a los ingleses en la ciudad de Rouen. Según algunos historiadores de valía, fue traicionada por los suyos. Para mí –por lo menos– la traición no está del todo clara.

Sin perder tiempo, los ingleses, manipulando a sus dóciles instrumentos de la Universidad de París, la juzgaron en una parodia de proceso y la condenaron a la hoguera. Juana de Arco apeló al papa Martín V, y sus captores –por supuesto– le negaron el reclamo.

Juana de Arco en la hoguera

La Historia Moderna de Francia: de la hoguera a la guillotina

[Regresar al índice]

El último deseo de la Pucelle en el cadalso fue pedir una Cruz para contemplarla mientras moría. Un monje dominico fue a la iglesia más cercana, allí mismo en la Plaza del Viejo Mercado de la ciudad de Rouen, y pidió prestada una cruz procesional para cumplir con el deseo de la condenada. El santuario en cuestión –de nuevo– estaba dedicado al Saint-Sauveur (San Salvador) así que, mientras la humareda la asfixiaba, y antes de que las llamas la devoraran viendo la Cruz del Divino Salvador del Mundo, Juana de Arco exclamó: “¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!”

Curiosa coincidencia: La advocación del Divino Salvador del Mundo en la vida de la Pucelle, al principio, en medio y al final. “¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!” fueron sus últimas palabras.

Aquí termina el relato de uno de los cuatro eventos cruciales del siglo XV que retrasaron por varios siglos el derrumbe de la civilización cristiana.

Estos hechos en particular, relacionados con Santa Juana de Arco, permitieron a Francia regresar a sus carriles y enfilarse hacia su gran destino: ser en dos siglos contados a partir de la hoguera de la Pucelle, una potencia mundial asumiendo esa calidad a lo largo de ciento setenta años. Sin embargo, la cuesta fue larga, empinada y llena de espinas. En el camino dejó, a la postre, su sustancia.

Lo que queda hoy de la Douce France, solo son cenizas de un gran pasado… dulces cenizas.

FIN