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Kalenda

25 diciembre, 2011

“En el año 5199 de la Creación del mundo, cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra; en el 2957 del diluvio; en el 2015 del nacimiento de Abrahán; en el 1510 de Moisés y de la salida del pueblo de Israel de Egipto; en el 1031 de la unción del rey David; en la semana 65 de la profecía de Daniel; en la Olimpíada 194; en el año 752 de la fundación de Roma; en el 42 del imperio de Octavio Augusto; estando todo el orbe en paz; en la sexta edad del mundo: Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar al mundo con su misericordiosísimo Advenimiento, concebido por el Espíritu Santo, y pasados nueve meses después de su concepción, nació, “hecho Hombre, de la Virgen María, en Belén de Judá”,

“Navidad de N. Señor Jesucristo según la carne”


Así nos anuncia la Liturgia la conmemoración del acontecimiento histórico más grandioso de todos los tiempos: el nacimiento del Χριστός (Christós), Dios hecho hombre. Es un suceso frente al cual un aficionado a la Historia, como yo, no puede permanecer impasible.

Hoy quiero fijarme en los numeritos del texto citado.

En realidad la Biblia no dice que el Planeta Tierra tenga siete mil años. La oración que transcribo en este post –y que se llama la Kalenda de Navidad (o Pregón de Nochebuena) del Oficio de Prima insertado en el Martirologio– recoge (al mencionar la edad de la Creación) algunas tradiciones hebreas vinculadas calendario judío (consolidadas alredeor del siglo II después de Cristo) que declaran de modo convencional que la Creación ocurrió en una fecha determinada.

La inclusión de tal conteo en la susodicha oración tiene como propósito –no hacer una declaratoria científica de la duración del universo– sino maximizar el contexto histórico de la venida de Cristo y transparentar que el EVENTO se dio realmente en la línea de tiempo humana. Es decir: esa fecha es convencional. Si descubrimientos históricos concluyentes y contundentes establecieran –por ejemplo– una fecha distinta del comienzo del reinado de Octavio Augusto, posiblemente se cambiaría el número 42. Mientras tanto se usa la fecha que se tiene pues alguna hay que darle a ese acontecimiento histórico en particular.

Aparentemente no hay registro histórico –aún– de la fecha exacta en la que nació Jesucristo –como no lo había de ningún otro coetáneo (a menos que fuera un gobernante o su familia)–, pero no cabe duda que tal hecho ocurrió, por lo que se ha fijado –de modo convencional en el cristianismo– una fecha concreta para efectos de recordación y celebración.

Lo mismo ocurre con la “fecha de la creación”: las investigaciones aún distan de llegar a un acuerdo sobre tal cosa (aunque las teorías del Big Bang algo aportan por el momento). A la espera de una fecha precisa e indiscutible (dato que puede tardar en llegar, si llega) se establece una fecha convencional para propósitos exclusivamente espirituales. ¿Cuál es este propósito “espiritual”?: recordarnos que somos criaturas de Dios y que Él nos creó de la nada en un momento concreto. Para que le agradezcamos y le adoremos.

Es como si nos llegaran a dejar (perdón por el ejemplo) un bebé en una canasta a la puerta de nuestra casa y lo adoptamos. Vamos a suponer que no sabemos el día de su nacimiento. Como es imposible saberlo con exactitud simplemente nos hacemos los desentendidos y no le celebramos nunca su cumpleaños…. ¡De ninguna manera actuaríamos así! Fijaríamos convencionalmente una fecha y se lo celebraríamos, no con el objeto de mentirle y de darnos paja, sino con el objeto de que él tenga también un día super especial para festejarlo, para demostrarle nuestro amor.

Muy probablemente –siguiendo con el ejemplo– no escojamos una fecha al azar, sino recurramos a una motivación específica para convenir la fecha del cumpleaños.

La tradición judaica a la que esta oración (la Kalenda) hace referencia, también se inspira en específicos motivos para “convenir” la fecha de la creación del mundo, para recordarnos que tal evento en efecto ocurrió. Esos motivos, esas razones, esos criterios, se sacaron de las genealogías de las Sagradas Escrituras y hasta donde tengo entendido, de otros documentos que no necesariamente son considerados como de inspiración divina. Dichas genealogías no están completas y hay solución de continuidad entre las series de descendencias que expresa la Sagrada Escritura. Sin embargo, a falta de otros datos (que entonces no se tenían) se juntan de modo convencional y se establece una determinada fecha (como podremos notar, eso ya es un ejercicio de especulación más allá de lo que la misma Escritura establece). Con los datos y los motivos que se disponían en el momento de la fijación de la fecha, es una convención aceptable.

No es un “postulado científico”, así como el establecimiento del cumpleaños del bebé del ejemplo no lo es. Al fijar una fecha de cumpleaños específica no lo hacemos para pelearnos con la ciencia o con “la verdad”, sino para simplemente celebrarle y demostrarle una vez al año nuestro amor de un modo especial. No le vamos a decir al bicho: “Este año tampoco te vamos a celebrar cumpleaños ni te regalaremos pastel pues todavía la ciencia no nos permite saber qué día naciste… esperemos que el próximo año lo sepamos fuera de toda duda”. Nos vale y se lo celebramos siempre en la fecha convenida.

Por otro lado, si de pronto (quince años después) averiguamos que en realidad él nació otro día, seguramente no cambiaríamos la fecha de celebración. Porque en realidad la fecha concreta es secundaria: lo importante es el fin ulterior de la misma.

Por eso es que los judíos le pusieron una fecha a todo, con el objeto de demostrar su devoción a Dios. En este plano, la certeza por las fechas en concreto es secundaria (no ociosa: secundaria), el fin espiritual es lo que importa.

Finalmente –de alguna manera– lo de los “Seis días de la Creación” es similar. La Sagrada Escritura no es un libro con propósitos científicos como la Astrofísica; es un libro con fines espirituales, y el modo en el que cuenta los sucesos de la Creación de todas las cosas responde a ese criterio precisamente. Según la Iglesia Católica Apostólica y Romana –desde esa perspectiva– no hay contradicción entre los relatos del Génesis y las teorías de la Evolución más ciertas (que de haberlas inciertas, las hay).

No ocurre lo mismo con algunas denominaciones cristianas no-católicas que sí creen que eso de los seis días debe ser tomado de modo literal y consecuentemente no creen ni siquiera en la existencia de los dinosaurios. Por supuesto, no es mi caso. Y también hay quienes están peleados con eso de las fechas convencionales, yo no.

FIN

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4 comentarios leave one →
  1. 31 diciembre, 2009 8:10 AM

    Feliz año nuevo mi querido JC, Que sea un año de muchas cosas buenas para vos.Un abrazo,

    • 26 diciembre, 2011 8:46 AM

      Gracias a ti estimadísima Rocío. Espero que a ti este año te vaya fabuloso

  2. 28 diciembre, 2011 5:17 PM

    Solo puedo exclamar “que vergon q soy catolico” jejejeje
    Jc ya hablaste mas bien escribiste y te tomo la palabra y el prox. Año coordinamos una reunión

    • 28 diciembre, 2011 6:32 PM

      Perfecto

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