Los trascendentales del ser
Si la estación de radio La Chévere dejara de programar su música habitual, y empezara a transmitir las obras completas de Claudio Monteverdi y las Cantatas Sacras de Bach, perdería a toda su audiencia en cuarenta y tres segundos, y conseguiría una nueva de no más de unas decenas de personas.
¿Por qué razón la música clásica no es tan grata a los oídos para la inmensa mayoría de las personas como la música popular?
Algunos conceptos de la filosofía nos ayudarán a clarificar este misterio. La filosofía (y su historia) es una de las más grandes y apasionantes aventuras de la humanidad. Es la búsqueda permanente de “lo que está más allá”, es la indagación –a través de la razón– de las causas últimas de la totalidad de las cosas. Solamente eso.

La magnífica aventura filosófica
Tal empeño humano ha convocado -a lo largo de los siglos- probablemente a lo más granado de los intelectos: desde Tales de Mileto hasta Bergson, pasando por Parménides, Heráclito, Aristóteles, Boecio, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, René Descartes, Kant y Marx (solo para mencionar algunos conocidos).
Cada uno de ellos ha aportado a este esfuerzo de búsqueda inagotable de la verdad su genio, sus perspectivas, y sus propias limitaciones. Cada uno de ellos, a su manera, y subido en los hombros de sus antecesores, exploró nuevos caminos, descubrió nuevos horizontes y tratando de desanudar los problemas irresueltos de los anteriores, se topó, de modo distinto, con sus propios callejones sin salida.
Por eso estoy convencido de que no es sensato prescindir de los aportes de ningún filósofo. No puedo dejar de recordar a aquel catedrático universitario que –de un plumazo– pretendía borrar siglos de investigación filosófica despreciando con la etiqueta de “dogmática” toda la filosofía previa a Descartes…
Preguntas y respuestas de sentido común
Valga esta distracción para referirme a uno de los aportes que considero más interesantes del período filosófico escolástico en la Edad Media: “los trascendentales del ser”. Recogiendo la herencia de Platón y de Aristóteles (que si bien aparentemente contrarias, tenían mucho en común) se llegó, durante un tiempo, al consenso de que lo verdadero, lo bueno y lo “uno” eran distintos aspectos de la misma realidad: el ser. Es decir, en la medida en que algo “es”, en esa medida puede ser considerado “uno”, “bueno” y “verdadero”.

Soy malo para poner ejemplos, pero pondré uno sencillo. ¿Qué ES esto? (Ver foto de la izquierda) Pues sin dejarnos llevar por complicaciones bizantinas, esto es una ventana. ¿Cuál es la VERDAD de eso? Pues –también: no nos compliquemos, y usemos el sentido común– la verdad de eso es que “es una ventana” (decir que “es un caballo”, no sería la “verdad” de lo que vemos y tenemos frente a nosotros). Con estas dos preguntas pretendo ejemplificar cómo los filósofos escolásticos establecían una identidad del “ser” de algo y de la “verdad” de algo.

¿Y esto (ver la otra foto de la derecha) qué es? También es una ventana, pero está rota en algunas de sus partes, o sea, explicaban estos filósofos, ES “menos ventana” que la otra; ya no es plenamente UNA (en el sentido de ser indivisa) y -por lo mismo- ya no es plenamente BUENA (De hecho, ya no pagaríamos completo el precio de una ventana rota, pues precisamente es menos ventana que una intacta, es menos buena, y es menos verdadero llamarle con propiedad “ventana”).
Convertuntur
Pues eso se aplica a cualquier “ser”, una pieza musical, por ejemplo. Su ser (ens), se identifica con su verdad, con su bien, con su unidad. Y, si se identifican ¿Por qué llamarles con distintos nombres pues? Se les llama por distintos nombres en función de cómo atrae, el ser de cada cosa, al humano y cómo es percibido por éste.
Si percibimos una multiplicidad de ladrillos, por ejemplo, destinados a construir una casa, no percibimos la “unidad” de la casa y por lo tanto la casa todavía no “es”. Tampoco percibiremos la casa como “buena” ni diremos que la casa “es de verdad”. Todavía no, al menos. La unidad es un atributo de cada cosa, y en la medida en que pierde esa unidad, esa cosa deja de “ser”, como la ventana rota o una casa hecha pedazos. Los filósofos decían: “unum et ens convertuntur” (Lo uno y el ser es la “misma onda”).
De la misma manera, la verdad (verum) es el mismo ser, pero en la medida que se relaciona con nuestro entendimiento, con nuestra inteligencia, con nuestra razón: en la medida en que estudiamos y entendemos al ser (para el ejemplo anterior, en la medida en que comprendimos que lo que está en la foto es una ventana).
Pasa lo mismo con el bien (bonum), solo que expresa al ser en la medida que nuestra voluntad “tiende hacia él”, en la medida en que nuestra voluntad se ve atraída por él, en la medida en que “lo queremos”.
Lo bello, la estética y Linux

Pues bueno, en resumidas cuentas, el unum, el bonum, el verum y el ser (ens)… ¡Convertuntur! como habría dicho el scholasticorum princeps Juan de Fidanza: son lo mismo pero desde ópticas distintas. Son los trascendentales del ser. Dejé de último –a propósito– a un trascendental más: lo bello o, para que suene culto, el pulchrum.
Pero así como el unum se relaciona con la divisibilidad, el bonum con lo apetecible por la voluntad, y el verum con la cognoscibilidad del ser… el pulchrum (lo bello) se relaciona con qué tanto la proporcionalidad debida del ser en cuestión aquieta nuestros sentidos (en particular la vista y el oído).
Nuestra sensibilidad tiende hacia el ser (o hacia lo bello, que es lo mismo) en similar medida en la que nuestra inteligencia tiende a conocer la verdad de las cosas (digamos que somos curiosos y mirones). Aunque por supuesto no todos de la misma manera.
Y para señalar estas diferencias voy a poner otro ejemplo: nuestros colegas blogueros, como Alberto, David Mejía, el Churro. el Sr. Byte, Sir Woody, y otros amantes de Linux y el Open Source. Estoy seguro que ellos ven ese mundo de tecnología como una unidad coherente y no como los que no sabemos nada de eso, a los que nos parece como un chimichurri de cosas inconexas.

Ellos captan su verum, pues lo entienden y conocen, mientras que las personas como yo no captamos ni un carajo, porque, o somos desinteresados, 0 haraganes, o algo pasmados (o las tres cosas). Y en la medida en que lo entienden y conocen, su voluntad tiende hacia su “bonum” y lo adquieren y lo utilizan (demasiado diría yo). Finalmente les gusta, llegan a apreciar su belleza, su pulchrum y LES GUSTA.
Pongo este ejemplo para expresar lo siguiente: mientras más comprendemos, aprehendemos algo, más nos gusta. Y mientras menos entendemos y menos conocemos algo, menos nos gusta, menos “aquieta nuestros sentidos”. ¡Pulchrum et verum convertuntur! ¡Conocer y gustar van de la mano!
(Continúa…)

Mira tanta paja para decir que tenemos que conocer algo para que nos guste, jajajajaja, vaya pero es cierto lo que decis por ejemplo si queremos amar a Jesus tenemos que conocerle he ahi el detalle que muy pocos le conocen o creen conocerle pero no. En lo personal a mi no me gustaba la musica clasica, porque no la conocia fijate que te voy a contar una anecdota, toma asiento que voy aburrirte jejejeefijate que yo estudie en un colegio catolico, la cosa es que recibíamos una clase que se llamaba estetica, un profesor (Dios lo tenga en su gloria) nos enseño a escuchar musica clasica sentir su sabor a degustarla y cuando el nos explicaba nos enseñaba lo bello de esa musica empece a tener gusto por ella, yo disfruto de la musica clasica no soy tan conocedor como tu pero me gusta Bach, Mozart, vivaldi y se debe a eso a que conoci lo que era la música de verdad y aprendi su idioma a decifrar sus mensajes como cuando leemos un libro.
Recontrachanfle JC (digo, don Darth jaja), de verdad que te admiro como puedes saltar de un tema a otro con tanta facilidad y finalmente llegar a una buena conclusion…..Si, tienes razon, volviendo del linux hasta la musica clasica, si no conoces algo es bien dificil que te guste…..por eso tampoco me gustaba la musica clasica….y de linux no tengo idea….y para serte sincera, quisiera ser mas “letrada” en esas cuestiones…..pero como tu dices, hay muchas cosas que ya sabiendo de instrumentos y todo eso, pues simplemente te fascinan…..hoy ya disfruto toda esa musica mucho mas! …linux, algun dia lo entendere jaja….muchos saludos!!!!
Wirwin”…Mira tanta paja para decir que tenemos que conocer algo para que nos guste, jajajajaja…”Touché! jejejeje como podrás apreciar, la brevedad y la concisión no son virtudes míasGracias por venir y comentar Wirwin____________________________________@Nora Astrid:”…don Darth jaja…”jajajajajjajaja creí que me ibas a decir don Gasparín! jajajajaj”…ya sabiendo de instrumentos y todo eso, pues simplemente te fascinan….”Así es… pero yo no llego tan lejos, de instrumentos no sé ni jota… Así que me toca hacerle huevos…Gracias por veinir Nora Astrid… Salú
Muy bueno!!! Estaría bien comentar a Platón en este punto, y en la belleza como luz ;) Gracias por tus aclaraciones!!!
Encantada con todo lo que expresas!!!! en realidad se disfruta como pasas de un tema a otro y hacer que encajen a la perfeccion!!!!!!!! buenisimooo!! “lo dogmatico antes de Descartes” !! jaja y me recordaste lo que aprendi con Santo Tomas de Aquino: ” Lo que tiene la posibilidad de no existir alguna vez, no existe” .
Me gusto tu reflexion acerca de la verdad.
Pues me alegra muchísimo que no te haya aburrido. No olvides que no expreso, por lo general –de hecho creo que nunca– ideas realmente originales. Lo de la verdad también, si no me traiciona mi memoria, debe haber sido de Santo Tomás también.
Es un verdadero agrado saber que nos lees y leer tu bonito comentario. Gracias.
No sé si con una leída me basta para entender toda esa gama de pensamientos filosóficos que van más allá de lo que las últimas tres neuronas que me quedan puedan percibir.
Lo que sí es cierto es que de tanto oír a Los Beatles, el mundo entero los fue aceptando y pocas culturas en el mundo los ignoran.
En cuanto a la música clásica, me declaro nulidad absoluta, sin embargo confieso que hay alguna piezas de Chopin, Mendelsson, Strauss, Muzart y Beethoven que calan en lo profundo.
Gracias por tus siempre sesudos posts, JC
@Fredy:
La idea, básicamente es que la música clásica más que sólo escucharla una vez hay que “estudiarla” para que guste, pues es tan compleja que no puede ser pegajosa. Casi –casi dije– hay una relación inversamente proporcional entre pegajoso-sencillo y calidad. Por eso, hablando de los Beatles, “A day in the Life” es de más calidad que “Love me do”; “Strawberry fields” es de mayor calidad que “Get Back”.
Además, las piezas en las que predomina el ritmo (sencillo casi por definición) sobre la melodía o la armonía son más fáciles de entender y de gustar que aquellas en las que –por ejemplo– la armonía es preponderante (caso de Bach), a pesar de que estas últimas son de mejor calidad. Las piezas de mejor calidad (más complejas) son a las piezas elementales lo que la selva del amazonas es a una maceta: más difíciles de explorar, pero más enriquecedoras. Hay que dedicarle más tiempo y esfuerzo y a la larga son más gratificantes
Creo que en la segunda parte de la serie y en la tercera se explica mejor esa cuestión. Te agradezco como no tienes idea que podamos cruzar ideas al respecto. Saludos Fredy